Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: La transfiguración de Jesús, alienta el seguimiento de los discípulos

La palabra del evangelio de este domingo nos sitúa ante el acontecimiento de Cristo transfigurado delante de sus discípulos. Jesús y sus discípulos se dirigen a Jerusalén y, en un momento concreto, Él quiere comunicarles lo que realmente significa ese «subir a Jerusalén» y, por eso, reuniéndolos aparte les dice: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los entiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará» (Mt 20, 18 – 19) Jesús siempre les había compartido con toda claridad lo que le esperaba al Hijo del hombre: sufrir y ser condenado a muerte y que al tercer día resucitaría, pero ellos no habían entendido Les había dicho siempre que su seguimiento suponía tomar la cruz y seguirle. Aquel anuncio de Jesús a sus discípulos cayó como un jarro de agua helada en ellos. Les pareció muy duro el anuncio que les hacía Jesús y se quedaron muy deprimidos y desanimados. Con este panorama de los discípulos asustados y desanimados, Jesús toma a los tres de ellos: Pedro, Santiago y Juan, y quiere inyectarles el ánimo que necesitaban en estos momentos para asumir el anuncio que él les había hecho. Jesús, entonces, se les muestra victorioso, acompañado de Moisés y de Elías, que representan el cumplimiento de la Ley y los profetas y les muestra la gloria que les espera si son capaces de seguirle y asumir y vivir todo lo que les había anunciado. Aquellos discípulos se encontraron encantados de lo que pudieron contemplar: a Cristo en todo su esplendor. Además, apareció una vez más la voz del Padre que confirmaba lo que Cristo les había dicho y les dice: «Este es mi hijo el amado» y les anima a seguir escuchándole: «Escuchadlo» (Mc 9, 7). Es este, sin duda, un momento de entusiasmo y una inyección de ánimo para seguir tras Jesús hasta el final, las pruebas y el examen vendrán más adelante, lo cual demuestra que no les fue fácil, ni mucho menos, seguir al maestro hasta el final de la vida. Esto que les sucedió a los discípulos les sucede a los seguidores de Jesús de todos los tiempos. Todos tenemos que partir de que el seguimiento de Cristo no es fácil, que vamos a tener momentos de entusiasmo y momentos de dudas; momentos de transfiguración y momentos de dificultades, pero siempre sabemos que debemos estar bien atentos a la escucha de su voz y su palabra, por-que siempre nos comunica su buena noticia y, en ella, encontraremos el sentido auténtico para vivir cada momento. La vida cristiana tiene momentos en los que sentimos más cerca la presencia del Señor: cuando las cosas nos salen bien, vemos que vamos avanzando en el seguimiento de Jesús, nos sentimos bien al seguir al maestro. Pero, junto a estos momentos, encontramos otros en los que parece como que el Señor está ausente, como que no se enterase de lo que es-tamos pasando: momentos de dificultades especiales, de enfermedad, un momento como el que estamos viviendo de esta pandemia del coronavirus, que tanto está haciendo sufrir a tantas personas y familias. Todos esos momentos debemos saber iluminarlos con esos otros de transfiguración, no olvidan-do que, si somos capaces de mantenernos fieles, podremos disfrutar de su gloria para siempre. Es más, cuando aparezcan las dificultades en nuestra vida, tenemos que recordar las palabras de Cristo, como dice el Padre a aquellos discípulos: «Escuchadle». Porque Él, el Señor, va a ser siempre buena noticia, que da sentido incluso a todos esos momentos duros y difíciles que podamos tener. Es él mismo quien nos dice: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). En todo momento debemos mantener viva nuestra esperanza y nuestra fe, sabiendo que, aunque parezca que Dios está dormido y la barca de nuestra vida la zarandean las circunstancias de la vida, Él está ahí acompañándonos, animándonos y compartiendo nuestra vida desde su amor que nunca nos falta y dándonos fuerza para que encontremos sentido a esos momentos menos buenos que podamos vivir.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.