Carta pastoral de Mons. Salvador Giménez: Creer de todo corazón

Queridos diocesanos:

Constantemente volvemos sobre las cuestiones importantes del ser humano. En charlas de café, escuchando una conferencia o leyendo un libro aparecen las preguntas vitales para toda persona. Dialogamos o queremos indagar sobre el trabajo, la sociedad, la educación, el ocio o la sexualidad. Aunque mantengamos posturas distintas generalmente nos gusta el intercambio de ideas y nos parece enriquecedor el aporte de ideas y experiencias de nuestros semejantes.

También ponemos sobre la mesa muchas veces los planteamientos sobre la fe, sobre la religión, sobre la Iglesia o sobre la coherencia de la vida cristiana. Y eso nos obliga a los creyentes a dar razón de lo que sustenta nuestra vida, a purificar nuestras motivaciones, a repensar o a pedir disculpas por nuestra limitaciones o incoherencias y a tratar de anunciar con alegría nuestra fe. Nos alegra además ayudar a nuestros interlocutores a que se cuestionen su vida y a que se acerquen a la persona de Jesucristo. Lo hacemos como la oferta de sentido que nos presenta el evangelio. Sin coaccionar a nadie, respetando la conciencia del otro.

Para mucha gente que conocemos o que nos encontramos por la calle la fe es una cuestión fundamental. Se la toman con mucha seriedad, se esfuerzan para adherirse a Jesucristo, se lamentan de sus propias incorrecciones y les agrada ser tratados sin ningún tipo de discriminación. La fe les ha enriquecido su vida y se concreta como un gran servicio a los demás, sobre todo a los que más sufren o tienen necesidad de su atención. Todos conocéis a cristianos comprometidos con mejorar la vida de los semejantes. No esconden sus motivaciones y son un gran ejemplo de disponibilidad. Ojalá cada día aumentara en número y en calidad el servicio que, desde muchas plataformas y comunidades, se presta a la sociedad en general.

Creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas. Desde luego a esta disposición humana le precede la gracia que inicia, acompaña y juzga el actuar de cada uno. Creer es también un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. Es compatible la dimensión personal y la comunitaria. Nos apoyamos unos a otros para hacer el bien y nos acogemos a la Iglesia como madre de todos los creyentes.

No pretendemos alardear de nuestra fe con un plus que nos hace sentirnos superiores a los demás. Nada más contrario a la esencia de esa confianza y adhesión a las verdades de Jesús de Nazaret. Queremos manifestar nuestra dicha por este fundamental apoyo que nos impulsa a ser solidarios con los que más sufren y los encontramos a lo largo de nuestra vida. La fe no ha pasado de moda ni es una antigualla para guardar en el baúl de los recuerdos; no es una característica de personas débiles o incultas; no está reservada para determinadas épocas de nuestra vida. La fe nos acompaña siempre, nos hace vivir alegres y esperanzados y aumenta nuestra caridad.

Me ha impresionado la lectura de una obra de un sacerdote checo, Tomás Halik, titulada “Paradojas de la fe en tiempos postoptimistas”, en la que nos pide no reducir la fe a un mero cumplimiento de las verdades ni a algo recibido en nuestra niñez, sino que experimentemos el “cristianismo del segundo aliento”, esfuerzo personal y continuado por concretar y encauzar la fe, la esperanza y la caridad.

Con mi bendición y afecto

 

+Salvador Giménez,

Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.