Carta pastoral de Mons. Abilio Martínez: Pandemia, Cuaresma y Esperanza

Queridos diocesanos:

El pasado 17 de febrero daba comienzo el tiempo de la Cuaresma con la celebración del miércoles de ceniza. La limitación de aforo era tan drástica que bastantes personas no pudieron entrar en nuestros templos. Quiero agradecer a los sacerdotes de la Diócesis el esfuerzo que realizaron ese miércoles para incrementar el número de celebraciones en las parroquias, con el fin de facilitar la participación del Pueblo de Dios en este inicio de la Cuaresma con la imposición de la ceniza. Y agradezco también a los fieles vuestra participación a pesar de las dificultades del momento que estamos viviendo. A día de hoy el aforo de los templos es de un tercio, debiéndose guardar las medidas de higiene y distanciamiento social como se ha hecho hasta ahora.

El rito de cubrirse la cabeza con la ceniza es un símbolo penitencial que viene de muy antiguo, siempre vinculado al sacrificio, al esfuerzo y a la mortificación. En los primeros siglos de la Iglesia, los que querían acercarse a recibir la penitencia como preparación al Triduo Pascual, vestían un hábito penitencial y se ponían ceniza en la cabeza. Éste no era un gesto vacuo o social sino que quería significar el deseo del creyente de convertirse a Dios, configurándose cada vez más con Jesucristo. La Iglesia conserva este rito como expresión de la necesidad de conversión permanente que hay en los cristianos. “Convertíos y creed en el Evangelio” son las palabras pronunciadas por el sacerdote al imponer la ceniza. Porque somos frágiles, vulnerables y necesitados de la misericordia de Dios, acudimos a Dios Padre por Jesucristo para que nos ayude a ser santos. “Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48).

Al contrario de lo que mucha gente piensa, la Cuaresma es un tiempo de gracia y salvación; un itinerario o camino que la Iglesia nos ofrece dentro del Año cristiano para celebrar el Misterio de la Muerte y Resurrección del Señor. El Papa Francisco ha escrito un Mensaje para esta Cuaresma en el que subraya el sentido de camino hacia la Pascua que se debe recorrer con esperanza. Lleva el siguiente título: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…”  (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad. Nos dice el Papa: “Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios hace nuevas todas la cosas (cf. Ap. 21,1-6)”.

Estamos viviendo un tiempo muy difícil que se nos está haciendo muy largo. Muchas personas han enfermado por la COVID-19, nos encontramos con familias rotas por la pérdida de un ser querido, las relaciones sociales están siendo muy limitadas por la necesidad del distanciamiento social, la pérdida de muchos negocios y puestos de trabajo, las actividades eclesiales reducidas a muy pocas personas o suprimidas en los momentos más duros de la pandemia…; en definitiva, dolor y sufrimiento mientras la ansiada normalidad no acaba de llegar. Y en este contexto de preocupación, el Papa Francisco nos invita a renovar la esperanza. Cómo él mismo señala, hablar de esperanza en estos momentos puede resultar provocativo. Pero es todo lo contrario: ahora necesitamos más que nunca fortalecer la esperanza cristiana. La esperanza cristiana no se fundamenta en nosotros, en nuestras cualidades, en nuestras potencialidades sino que radica en Cristo que entrega su vida en la Cruz y que Dios lo resucita al tercer día para que nosotros seamos una humanidad redimida.

Queridos cristianos de Osma-Soria: os invito en este tiempo de Cuaresma a vivir en esperanza y comunicarla. Y como dice el Papa en su mensaje con unas palabras tomadas de la encíclica Fratelli Tutti: “A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia»” (224).

Y sin duda, dentro de esta Cuaresma, otro motivo de esperanza será la próxima ordenación presbiteral que tendrá lugar, D.m., el próximo 20 de marzo por la mañana en la S.I. Catedral de El Burgo de Osma. Al día siguiente se celebra el día del Seminario con el lema: “Padre y hermano, como San José”. Todos somos miembros activos del Pueblo de Dios y todos estamos llamados a la misión evangelizadora, pero no olvidemos que también necesitamos sacerdotes que vivan la confianza filial en Dios y que sepan trasmitir la esperanza que nace de saberse amados y salvados por Dios en Cristo. Os pido, por tanto, que intensifiquemos la oración en esta Cuaresma para que la esperanza sea el motor de todas las vocaciones en la Iglesia.

Que La Virgen María, mujer fuerte que estuvo al pie de la Cruz de su Hijo, nos dé fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Os bendice vuestro Obispo,

 

✠ Abilio Martínez Varea

Obispo de Osma – Soria

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.