Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez González: La ley natural garantía para la dignidad humana

Hay realidades que no se pueden cambiar por más vueltas que se den y a pesar de las insistentes ideologías que nos quieren convencer del cambio de la ley natural a la “ley antinatural”. Por mucho que quieran no convencen a las mentes claras y razonables. Hay realidades naturales y planetarias que, por mucho que se les quiera cambiar, no se logra puesto que se produce un desgaste ecológico y sideral de horribles consecuencias. A pesar de ello se sigue pensando que el ser humano tiene poder de cambiar lo que es imposible cambiar puesto que es esencial y ante esto sólo se puede decir: Ha existido siempre una ley natural y existirá para siempre, es decir for ever, como se diría en lengua anglosajona. Pensemos en la biología humana que tantos golpes la hacen sufrir y por mucho que se quiera dar un giro, “aparentemente científico”, se cae en la ingenua y grotesca situación que la misma naturaleza rechaza. Lo que es de siempre y esencialmente por siempre, quedará para siempre.

Dios no ha cambiado la naturaleza. Bien sabemos el principio de que “Dios perdona siempre, el hombre a veces pero la naturaleza nunca”. La naturaleza tiene una esencia inmisericorde, es decir, que cualquiera que atente contra ella ha de saber que saldrá “mal parado”. Pensemos en los experimentos que producen un efecto nocivo a causa de su mal uso. Basta mirar cómo se encuentran las aguas marinas o los glaciares a causa del deterioro ecológico y si nos adentramos más en el deterioro moral o ético que degrada a la misma naturaleza humana y a la antropología que es lo más sagrado. Las consecuencias son deplorables. El mismo ser humano se deprecia y se degenera. No hay vuelta de hoja; lo que ha existido siempre ha de existir para siempre (for ever). A la naturaleza se la cuida y se la respeta y si se la castiga se enfurece y ella misma condena al que obra con prepotencia de manera irresponsable, aunque crea que es libre para hacerlo.

Es significativo que se quiera determinar la ley natural o que los deterministas se apropien de la misma naturaleza. Ella por si misma tiene sus propias leyes y mucho cuidado ha de tener quien quiera cambiarlas. La ley misma se volverá contra él. La manipulación de la misma lleva consigo el fracaso mayor que pueda existir. A la naturaleza la maltratarás pero no la cambiarás. “Lo que fue es lo que será. Lo que se hizo es lo que se hará. Nada hay nuevo bajo el sol. Cuando de algo se dice: ‘Mira, esto es nuevo’, ya existía en los siglos que nos precedieron. Nadie se acuerda de los antepasados, ni de los que vengan después se acordará ninguno de sus sucesores” (Eclesiastés 1, 9-10). En efecto, la tierra, el sol, el viento y las aguas siempre están de la misma forma a pesar de su movimiento.

Sobre este tema podríamos encontrar muchos pensadores que se lamentan del desvarío y confusión que están influyendo, en la sociedad civil y secular, factores de orden cultural e ideológico. “Se ha perdido la evidencia originaria de los fundamentos del ser humano y de su obrar ético, y la doctrina de la ley moral natural se enfrenta con otras concepciones que constituyen su negación directa… Cuando están en juego las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona humana, de su vida, de la institución familiar, de la equidad del ordenamiento social, es decir, los derechos fundamentales del ser humano, ninguna ley hecha por los hombres puede trastocar la norma escrita por el Creador en el corazón del hombre, sin que la sociedad misma quede herida dramáticamente en lo que constituye su fundamento irrenunciable. Así, la ley natural se convierte en la verdadera garantía ofrecida a cada persona para vivir libre, respetada en su dignidad y protegida de toda manipulación ideológica y de todo arbitrio o abuso del más fuerte” (Benedicto XVI, Ley natural, Universidad de Piura (Perú), 1 de noviembre 2007). Ante la circunstancias actuales tenemos la impresión de que triunfa demasiado a menudo la “ley antinatural” por los modos de pensar y de actuar. No obstante estamos convencidos que la ley natural es la única que restablece el equilibrio y hace posible que el ser humano viva su propia dignidad.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).