Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad

La Cuaresma es un tiem­po propicio para renovar nuestra fe sincera, nuestra esperanza viva y nuestra caridad operante. Este es el mensaje central del Papa para esta Cuaresma de 2021.

El ayuno, la oración y la limosna son la expresión y las condiciones de nuestra conversión.

El ayuno nos lleva a la privación de todo aquello que nos separa de Dios o de los hermanos, la limosna nos conduce a la mirada y los gestos de amor y compasión hacia el hom­bre herido, pobre, y desahuciado de la sociedad, y la oración nos hace mantener el diálogo filial con Dios nuestro padre.

Estos tres medios nos ayudan a tener una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

  1. Una fe sincera, que nos lleva a acoger la verdad con mayúsculas, a Cristo mismo que es la verdad y a ser testigos de Él en nuestra vida.

Acoger a Cristo es dejarse alcan­zar por la Palabra de Dios, que nos hace entender la grandeza de Dios que nos ama, antes de que nosotros seamos conscientes de ello.

Este amor de Dios nos debe condu­cir a saber ayunar, a privarnos de todo lo ajeno a la voluntad de Dios y de todo cuanto no sea expresión del don de Dios, para vivir desde el amor y corres­pondencia a ese amor de Dios, y desde el amor a los hermanos necesitados. De tal manera que nuestra generosidad con ellos se convierta una expresión del gran amor de Dios a nosotros.

La Cuaresma es tiempo de creer, de recibir a Dios en nuestra vida y dejarle que ponga su morada en no­sotros.

Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, abrir de verdad las puertas de nues­tro corazón a aquel que viene a noso­tros pobre de todo, lleno de gracia y verdad, el Hijo de Dios salvador.

  1. Una esperanza viva. La esperan­za es el «agua viva» que sacia la sed del camino para poder continuar. Es el Es­píritu Santo quien da esperanza, quien vivifica y fortalece para caminar por el camino de Dios y poder resucitar con Cristo, y poder disfrutar del futuro de la misericordia que el Padre abre por la resurrección de Cristo de par en par.

Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, violencias, injusti­cias y pecados, sino saciarnos del per­dón del Padre en su corazón abierto.

El tiempo de cuaresma está hecho para esperar, para dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que quiere re­conciliarnos y darnos su perdón. Al recibir el perdón en el sacramento también nosotros nos convertimos en difusores del perdón. Al haber acogido nosotros el perdón de Dios podemos ofrecerlo, teniendo un com­portamiento que conforte a quien se encuentra herido.

La Cua­resma es un tiempo propicio para estar más atentos a palabras y actitudes de aliento, que con­fortan, fortalecen y consuelan. En lugar de palabras y actitudes que humillan, entristecen e irritan y desprecian.

En muchas ocasiones podemos dar esperanza simplemente con ser una persona amable, que deja a un lado su egoísmo para prestar aten­ción y regalar una sonrisa, para decir una palabra de estímulo en medio de tanta indiferencia.

Vivir la Cuaresma con esperanza significa sentir que en Jesucristo somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día.

  1. Una caridad operante. La cari­dad es el don que da sentido a nues­tra vida. Gracias a ella consideramos al necesitado, no pasamos desaper­cibidos ante quien está privado de lo más necesario para vivir, al des­ahuciado de la sociedad, como nues­tra familia, nuestro amigo y nuestro hermano.

Lo que tenemos, si lo comparti­mos, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad como el aceite y la hari­na de la viuda de Sarepta que dio el pan al profeta Elías (Cf. 1Reyes 17, 7-16). O los panes y los peces que Cristo dio a sus discípulos para que los repar­tieran entre la gente.

Nuestra limosna, si la damos con gozo y sencillez, se convierte en eso, en algo que no se acaba, sino que se transforma

Vivir la Cuaresma, vivir esta Cuaresma con cari­dad, es vivirla cuidando de los que nos necesi­tan: de los enfermos, de los abandonados, de los que sufren a causa de la COVID-19. Nues­tra caridad es y debe ser manifestación del gran amor que Dios tiene a cada uno de no­sotros como hijos de Dios que somos. Nuestra entrega, nuestro respeto y el respeto a la dig­nidad de los más pobres, son siempre expresión del gran amor de Dios a ellos.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.