Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: ¡Somos tentados, como Jesús!

Hemos empezado la cuaresma para llegar a la Pascua, para vivir la Pascua. Este es el sentido del tiempo cuaresmal.

Para vivir según Jesús, para saborear la Pascua, necesitamos la cuaresma. Lo expresábamos el Miércoles de Ceniza cuando, en la imposición de la ceniza, se nos decía: “Conviértete y cree en el Evangelio”. La actitud más importante de este tiempo no es la tristeza ni la penitencia ni la mortificación, sino la conversión: ¡cambiar para confiar en Cristo!

Para hacerlo necesitamos:

–           La plegaria: abrirnos a Dios, detenernos, para dejarnos atrapar por él. Confrontar nuestra vida con el Evangelio.

–           El ayuno: en el sentido de autocontrol, de dominio de un mismo para hacerse más disponible a Dios y a los hermanos.

–           La limosna: darse para ayudar de una manera eficaz y amistosa.

Cada domingo la Palabra del Señor nos servirá de guía y de brújula para seguir este camino cuaresmal.

Tal como nos indica la liturgia, durante la celebración de la Misa de este primer domingo del tiempo cuaresmal leemos la narración evangélica que explica que Jesús fue tentado por el maligno durante una larga estancia en el desierto. El evangelista San Marcos no especifica cuáles fueron estas tentaciones, pero las conocemos por los demás evangelistas y por el conjunto de los evangelios.

Los cuarenta días de Jesús en desierto evocan los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto, lugar y tiempo de prueba, de tentación, de descubrimiento del amor de Dios, de lucha para mantenerse fiel a este amor.

¿Qué es la tentación?

La posibilidad muy atractiva y sugerente de abandonar el camino que Dios quiere para mí, y escoger otros caminos que parece que ofrecen más felicidad, más plenitud personal…

La tentación estuvo presente en la vida de Jesús durante toda su vida, y también está presente en la nuestra. ¿Cuáles pueden ser nuestras tentaciones hoy?

La tentación de prescindir de Dios

Se concreta viviendo como si Dios no existiera, de una manera consciente y también de una manera inconsciente. Hay personas que no creen en Dios, que niegan su existencia. Hay quienes ni niegan ni afirman a Dios, pero también los hay que, sin negarlo, prescinden totalmente de él. Aun así, la tentación existe también para los oficialmente “creyentes”, porque de palabra se puede afirmar creer en Dios pero, en realidad, prescindir de él en nuestras decisiones y en nuestra manera de vivir. Si Dios no está presente en mi vida mediante el amor, la oración, la celebración de la fe, las obras de misericordia, iluminando las decisiones que hay que adoptar… es que en realidad hemos prescindido de él.

La tentación de crear nuestros propios dioses

Quien no cuenta con Dios normalmente se fabrica sus propios dioses, a los cuales está dispuesto a adorar, a sacrificar lo que haga falta, a depositar en ellos la confianza de que van a hacerle feliz. Pero uno, al final, se da cuenta de que estos falsos dioses esclavizan, y que solamente el Dios verdadero libera.

La tentación de abandonar el camino cristiano

Ciertamente, ser cristiano no está de moda, y de hecho nunca lo ha estado, ya desde el tiempo de Jesús, pasando por la Iglesia apostólica y la de todas las generaciones. Pensemos en los mártires de todos los tiempos, pensemos en las divisiones que ha sufrido la Iglesia, pensemos en las persecuciones, pensemos en los desprestigios que han sufrido los cristianos… Y claro, todo el mundo quiere ser moderno, quiere estar al día y que no lo tilden de “carca”, de “tradicional”. Oímos a menudo mensajes en contra, procedentes de grandes personajes. Todo ello es una tentación para abandonar.

La tentación de convertir Dios en una garantía de prosperidad material y de solución a los problemas.

La tentación de pedir señales extraordinarias para creer.

La tentación de culpar a Dios de los males personales y del mundo…

Aprovechemos la cuaresma para vencer estas tentaciones.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 431 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.