Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: ¡Necesitamos la Cuaresma!

Queridos diocesanos:

Con el Miércoles de Ceniza ha iniciado el tiempo santo de Cuaresma, que termina con el anuncio gozoso de la Resurrección del Señor en la noche de Pascua. Es esta, la Pascua de Señor, la que da sentido al camino cuaresmal. En este tiempo la Iglesia quiere que demos mayor espacio a la escucha de la Palabra de Dios, que la meditemos en nuestro interior y nos dejemos interpelar, “zarandear”, por ella. La Palabra de Dios escuchada reverentemente, acogida con humildad, permitiéndole que sacuda nuestras falsas certezas y frágiles seguridades, nos invita a la conversión, al cambio de vida, de actitudes, de valores, de comportamientos; nos lleva a reconciliarnos con Dios y con los hermanos.

¡Necesitamos la Cuaresma!; es preciso que resuene cada año en nuestras vidas la llamada a la conversión, a revisar nuestra conducta y sobre todo a examinar nuestros corazones, porque del corazón nace y brota todo lo que de bueno o malo hacemos los hombres. Es en el corazón donde tiene su sede la virtud y el pecado.  La Cuaresma somete a prueba nuestra vida y nos advierte de su autenticidad cristiana. Porque podría ocurrir que la seria reprensión del Señor nos alcanzara también a nosotros: “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me da está vacío (…) Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres” (Mc 7, 6-8).

En su Mensaje de este año para la Cuaresma, el Papa nos recuerda que el ayuno, la oración y la limosna son, a la vez, “condiciones y expresión de nuestra conversión”. Son las obras de penitencia que preparan la conversión. El ayuno en efecto, se hace “experiencia de libertad”, inicio de un camino que lleva a liberarnos de todo lo que estorba en nuestra marcha hacia la Pascua; que ayuda a hacer frente a la saturación enfermiza de informaciones; a frenar el ansia de consumo que lleva al hartazgo y termina por revelarse como falso camino que no conduce a la plenitud.

La oración, por su parte, despierta el deseo de Dios; la voluntad de volver a Dios del que quizás nos hemos alejado, y que redescubrimos como “Padre de misericordia” que fortalece nuestra esperanza, nos hace mirar el pasado con la seguridad de haber sido perdonados, y al presente y al futuro con la confianza puesta en su gracia que no nos ha de faltar. La esperanza en Dios que se renueva en nuestra oración, humilde y confiada, conduce a reforzar la esperanza propia y de los demás, “a decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen que consuelan, que estimulan”, como dice Papa Francisco; mueve a alentar la esperanza y a difundir el perdón, a ofrecerlo después de haberlo recibido “en el Sacramento que está en el corazón del nuestro proceso de conversión”.

En la limosna, a su vez, se expresa y manifiesta el amor a los demás, que sufre cuando ve al otro enfermo o sin hogar, desvalido y abandonado, despreciado y humillado en su dignidad, en situación de necesidad. Facilita ver que cada persona es miembro de la familia humana, está llamada a ser parte del Cuerpo de Cristo; parte de un todo íntimamente vinculado; por eso su mal, su sufrimiento es el nuestro, el del todo, y su bien nos llena de alegría. “La caridad, dice el Papa, se alegra de ver que el otro crece”.

Hemos iniciado este tiempo santo de la Cuaresma con el austero rito de la imposición de la Ceniza. Con él se manifiesta la propia fragilidad que nuestros pecados ponen de manifiesto. Si los reconocemos y confesamos humildemente, experimentaremos no la confusión y la vergüenza que acobarda y oprime, sino la alegría del perdón de Dios que nos renueva y enaltece.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).