Carta pastoral de Mons. Àngel Saiz Meneses: Cuaresma 2021

Acabamos  de comenzar una nueva Cuaresma. Cuando en el siglo II la Iglesia empezó a celebrar anualmente a través de la liturgia el misterio pascual de Cristo, su muerte y resurrección, se comprendió también la necesidad de una preparación adecuada por medio de la oración y el ayuno. Paso a paso, esta preparación fue consolidándose hasta llegar a concretarse en lo que hoy conocemos como tiempo de Cuaresma, una experiencia de desierto, de combate espiritual, de prueba. Así lo prefiguran en la Biblia diversos episodios: los cuarenta años de peregrinación del pueblo de Israel por el desierto,  los cuarenta días de Moisés y Elías previos al encuentro de Yahveh; los cuarenta días empleados por Jonás para alcanzar la penitencia y el perdón; y finalmente, los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto antes del comienzo de su ministerio público.

El papa Francisco nos propone en su mensaje que este año la Cuaresma sea especialmente un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad. Tal como Jesús  enseña en los evangelios, el ayuno, la oración y la limosna son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. El camino del ayuno es el camino de la austeridad y el sacrificio, que nos ayuda a detenernos y a fijarnos en el hermano necesitado, y a compartir nuestros bienes con él; nos conduce, a su vez, al diálogo filial con el Padre, es decir, a la oración. La oración, el sacrificio y el compartir son los medios para encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad eficaz.

La Cuaresma es un tiempo para creer, para acoger a Dios en nuestra vida, para vivir según su voluntad. La fe es, a la vez, don de Dios y respuesta de la persona. El ayuno nos ayuda a liberar la existencia de todo lo que estorba, de tantas cosas superfluas que son perfectamente prescindibles, pero a las que a menudo vivimos aferrados. El ayuno nos ayuda a  abrir el corazón a Dios, a comprender que somos criaturas, que en Él encontramos el sentido y la meta. A la vez, la experiencia del ayuno nos acerca a todos aquellos que no disponen de tantas posibilidades ni de tantos bienes, y abre el corazón para compartir con ellos lo que hemos recibido, de lo cual no somos propietarios en exclusiva, sino administradores.

La esperanza nos alienta para continuar el camino. La vida es una peregrinación en la que aprendemos y ejercitamos la esperanza. Esperar en Dios significa que la historia no termina con nuestras carencias, con nuestros errores y pecados, porque hay un Padre que nos ayuda a levantarnos y a seguir adelante. En la situación actual de preocupación en la que vivimos, en que todo parece tan frágil e incierto, es necesario seguir reavivando la esperanza. El tiempo de Cuaresma es tiempo propicio para esperar, para volver la mirada a Dios, para reconciliarnos con Él, para recibir su salvación. En el recogimiento y el silencio de la oración, se hará más viva y firme nuestra esperanza.

La caridad es fruto de la fe y la esperanza, su expresión más alta, y lleva a estar atentos a los demás, mostrando compasión por cada persona. La caridad da sentido a nuestra vida y nos ayuda a ver al pobre y necesitado como un hermano. Lo poco o mucho que tengamos, si lo compartimos con amor, transforma el corazón de las personas y de la sociedad. Así sucede con nuestro compartir, con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la entregamos con sencillez. Vivir la caridad en la Cuaresma nos lleva a cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento a causa de la pandemia de la COVID19. Que esta Cuaresma no sea recordada solamente porque cumpliremos un año de pandemia, y porque las vacunas se van administrando poco a poco. Que sea un camino de auténtica conversión y oración, compartiendo nuestros bienes, avanzando con paso firme en la vida cristiana.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.