Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: El temor del Señor es fuente de vida

Muchas veces se ha pensado que a Dios se le ha de temer, puesto que parece estar con la vigilancia autoritaria para que el que hace algo malo se ensaña contra él. Y es todo lo contrario pues Dios ni premia ni castiga. Nos ha dado la libertad para que escojamos nosotros o el bien o el mal. Luego somos nosotros los que nos castigamos o nos premiamos y esto porque Dios nos ha creado por amor y nos ha dado la libertad para tirar hacia el bien o hacia el mal. Ocurre que hemos de ser conscientes que nosotros somos responsables del bien que hacemos o el mal que realizamos. De ahí que hemos de temer no a Dios sino a nosotros al hacer el mal y en definitiva nos hemos de atener a las consecuencias en la elección que hagamos.

Se nos advierte: “El temor del Señor es fuente de vida para escapar de los lazos de muerte” (Sal 14, 27). Y si nos tememos a nosotros por no ser coherentes, lo que ocurre es que se acentúa más el procurar hacer el bien por amor más que por temor. A Dios no se le teme, a Dios se le ama. Muchas veces solemos decir: “Temo si no voy a ser responsable ante el trabajo que se me ha encomendado o asignado”. El temor está en relación con la responsabilidad y si uno es sincero y leal, mirándose a sí mismo, teme no ser responsable y esto le ayuda en su labor para cumplir con el propio deber que es amor. Lo que Dios nos pide y ruega es que vivamos poniendo bien los cimientos. “Si la obra que uno edificó permanece, recibirá el premio; si su obra arde, sufrirá daño” (1Cor 3, 14). “Cristo es el único cimiento y, por tano, los creyentes debemos estar no sólo unidos a Jesucristo, sino adheridos, como pegados a Él… Él es el fundamento y nosotros el edificio; Él es el tallo de la viña y nosotros las ramas; Él es el esposo y nosotros la esposa; Él es el pastor y nosotros el rebaño” (San Juan Crisóstomo, In 1 Corinthios 8,4). El pecado viene como consecuencia de poner el énfasis en los propios caprichos personales más que sustentarnos en el cimiento que es el amor a Jesucristo.

En la Biblia se nos exhorta reiteradamente que debemos temer a Dios. Pero ¿por qué deberíamos tener temor de Dios? ¿No es Dios amor? Así nos refiere San Juan: “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor” (Jn 4, 18). Aún recuerdo aquellos consejos que me daba mi madre: “Hijo cuando no hagas las cosas por amor, hazlas al menos por temor”. Y es verdad puesto que lo podemos comprobar en el quehacer diario. Hay un ejemplo que nos ayuda a entender mucho mejor este modo de proceder y es cuando conducimos el coche; las restricciones son muchas y si no se cumplen posteriormente viene la multa. De ahí que por temor a ser multados tratamos de cumplir bien las indicaciones de tráfico. Y esto en sentido negativo pero en sentido positivo podemos comprobar que las normas se cumplirán teniendo presente el respeto y la solidaridad con los demás que es lo que implica en sí el amor.

Desde el punto de vista creyente sabemos que no debemos cuentas a nadie más que a Dios por nuestras acciones. Temer deshonrarlo con nuestros actos. Esto asegurará que actuemos con rectitud, amor y bondad hacia nuestro prójimo. Los apóstoles así lo trataban de vivir: “Sino que en todo el pueblo el que le teme -le reverencia- y hace lo justo, le es aceptable -Dios se siente agradado de él-” (Hch 10, 35). Y si el temor es fuente de vida no queda más que escuchar al apóstol que nos invita a la santidad: “Por tanto, queridísimos, teniendo estas promesas, purifiquémonos de toda mancha de carne y de espíritu. Llevando a término la santificación en el temor del Señor” (2Co 7, 1-2). No hemos de perder el tiempo y menos pararnos en nuestras propias empresas existenciales o egoístas, más bien alcemos el ánimo y hagamos todo para la gloria de Dios que bien se lo merece y que él nos lo pagará con creces.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).