Carta pastoral de Mons. Bernardo Álvarez: Manos Unidas contra el hambre en el mundo

Queridos diocesanos:

Un año más, y van con este 62, Manos Unidas, nos llama a participar en la lucha contra el hambre en el mundo. Esta Asociación de la Iglesia Católica en España, nos invita a tomar conciencia del grave problema de la pobreza y miseria en que viven millones de personas en todo el mundo. Al mismo tiempo, nos pide ayuda económica para realizar -en los países más empobrecidos- proyectos de promoción humana en orden al desarrollo integral de los más necesitados.

En esta ocasión, con el lema Contagia solidaridad para acabar con el hambre”, quieren poner en evidencia las consecuencias que la “pandemia del coronavirus” está teniendo entre las personas más vulnerables del planeta, al igual que promover la solidaridad entre los seres humanos como única forma de combatir “la pandemia de la desigualdad”agravada, como sabemos, por la crisis sanitaria mundial, que castiga con hambre y pobreza a cientos de millones de personas en el mundo.

Aunque la palabra “contagio” normalmente hace referencia a cosas negativas y a realidades de las que debemos huir, Manos Unidas -dándole el sentido de “transmitir” o de “pegar”- quiere que este año “se nos pegue la solidaridad” y no los contagios que llevan a la enfermedad y a la muerte. Contagios que nos amenazan como la indiferencia ante los necesitados, el egoísmo, la avaricia, el derroche en cosas superfluas…  

Manos Unidas nos habla de fortalecer a las comunidades más empobrecidas, ofreciendo a las personas más y mejores recursos –no sólo económicos-  que les permitan acceder a una alimentación sana, al agua potable y a el saneamiento, a la educación, a la sanidad… Para ello, nada mejor que la solidaridad y la búsqueda el bien común, que hacen posible que las comuni­dades afronten por sí mismas los problemas y dificultades que sufren.

La solidaridad es sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda, protección. Tiene su origen en una actitud interior por la que sentimos preocupados por los problemas de los demás y, en consecuencia, nos sentimos impulsados a “echar una mano” cooperando en su solución. La solidaridad es un valor que se caracteriza por la colaboración entre los seres humanos, lo que -sin duda- permite superar la terrible calamidad que supone la miseria de millones de personas. Solo, desde la solidaridad y el bien común -entendido como vida digna para todos–, se podrá sacar a las personas de la pobreza, la exclusión, la violencia o la explotación.

El Papa Juan Pablo II decía que: “La solidaridad no es un sentimiento superficial, sino la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno; es la expresión de que todos somos realmente responsables de todos”. Y el papa Francisco, en su oración con motivo de la pandemia del Covid-19 pide a la Virgen María: “Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia; ayúdanos a tomar conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria que afectan a millones de personas”.

Ojalá “se nos pegue” (se nos contagie), a todos, el espíritu de solidaridad, pues la persona solidaria no duda en colaborar y apoyar a todos aquellos que –cerca o lejos de nosotros- se encuentran en situaciones desfavorecidas y, cuando lo hacen, ciertamente contribuyen a cambiar el mundo haciéndolo mejor, más habitable y más digno.

Este es el empeño de Manos Unidas que, con la solidaridad de millones de españoles lleva más de sesenta años mejorando las condiciones de vida de muchas personas en los países más pobres del mundo. Y quiere seguir haciéndolo, especialmente en estos tiempos de la pandemia del coronavirus. Si, entre nosotros, estamos experimentando sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas, ¿cuáles hubieran sido las consecuencias si en España no hubiera habido un sistema sanitario organizado y eficaz, una red de solidaridad y compromiso ciudadano para ayudar a quienes les faltaba el alimento, un sistema educativo que sigue funcionando o unos subsidios que, mejores o peores, alivian la difícil situación de precariedad?

De casi todo eso carecen los países y comunidades en las que trabaja Manos Unidas. Por ello, en la actual situación quiere dirigir sus esfuerzos a dotar a esas personas de medios para afrontar esta crisis. Esto, solo será posible con la colaboración de todos. Son tiempos difíciles, pero, en la medida de nuestras posibilidades y con un corazón sincero, debemos socorrer las miserias de nuestro tiempo, aunque para ello tengamos que llevar una vida más austera y renunciando a las comodidades a las que estamos acostumbrados.

Hoy, más que nunca, Manos Unidas necesita nuestro apoyo. Construir la fraternidad universal, que es el proyecto de Dios para el mundo, exige que vivamos la justicia y la solidaridad como acciones que se han de repetir todos los días. Por eso, entre otros medios, los próximos días 13 y 14 de febrero, estamos llamados a ser especialmente generosos en la colecta anual de la Iglesia “contra el hambre en el mundo”. También podemos entregar nuestro donativo en la parroquia en cualquier otro momento o bien ingresarlo directamente en las cuentas de Manos Unidas en las entidades bancarias.

También se nos invita a que el viernes día 12, o cualquier otro que elijamos, pongamos en práctica el “Día de ayuno voluntario”. Una expresión mediante la cual se nos invita a llevar una vida más austera, a no gastar en cosas superfluas, y a destinar lo que ahorramos para ayudar a quienes carecen de lo necesario para vivir.

Como enseña San Pablo: “Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría. Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, no les falte para toda clase de obras buenas» (2Cor. 9,7-8).

Que Dios nos infunda el espíritu de solidaridad. Que no tengamos miedo a contagiarnos de solidaridad, ni de “pegarla” a los demás. Es lo que les deseo de todo corazón,

 

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

Mons. Bernardo Álvarez
Acerca de Mons. Bernardo Álvarez 60 Articles
Nació el 29 de julio de 1949 en Breña Alta (Isla de La Palma). Fue ordenado Sacerdote el 16 de julio de 1976. El 29 de junio de 2005 el Papa Benedicto XVI le nombra Obispo de Tenerife. Recibe la ordenación Episcopal el 4 de septiembre de 2005 en la Catedral de La laguna (Templo de Nuestra Señora de la Concepción) de manos del Nuncio de S. Santidad Mons. Manuel Monteiro de Castro y los Obispos Eméritos de Tenerife Mons. Damián Iguacen Borau y Mons. Felipe Fernández García, así como otros Obispos asistentes. En esta misma fecha toma posesión canónica de la Diócesis Nivariense. ESTUDIOS REALIZADOS: Realizó el Bachiller Elemental y Superior, con sus respectivas Reválidas, en Santa Cruz de La Palma, finalizando en el año 1967. Inició los estudios de Arquitecto Técnico (Aparejador) en 1967 en La Laguna, que abandonó para ingresar en el Seminario Diocesano de Tenerife en octubre de 1969. Realizó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Tenerife, que concluyó en junio de 1976, año en el que también recibió la ordenación sacerdotal de manos del Obispo D. Luis Franco Cascón. En junio 1987, tras el correspondiente examen, recibió el título de Bachiller en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España – Sede de Burgos. Posteriormente, estudió de teología en la Universidad Gregoriana de Roma, desde 1992 a 1994, adquiriendo el título de Licenciado en Teología Dogmática. RESPONSABILIDADES: Ha sido párroco en cuatro destinos diferentes durante 11 años (desde octubre de 1976, a octubre de 1987). - Parroquias de Agulo y Hermigua (La Gomera): 1976-1980 - Parroquias de San Isidro y San Pío X (Los Llanos de Aridane-La Palma): 1980-1982 - Parroquias de San Miguel y Ntra. Sra. del Carmen (Tazacorte – La Palma): 1982-1986. - Parroquias de San Fernando Rey y San Martín de Porres (S/C de Tenerife) 1986-1987. - Arcipreste de Ofra: 1986-1987. Director Espiritual en el Seminario Diocesano de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992. Secretario de la Asamblea Diocesana de octubre 1988 a junio 1989. Secretario de la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992, y desde septiembre de 1994 a mayo de 1999. Delegado Diocesano de Liturgia desde octubre de 1989 a julio de 1992. Desde 1994 a 1999 fue responsable del Departamento de Catequesis de Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis. Durante 10 años dirigió el Boletín Oficial del Obispado: de octubre de 1994 a octubre de 2004. Secretario General del Primer Sínodo Diocesano, desde septiembre de 1995 a mayo de 1999. Vicario General de la Diócesis, desde mayo de 1999. MOns. Bernardo Álvarez Alfonso, Obispo de San Cristóbal de La Laguna fue consagrado en Tenerife, en la Catedral, el 4 de septiembre de 2005 por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Arzobispo titular de Beneventum y Nuncio Apostólico en España, asistido por Mons. Felipe Fernández García, Obispo emérito y Administrator Apostólico de San Cristóbal de La Laguna, y por Mons. Damián Iguacen Borau, Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna.