Carta pastoral de Mons. Amadeo Rodríguez: Por la Cuaresma a la Pascua (en tiempo de pandemia)

En el centro del Año Litúrgico

El Año litúrgico orienta los días de un cristiano y le va dando a cada uno el sentido que necesita. El Año Litúrgico es la memoria del misterio del amor de Dios, derramado en el tiempo para cada uno de nosotros, según nuestra necesidad; es un amor personalizado. Esto que acabo de escribir sería la convicción de todo bautizado; esa que a veces se nos olvida y en otras ocasiones se retoma. Ahora nos toca justamente retomarla.

Una Cuaresma de ojos abiertos

Empezamos la Cuaresma, tiempo que sólo tiene sentido si abrimos los ojos del corazón y miramos la luz que todo lo transforma, en la que se suelen encender todos los avisos que hemos de tener en cuenta cuando miramos al interior de nosotros mismos. La Cuaresma empieza por descubrir si aún se nota en nuestra vida algún reflejo de la Presencia de Dios que nunca nos falta y que siempre nos salva. La Cuaresma nos recuerda de dónde venimos y, sobre todo, nos invita a centrarnos en el horizonte hacia el que vamos. Empieza con el miércoles de ceniza, en el que se nos invita a reencontrar lo que hemos perdido, a reconstruir lo que se haya roto, a resucitar lo que se ha convertido en muerte, a vencer en las derrotas, a descubrir de nuevo las señales que aún quedan en nosotros para poder continuar en el camino de la vida.

Bajo la luz de la Resurrección

Este tiempo de Cuaresma es para despertar interiormente a esta pregunta: ¿quién nos podrá dar la vida nueva que anhelamos? Se puede decir que la Cuaresma es para el resurgir de todo lo que ya somos y tenemos; pero que, quizás por el desgaste del tiempo, lo experimentamos ahora con más dificultad. Se hace necesaria la purificación y la iluminación. Hay que decir, que estos cuarenta días, no se pueden caminar si no es bajo la luz de la Resurrección de Jesucristo. Sólo mirándole a él, y dejándonos ilusionar por su transparencia, resurgiremos de nuestras cenizas y el Espíritu Santo nos llevará por el camino de un nuevo renacer. Nos llevará al reencuentro de nuestros mejores sentimientos, a la renovación de nuestras actitudes y a la fortaleza de nuestras decisiones en el seguimiento de Cristo. En efecto, en esto consiste la vida Cuaresmal: en buscar, encontrar y peguntar a Jesús una vez más: “Maestro, ¿dónde vives? Es así como se llega a la vocación de discípulo-misionero, que es nuestro modo de vida cristiana.

Un tiempo de gracia

El camino Cuaresmal es un tiempo intenso de gracia, bajo la guía del Espíritu Santo, porque nada sucede automáticamente. Somos nosotros los que hemos de transitar en conversión del corazón y renovando nuestra forma de vida. Jesús mismo nos dijo que nuestro cambio interior se va expresando por la oración, la limosna y el ayuno. El camino Cuaresmal hay que llenarlo de actitudes y gestos efectivos, con los que se vaya recomponiendo, en cada uno, la vida en Cristo. “La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración, nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante” (Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2021). En resumen, la Cuaresma es un tiempo para reformar nuestra vida cristiana en lo esencial, para una vida santa en la que se manifiesten las virtudes auténticas de una existencia cristiana. Es un tiempo para creer, esperar y amar.

Tiempo de manifestación de fe

Es un tiempo propicio para ir plasmando con el testimonio de vida, manifestado con hechos y con palabras, una clara manifestación de fe. En un clima en el que tantos viven en la irresponsabilidad de ignorar a Dios y no cuidar del mundo y del hombre, el corazón del creyente ha de abrirse, por la escucha de la Palabra y la oración, por el desprendimiento de su vida y por la entrega generosa a los demás, para saber decir: creo en Jesucristo, muerto y resucitado. La Cuaresma, por tanto, es para recuperarnos en el creer.

Tiempo para una vida en esperanza

La espera de la Pasión, Muerte y Resurrección, que es la Cuaresma, sólo se puede mantener en una vida en esperanza. Hemos de ser conscientes, no obstante, de que, en tiempos difíciles, como el que este año tenemos con el coronavirus, lo nuestro puede ser esperar contra toda esperanza. Ahora todo parece frágil e incierto; pero, justamente por eso, es tiempo de poner a prueba nuestra esperanza en Jesucristo. Si Jesús no es nuestro futuro, nunca entenderemos del todo lo que Dios hace en la historia humana. Los cristianos sabemos que, aunque le pongamos tantas dificultades como le ponemos para que crezca el bien, la pureza, la honestidad, la verdad, la paz… el futuro de Dios está abierto de par en par en este mundo, aunque todo esté muy herido en el corazón o en la conciencia de los seres humanos.

Tiempo de descubrir la paciencia de Dios

Esto nos indica que es tiempo de mirar hacia Dios y de descubrir la paciencia de su corazón. Ese es el motivo de nuestra esperanza; y será el descubrimiento de la paciencia de Dios lo que nos lleve a buscar, en este tiempo de gracia, la reconciliación; a pedir y a sembrar el perdón y a soñar con una Pascua que nos haga nuevos a nosotros, para que podamos construir un mundo de fraternidad. En la Cuaresma hay que ponerse a tiro del querer de Dios en el recogimiento y en la oración, porque en el ruido hay tanta confusión que es muy difícil comprender que “Dios hace nuevas todas las cosas”. Lo hace por Cristo, esperanza del mundo, que entrega su vida en la cruz y al que el Padre resucitó, dejando así correr, desde la divinidad, un amor que colma de felicidad al ser humano.

La Cuaresma es tiempo de caridad

“La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión” (Papa Francisco, Mensaje Cuaresma 2021). Eso significa que la caridad nos invita a construir la civilización del amor. El don de la caridad, que se recibe para darlo con gozo y sencillez, será nuestro estilo y herramienta más eficaz. La Cuaresma es tiempo de la caridad, por eso el horizonte que nos mueve y nos transforma ha de ser una Pascua en caridad. Hagamos de la Cuaresma el tiempo del cuidado de los unos hacia los otros; hagamos verdad eso que se ha convertido en una recomendación constante de los unos hacia los otros: “CUÍDATE”. Hemos de cuidar a los que por tantas razones se ven afectados por el sufrimiento, las carencias, los dolores, los temores e incluso por la misma muerte; para todos hay obras de misericordia inspiradas en el ser y en el hacer de Jesús.

Cuidemos lo esencial de la Cuaresma y la Pascua

Lo que acabo de escribir hasta ahora nos acerca a lo esencial de la vida Cuaresmal y de la celebración de Semana Santa. No he hablado prácticamente de lo que hay que hacer, sino de lo que hay que cultivar. Sin embargo, nuestra Cuaresma por tradición religiosa y eclesial, se vive, además, en las celebraciones litúrgicas, en actos de devoción y en manifestaciones de piedad popular, en las que muchos, especialmente en Andalucía, expresan con fervor y belleza los misterios de la Muerte y Resurrección de Cristo y los dolores de su Santísima Madre. Lo que acabo deciros es para prepararse a todo ello.

El Señor no está sujeto a nuestros modos de hacer

Este año, sin embargo, los actos públicos de piedad no se podrán celebrar por recomendaciones sanitarias, y a pesar de eso, la Cuaresma y la Semana Santa se celebran en lo que son y significan, aunque las circunstancias nos obliguen a modificar los modos de celebrarlo. El cuándo y el cómo no son decisivos en lo que celebramos. El Señor, para ofrecernos su gracia, no está sujeto a nuestros modos de hacer, aunque los bendiga y los valore como una oportunidad para manifestarse en su bondad y misericordia salvadora.

Una Cuaresma singular

Recomiendo, para este año tan singular, todo lo que las parroquias ofrezcan tanto en actos litúrgicos como en los devocionales. De un modo especial, recuerdo y recomiendo el cultivo de la oración personal y comunitaria, en cuantas formas sea posible. Sobre todo invito al cumplimiento pascual, en el Sacramento de la Reconciliación, que me consta está previsto y preparado por los sacerdotes en todas las parroquias. Como bien sabéis, por este sacramento pasa nuestra conversión interior, naturalmente siempre que suceda como un encuentro feliz con el amor misericordioso de Dios.

 

Cuaresma para fomentar la caridad

La Cuaresma es tiempo de fomentar la caridad de un modo concreto y con mayor ahínco y generosidad si cabe. Será una Cuaresma para seguir las recomendaciones de nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Seamos ricos en generosidad fraterna a través de la acción de Cáritas en nuestras comunidades parroquiales. El rostro de Cáritas en nuestra Diócesis es el de todos los cristianos y de todas las instituciones diocesanas y parroquiales.

Cómo vivir los acontecimientos pascuales

Recomiendo, especialmente, que sigáis durante la Cuaresma el itinerario de escucha de la Palabra de Dios, y la participación, si es posible presencial, en las celebración de la Eucaristía en los domingos de Cuaresma. Recomiendo la lectio divina con los textos de la liturgia. En lo que se refiere a la Semana Santa deberíamos de centrarnos en participar en las celebraciones litúrgicas del Triduo Sacro, con una mención especial a la Vigilia Pascual. En ellas acontece para nosotros la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y tiene lugar también nuestra identificación con el Misterio de Cristo. Cuando decimos “es Cristo quien viven en mí”, afirmamos que su vida, y todos sus misterios de salvación, se han hecho realidad viva en nosotros. Tenemos que dejar que esos acontecimientos se instalen en nuestro corazón y se conviertan en vida. No importa, aunque sea lo que más deseemos, que no podamos asistir por alguna circunstancia, lo que importa es que vivamos en la fe de ese alimento que es pura gracia de Nuestro Señor y Salvador.

Os recomiendo que este año pongamos todos en Semana Santa, como intención primera, el pedirle al Señor, por intercesión de María Santísima, de San José su esposo, el cese de la pandemia.  También hemos de comprometernos en la recuperación de la caridad social, para que se encuentren pronto soluciones a las consecuencias económicas, laborales y sociales que este mal global está generando. Recemos los unos por los otros.

Con mi afecto y bendición.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Jaén

 

 

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.