Carta pastoral del Cardenal Ricardo Blázquez: ¡Manos Unidas, muchas gracias! ¡Manos Unidas, adelante!

Manos Unidas fue creada en los años sesenta por las Mujeres de Acción Católica. La dilatada trayectoria y la colaboración llevada a cabo por la Asociación merecen agradecimiento, apoyo y confianza. Las señas de identidad la acreditan también: Desde el principio se unieron dos perspectivas inseparables en la Iglesia: Amor a Dios y amor al prójimo; o de otra forma intentar combatir el hambre de Dios y el hambre de pan. Sus campañas contra el hambre acreditan estas señas de identidad. Marca de origen es también la dirección de la asociación Manos Unidas por mujeres, que en la Iglesia tienen un protagonismo respetado y promovido. No es una ONG únicamente de servicios sociales; la fe cristiana y la solidaridad con los necesitados se refuerzan mutuamente y acrecientan la calidad de su servicio.

Manos Unidas por su origen tiene una inclinación especial a ayudar a la mujer en su dignidad como persona, su promoción social y cultural, su defensa si es humillada y preterida. Con acierto Manos Unidas al prestar su ayuda suscita también la colaboración de las personas atendidas. La colaboración prestada en una ocasión concreta debe alentar la responsabilidad de cara al futuro de las personas a las que se tiende la mano.

En el año 2021 termina Manos Unidas un trienio dedicado a los Derechos Humanos que tienen su fundamento en la dignidad de la persona y fomentan esa misma dignidad. Una manifestación particularmente significativa es la solidaridad compartida. Uniendo todos las manos se debe converger en la responsabilidad por el Bien Común. Por sus orígenes y tradición cristiano-social promueve un desarrollo humano integral; y dentro de esta perspectiva entra plenamente la dimensión trascendente de la persona, su educación en todo lo que implica y la atención a los pobres, que están en el corazón del Evangelio. Luchan contra el hambre conscientes de que el hambre y el subdesarrollo tienen sus manifestaciones diferentes, sus causas que deben ser descubiertas y eventualmente denunciadas, sus remedios sirviéndose también de proyectos y programas elaborados con corazón y cabeza, es decir, desde el amor y desde las ciencias sociales. Manos Unidas ha encontrado su lugar en la Iglesia y en la sociedad.

Manos Unidas nos informa sobre el destino del dinero recibido. La Delegación diocesana está financiando ahora importantes proyectos en Perú, Senegal, Bolivia, República Dominicana, India, Tailandia. Son proyectos diseñados, iniciados solicitando también la colaboración diversa de quienes serán beneficiados y llevados a cabo con seriedad y honradez. En muchas ocasiones los misioneros son intermediarios de confianza para cubrir necesidades bien discernidas y con la garantía de que cumplirán la finalidad. Aunque la generosidad es grande, podemos preguntarnos, como los discípulos en el Evangelio, pero ¿qué es esto para tantos? (cf. Jn. 6,9) ¿Qué eran unos pocos panes para alimentar a una multitud incontable? ¿Qué significan estas aportaciones para las ingentes necesidades que padecen países enteros y hermanos nuestros? Manos Unidas cumple su misión, que animan la fe cristiana y la generosidad humana, entregando lo que se pone a su disposición.  El que da lo que tiene da todo, como la viuda pobre del Evangelio (cf. Lc. 21, 1-4). Manos Unidas hace también un servicio estupendo a favor de los necesitados, alentando la generosidad de muchas personas; el ejemplo que mueve es también preciosa colaboración. Últimamente ha descendido algo la colecta para Manos Unidas; se comprende que los ingresos recibidos de la Delegación hayan disminuido; pero debemos pensar que nuestras limitaciones económicas padecidas por la pandemia no resisten la mínima comparación con la pobreza que sin horizontes padecen hermanos nuestros. Abramos caminos de esperanza. La experiencia de un día de ayuno voluntario nos enseña vitalmente lo que es un ayuno forzado todos los días.

“Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo son como el anverso y el reverso de una misma moneda; su autenticidad depende de su cara y de su cruz. El amor de Dios se manifiesta y realiza en el amor al prójimo; y el amor al prójimo hunde sus raíces en el amor a Dios que lo renueva sin cesar a pesar de todos los contratiempos. Es una ilusión pretender amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos al prójimo a quien vemos.  “Con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios. Comienza por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento y hospeda a los pobres sin techo; viste al que ves desnudo y no cierres a tu propia carne. ¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como la aurora; tu luz que es tu Dios, vendrá a ti” (San Agustín).

A través de los múltiples proyectos de Manos Unidas se descubre el amor a Dios y a los hombres. En la cercanía a los pobres brilla el Evangelio.

Manos Unidas exhorta a “contagiar solidaridad” para acabar con el hambre del mundo. La pandemia del Covid-19 viene produciendo incontables males desde su invasión; el coronavirus ha causado muertes, amplio empobrecimiento, serios riesgos de la salud. En diversas ocasiones se ha aludido a otro tipo de virus que puede contaminarnos por dentro; el Papa Francisco ha nombrado el virus del egoísmo y de la indiferencia. Si pasamos junto al hermano tirado al borde del camino y miramos para otra parte, actúa un virus que produce también inhumanidad y corazón endurecido. Hace tiempo escribió (31 de mayo de 2009) Benedicto XVI: “Como existe una contaminación atmosférica que envenena el ambiente y a los seres vivos, también existe una contaminación del corazón y del espíritu que daña y envenena la existencia espiritual”. Manos Unidas es una llamada y una vía para curar estas enfermedades; Manos Unidas son buenas manos en que podemos depositar nuestra ayuda con la seguridad de que lo que reciben lo entregan con la otra para levantar a personas heridas en su cuerpo y en su espíritu.

Manos Unidas manifiesta corazones concordes; la mano tendida al pobre sacia su hambre y le da esperanza. Estrechar las manos es germen de solidaridad. Tenderlas a una persona postrada la levanta y pone de nuevo en camino. Si nos lavamos las manos para evitar el contagio; con las manos entrelazadas se contagia el amor y la solidaridad.

+ Cardenal Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)