Carta pastoral de Mons. Javier Martínez: A los fieles católicos de la Diócesis

Cuando llega el mes de febrero, cada año llama a nuestra puerta la Campaña contra el Hambre que promueve la Asociación de la Iglesia “Manos Unidas”. Por diferentes caminos eclesiales y sociales llega la generosidad de muchas personas a Manos Unidas, una obra de manos grandes de la Iglesia en España destinada a socorrer, en la medida de nuestras fuerzas, a los más pobres del mundo. Desde hace más de sesenta años esto viene sucediendo así, y año tras año Granada ha ido asumiendo y atendiendo los proyectos que le eran asignados.

En este año la llamada de los pobres del mundo es mucho más fuerte, tiene que ser mucho más fuerte, por necesidad. Han surgido nuevas necesidades, y las habituales se han hecho más graves y dolorosas. Es verdad que entre nosotros, y con frecuencia muy cerca de nosotros, sentimos las diferentes formas de pobreza que la Iglesia —el pueblo de Dios, el Cuerpo de Cristo— trata de atender lo mejor que puede. Es admirable la abundancia de iniciativas de ayuda que están naciendo en la comunidad eclesial, con una generosidad y una creatividad grandes. Damos gracias a Dios por ello. Y sin embargo, no podemos olvidar a los que sufren hambre por todo el mundo, de unas maneras y con pobrezas que nos resulta difícil siquiera imaginar. Ni podemos ni queremos olvidarlos. Ellos son destinatarios, también de muchas formas, de la acción caritativa y promocional de la Iglesia, que, sin embargo, no llega, como es comprensible, a todos los lugares y a todas las necesidades. Aquí se inserta la obra de Manos Unidas, que ha sido siempre un aldabonazo fuerte en nuestro contexto cultural y eclesial. Debe seguirlo siendo.

Es verdad que en todo el mundo la pandemia ha multiplicado las necesidades, y los proyectos que tiene asignada nuestra Diócesis se han revestido de una urgencia y de una gravedad especiales. Y, por otra parte, el estado de alarma, con las limitaciones que impone, va a hacer difícil la organización de actos de presentación de la Campaña, encuentros de oración y otras iniciativas, así como la cuestación habitual en el ámbito público. Y sin embargo, insisto, como en otras dimensiones y en otras tareas de la vida de la Iglesia, estas dificultades no tienen que hacer disminuir la generosidad de nuestra aportación a los más necesitados del mundo. Al revés. Si uno de los frutos más amargos de la pandemia es la tentación de recortar nuestra humanidad, mediante el miedo y la desconfianza, hemos de resistirnos con todas nuestras fuerzas a esa reducción. Y el mejor modo de que nuestra humanidad no se empequeñezca es que nuestra sensibilidad hacia los más necesitados y nuestra generosidad crezcan.

La “economía” que nace del Evangelio (la ley —nomos— de este hogar —oikos— que es el mundo), sólo será una economía plenamente humana si tiene como horizonte último y como tendencia la gratuidad como forma y estilo de vida: “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” (Mt 10, 8).

En este contexto preciso, suplico a las parroquias, comunidades, asociaciones, hermandades, colegios de la Iglesia y otros lugares en los que se reúnan fieles de la diócesis, que presten una atención especial a la Campaña de este año de Manos Unidas. Incluso sugiero que la cuestación o colecta de las parroquias o en otros lugares, allí donde el párroco lo vea conveniente, se extienda, no sólo a este domingo (14 de febrero), sino también al domingo siguiente (21 de febrero), de forma que los fieles tengan más tiempo para sumarse a la Campaña contra el hambre en el mundo. Nuestras carencias y necesidades, por grandes que sean no son, no pueden ser, una excusa para no ser generosos desde nuestra pobreza. Recordemos el episodio evangélico del óbolo de la viuda (Lc 21, 1-4). Y recordemos también que el Dios Vivo no se va a dejar ganar en generosidad por ninguna criatura.

El lema de este año es, de manera expresiva, CONTAGIA SOLIDARIDAD. Necesitamos un contagio de solidaridad, de fraternidad, de amor a la gratuidad. Y no sólo en virtud de las muchas necesidades que tiene el mundo y que acaso en parte podemos paliar, sino también por nosotros mismos. Porque sólo ese contagio puede remediar o aliviar el mal más grande que este mundo tiene, que tenemos también nosotros, y del que seguramente todos estamos contagiados de una u otra forma, que es una vida sólo orientada a la avaricia, a la pasión de acumular. Esa pasión mata. Mata a muchos en los lugares más pobres y necesitados, pero mata al mundo entero, nos mata también a nosotros mismos. La Campaña de Manos Unidas nos da la ocasión de “remar” un poco en dirección contraria, de remar hacia un mundo mejor y una vida más verdadera. Abramos nuestro corazón a aquellos pobres que, aunque estén lejos físicamente, no pueden estar de nuestro corazón, unidos como estamos en el Cuerpo de Cristo y en el Corazón del Padre.

Con mi afecto y mi bendición,

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

Mons. Javier Martínez
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“La verdad de la fe está unida a la marcha histórica del Pueblo de Dios a partir de Abraham hasta Cristo, y desde Cristo a la Parusía. Por consiguiente, la ortodoxia no es el asenso a un sistema, sino la participación en la marcha de la fe y, por ello, en el Yo de la Iglesia, que subsiste una a través del tiempo y que es el verdadero sujeto del Credo”. Cardenal Joseph Ratzinger Presentación de la Editio Typica del Catecismo de la Iglesia Católica Roma, 14 de Octubre de 1997. Esa participación en el Yo de la Iglesia, y en ella de la plenitud de los bienes de la redención de Cristo, como bienes contemporáneos nuestros, y destinados a los hombres, es la que es garantizada por la sucesión apostólica. Sólo desde esta realidad de la sucesión apostólica se comprende el ministerio apostólico del Obispo, Sucesor de los Apóstoles y representante de Cristo en la Iglesia Particular a él confiada, en comunión con el Colegio Episcopal y con el sucesor de Pedro, “vínculo de la unidad en la fe y en la caridad de toda la Iglesia”. D. Javier nació en Madrid el 20 de diciembre de 1947, hijo de padres asturianos. Sus padres, Francisco y Pilar, fueron a Madrid muy jóvenes, con menos de veinte años, para abrirse camino en la vida. Inició sus estudios en un colegio laico del barrio de Argüelles, el colegio “Decroly”. Ingresó en el Seminario de Madrid en 1959, siendo ordenado sacerdote el 3 de abril de 1972. Ejerció su primer ministerio pastoral en Casarrubuelos, una pequeña población al Sur de Madrid, hasta finales de 1974. En esos primeros años de ministerio comenzó su trabajo con grupos de jóvenes, colaborando a la recreación en Madrid de la Acción Católica General de Jóvenes, y también en la Escuela Diocesana de Cursillos de Cristiandad. Estando en Casarrubuelos, obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Comillas en 1973, con el tema de la memoria de licencia “Los orígenes de la tradición evangélica según la escuela escandinava”. Poco después, sería destinado al estudio: primero como becario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (1975-77), para trabajar sobre el tema “El Hijo del Hombre. Contribución al estudio del sustrato arameo de los Evangelios”, y luego en el extranjero: tras un semestre en Alemania (Sankt Georgen, Frankfurt a. M.), estudió un año en la Escuela Bíblica Francesa de Jerusalén (curso 78-79) y, finalmente, hizo filología semítica en la Universidad Católica de América, en Washington, DC, donde permaneció desde el verano del 79 hasta febrero del 85, y donde se especializó en lengua y literatura siríaca. Allí fue profesor adjunto a la cátedra de siríaco, y obtuvo el doctorado con una tesis sobre la apocalítica cristiana en Oriente en el período del surgir del Islam. Durante todos estos años, no deja de trabajar pastoralmente, sobre todo con jóvenes. Ya en 1975, junto con otros jóvenes sacerdotes, pone en marcha unos campamentos para jóvenes en los Picos de Europa, y unos cursos de verano para formación de jóvenes en Ávila. También junto con esos sacerdotes, crea la asociación cultural “Nueva Tierra”, para educar a los jóvenes a un testimonio culturalmente significativo de su fe. Durante su estancia en Alemania, a través de un joven jesuita de Frankfurt, conoce el Movimiento “Comunión y Liberación”, que estaba por entonces empezando también en España, y al que se terminarían uniendo gran parte de los sacerdotes y de los jóvenes de la Asociación “Nueva Tierra”. Incluso en los años de estudio en el extranjero, durante los veranos, sigue organizando los campamentos y los cursos de formación de Ávila. Su nombramiento como Obispo Auxiliar de Madrid se hizo público el 20 de marzo de 1985, apenas regresado de Estados Unidos. Fue ordenado Obispo el 11 de mayo de 1985. Como Obispo auxiliar, se ocupó sobre todo de la Pastoral Universitaria y de Juventud, y del Centro de Estudios Teológicos “San Dámaso”. Fue profesor de ese mismo Centro, y también en el Instituto Diocesano de Filología Clásica y Oriental "San Justino", cuya creación impulsó. En Madrid, trabajó también en las áreas de Enseñanza, Catequesis, Familia y Medios de Comunicación Social. El 15 de marzo de 1996 fue nombrado por el Santo Padre Obispo de Córdoba, e inauguró su ministerio el 18 de mayo de 1996. El 15 de marzo del 2003 se hizo público su nombramiento como Arzobispo de Granada, e inauguró su ministerio en Granada el 1 de junio de ese mismo año. Al llegar a Granada, entre las iniciativas que D. Javier ha puesto en marcha desde el año 2003, figura la creación del Centro Internacional para el Estudio del Oriente Cristiano / Internacional Center for the Study of the Cristian Orient (ICSCO). El Centro ofrece cursos de algunas lenguas del Oriente cristiano, así como viajes a los países en los que se conservan las tradiciones cristianas de Oriente y las comunidades que las transmiten. Este centro se instalará en su día en la Abadía del Sacro Monte, que es su lugar natural. En septiembre de 2008, ICSCO organiza, junto con dos universidades libanesas, dos importantes congresos internacionales: el X Symposium Syriacum y el VIII Congreso Internacional de Estudios Árabes Cristianos. También ha creado el Instituto de Teología “Lumen Gentium” y el Instituto de Filosofía “Edith Stein”. El Instituto de Teología “Lumen Gentium” está afiliado a la Facultad de Teología de “San Dámaso”, de Madrid. En él se forman los seminaristas de la Diócesis, y está abierto a otras personas interesadas en el estudio de la Teología. El Instituto de Filosofía “Edith Stein” quiere ser un lugar de estudio y de redescubrimiento de la Filosofía, según las orientaciones de la encíclica Fides et ratio, y también un lugar de creación y difusión de pensamiento cristiano en el mundo actual. En el año 2005, el Instituto de Filosofía “Edith Stein” organizó un encuentro en el que participaron unas 30 figuras relevantes del pensamiento teológico anglicano y protestante anglosajón (entre ellas, sobre todo, John Milbank y Stanley Hawervas), y en el 2007, un congreso organizado en colaboraboración con el Center for Filosophy and Theology, de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), sobre el tema Belief and Metaphysics. Las actas de este congreso han sido ya publicadas en la colección Veritas de la editorial SCM de Londres. Y, de hecho, en este congreso participaron alrededor de 130 personas de todo el mundo. Igualmente, D. Javier ha creado la Editorial “Nuevo Inicio”, que publica obras de pensamiento cristiano, y el Centro Cultural Nuevo Inicio, que sirve a una mayor conciencia de lo que significa una cultura cristiana, y quiere ayudar desde la fe a iluminar las realidades de la vida y la cultura contemporáneas. En la Conferencia Episcopal ha sido miembro de las Comisiones de Enseñanza y Catequesis, de Medios de Comunicación Social, de Doctrina de la Fe, y de las Subcomisiones de Universidades y de Familia. Desde 1989 hasta 1993, fue miembro del Consejo Pontificio para el Diálogo con los no creyentes, y desde 1993 hasta 1998 ha sido miembro del nuevo Consejo Pontificio de la Cultura, que sustituyó al anterior. Desde 1998 es miembro del Consejo Pontificio para los Laicos. En la Asamblea de los Obispos de las Provincias Eclesiásticas de Granada y Sevilla ha sido el Delegado para la Pastoral Social y de la Salud hasta diciembre del año 2000, y para la Catequesis hasta octubre de 2005. Ha participado en diversos Congresos internacionales relacionados con el Cristianismo Oriental o con los Padres de la Iglesia (Chicago, Varsovia, Gröningen, Leuven, Catania, Lyon). Es también miembro de distintas asociaciones científicas y culturales, entre las que destacan la International Association for Coptic Studies, desde 1984, AEDOS (Asociación para el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia), fundada en 1989, miembro del Honorary Commitee del Europe-Near East Centre “Terrasanta” de Bari, fundado en 1990, miembro del Comitato Scientifico Internazionale de la revista “La Nueva Europa”, publicada por el Centro Russia Cristiana de Milán, desde 1992, miembro de la Association Internacional d’études patristiques, desde 1992, y miembro del Comitato Promotor de la revista al-Waha (Studium Marcianum, del Patriarcado de Venecia). Desde hace años, y en la medida en que sus responsabilidades pastorales se lo permiten, trabaja en la traducción española de las obras del Doctor de la Iglesia San Efrén de Nisibe.