Carta pastoral de Mons. Rafael Zornoza: “Contagia solidaridad para acabar con el hambre”

Manos Unidas nos moviliza año tras año para luchar contra el hambre en el mundo. La campaña de este año nos invita a pensar en la corresponsabilidad del bien común, y pide a cada uno: «Contagia solidaridad para acabar con el hambre«. Manos Unidas quiere denunciar las consecuencias que la pandemia del coronavirus está teniendo entre las personas más vulnerables del mundo para promover la solidaridad entre todos y así combatir la desigualdad –otra epidemia considerable— que condena al hambre y a la pobreza a millones de personas. Solamente un aluvión de entrega, solidaridad y caridad puede contrarrestar esta crisis sanitaria, económica y social sin precedentes, pero, para eso, es necesario un contagio masivo de generosidad. Como sabemos bien por experiencia, está en nuestras manos ir mejorando las situaciones de descarte que aún persisten en muchas partes del mundo, abordando cada proyecto con el apoyo de cuantos están dispuestos a transformar eficazmente la vida de los más pobres de la tierra.

Conocemos bien a Manos Unidas, que desde hace sesenta y dos años mantiene esta lucha contra el hambre con una constancia ejemplar, con planes y proyectos muy precisos que llaman nuestra atención, para que nos dejemos contagiar de la solidaridad con quienes viven en los lugares donde el hambre, y ese cúmulo de males añadidos a la pobreza, son la realidad más penosa y angustiosa. Basta mirar algunas cifras para ver la magnitud del problema, agravado por la crisis sanitaria mundial, sobre todo entre los más empobrecidos del Sur. Los 1.300 millones de personas que había a principios de 2020 sufriendo pobreza multidimensional podrían aumentar este año en 500 millones, a causa de la pandemia.

La experiencia dramática del coronavirus ha de llevarnos a reafirmar enérgicamente la dignidad de todo ser humano y sus derechos, la necesidad de generar nuevos estilos de vida solidarios, la urgencia –desde la política y la economía— de crear condiciones de vida más humanas, centradas en la dignidad de cada persona y en el bien común. La situación que estamos viviendo nos obliga a reforzar nuestro compromiso y nuestra misión. El hambre en el mundo es reflejo de la desigualdad que existe, y para acabar con ambas es necesario cultivar una cultura de la solidaridad capaz de implicar a la mayoría en la construcción del bien común.

La solidaridad es, en efecto, una exigencia de nuestra dignidad humana compartida, y el deber de que cada ser humano sea responsable de todos los demás, de modo que cada cual asuma las necesidades del otro como si se tratara de las suyas propias. La responsabilidad supone anteponer el bien común al interés particular egoísta, y ser capaces de renunciar a algo propio para sacrificarnos por el bien común, porque nos cuesta dar de lo nuestro para favorecer a los que están más necesitados.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.