Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Si quieres, puedes limpiarme

Jesús, en toda su actividad evangelizadora, va a cumplir en todo momento la misión que el Padre le había enco­mendado.

En este contexto hemos de enten­der los milagros en Jesús y el desem­peño de su misión.

Jesús ha venido a mostrarnos la verdadera identidad de Dios como Padre misericordioso capaz de com­padecerse de las faltas y debilidades, miserias y necesidades de los seres humanos. Por eso, en muchos de los hechos milagrosos encontramos a Je­sús mostrándose compasivo y mise­ricordioso.

Esto es precisamente lo que hace y lo que muestra cuando aquel leproso se acerca a él y le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús, «compa­decido, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio» (Mc.1, 41-42).

Cristo se compadeció de aquel le­proso y lo curó. Cristo realiza el mi­lagro de la curación de aquel hombre enfermo de lepra porque tiene mise­ricordia de él, para mostrar que ese es un signo claro de la presencia de Él en el mundo, mostrando así la identi­dad de Dios Padre, que es compasivo y misericordioso con nosotros.

El mismo Jesús nos recuerda los signos de la presencia de la presen­cia del mesías en el mundo, cuando Juan el Bautista, que está en la cárcel, manda a unos discípulos suyos a que le pregunten si es él el mesías o tie­nen que esperar a otro. La respuesta Jesús a los emisarios de Juan fue esta: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resuci­tan, los pobres son evangelizados».

La manifestación de la compa­sión con aquel leproso es lo más im­portante para él, aunque para ello tenga que saltarse la ley que prohi­bía tocar a los leprosos porque quien los tocase se volvía impuro. Él se compadece de él, se acerca, lo toca y queda limpio.

En el momento actual de pande­mia que estamos sufriendo, puede que en nuestra vida y en el trato con nuestros hermanos, se den situaciones parecidas. Hay normas que impiden la cercanía para que no haya contacto.

El Papa, en Fratelli tutti, nos dice unas palabras realmente hermosas que estamos necesitando: «Ahora nos hacen falta gestos físicos, ex­presiones del rostro, escuchas y si­lencios, lenguaje corporal y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso forma parte de la comuni­cación humana».

Todos somos conscientes de que en esta situación de pandemia tene­mos largas distancias que acortar, hondas soledades que calentar, lágri­mas que limpiar de tantas personas que están sufriendo.

No quiere esto decir que no ten­gamos que tener y poner todas las prevenciones que se nos dicen para no contagiarnos y no contagiar noso­tros a otros, que tenemos que poner­las. Quiere decir que estas me­didas pre­ventivas no tienen que servirnos de excusa para mirar a otro lado ante quien está sufrien­do, que podemos guardar todas esas medidas de seguridad, pero tene­mos que sentirnos interpelados por quien nos necesita en esta situación concreta y preguntarnos y contestar con nuestra generosidad prestando nuestra ayuda a tantos como hoy nos pueden estar necesitando en esta si­tuación tan complicada.

Nuestra caridad es y debe ser ma­nifestación del gran amor que Dios tiene a cada uno de nosotros como hijos de Dios que somos. Nuestra en­trega, nuestro respeto y el respeto a la dignidad de los más pobres.

La cercanía a los enfermos y a los necesitados, decía el papa Francisco en el mensaje para la Jornada del En­fermo, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo al que sufre en la enfermedad.

Como seguidores de Jesús, esta­mos llamados a ser misericordiosos como el Padre con nosotros y amar a los hermanos enfermos, débiles y doloridos, y concretar el manda­miento nuevo en el servicio al próji­mo, porque servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pue­blo, es siempre expresión del gran amor de Dios a ellos.

 

 + Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.