Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: Contagia solidaridad para acabar con el hambre

Con este lema, la asociación católica Manos Unidas celebra este domingo la jornada de lucha contra el hambre en el mundo. Me gustaría que todas las parroquias e instituciones eclesiales de la diócesis nos uniéramos a esta campaña para concienciarnos sobre este fenómeno tan inhumano e injusto, que nos debería avergonzar a todos y que, además, se ha visto agravado por la pandemia del coronavirus y sus consecuencias. Tenemos una ocasión para compartir nuestros bienes y solidarizarnos con quienes más lo sufren. Algunos estudios indican que en el mundo 1300 millones de seres humanos viven en situación de pobreza extrema por el hambre, la enfermedad, falta de agua y saneamiento, violencia o exclusión. A ellas hay que sumar las personas que no disponen de acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes, que pueden llegar a la cifra de 2000 millones en nuestro mundo. Además, se prevé que por su impacto negativo en la economía, el coronavirus podría empujar a otros 500 millones de personas a la pobreza.

Manos unidas nos recuerda cada año que los cristianos no podemos permanecer indiferentes ante esta situación, sino que debemos ser solidarios con ellos. La palabra clave de la campaña de este año es la solidaridad. Este compromiso es una exigencia de nuestra dignidad humana, compartida con quienes viven las consecuencias de tantas injusticias que impregnan las estructuras de nuestro mundo. Solidaridad significa que cada uno de nosotros, según las circunstancias, ha de sentirse responsable de los demás. El papa Francisco, en su encíclica Laudato sí nos ha recordado que en las “condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas iniquidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en una llamada a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres” (158). El hecho de pertenecer a una misma naturaleza nos debería llevar a pensar en el otro y a contribuir al desarrollo auténtico de toda persona.

Nuestro compromiso debería ir más allá de recordar estas injusticias un día al año; debería ser permanente y llevarnos a generar actitudes, estilos de vida y modos de consumo compatibles con la protección de la dignidad de todos. E incluso podríamos dar un paso más: si pensamos en las cosas superficiales que deseamos o tenemos quienes vivimos en esta sociedad caracterizada por el confort y el consumo, estaría bien que no olvidáramos unas palabras del papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium: “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás” (190). De este modo, la solidaridad dejaría de ser un gesto aislado y se convertiría en una actitud que caracterice toda nuestra vida: no tomar ninguna decisión pensando únicamente en nosotros mismos, sino teniendo siempre presentes a los demás. Si somos capaces de contagiar este estilo de vida estaremos contribuyendo a construir un mundo más justo.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.