Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: Humanismo cristiano activo III. Manos Unidas

Tenemos claro que un cristiano no puede dejar de ser humanista, ya que en el origen fundamental de su fe se encuentra el misterio de la Encarnación, el Dios hecho plenamente hombre: profesamos por ello que Jesucristo es la definición, la medida, el paradigma de persona humana, como nos dice el Concilio Vaticano II (GSp 22). Así mismo sabemos, por conocimiento de la historia y por experiencia, que esta sensibilidad hacia todo lo humano, incluso el sueño de un mundo “plenamente humano”, ajustado a las exigencias de toda persona humana, es un rasgo característico de todo creyente.

Sin embargo, cuando exponemos estas ideas, no faltan quienes nos recuerdan que el mundo es muy complejo y que nuestro discurso está muy bien para la clase o el púlpito, pero no para la vida real. Es complejo particularmente el mundo de la vida pública, el de la política, el de la cultura, el de la acción social.

Ya lo sabemos. Pero no hay que ir muy lejos para encontrar ejemplos actuales de verdadero humanismo activo, concreto y bien visible, para quien quiera ver. Uno de ellos es la “Organización Manos Unidas”.

La “Organización Manos Unidas” nació en los años 1959-1960 entre las Mujeres de Acción Católica Española. Ellas, respondiendo al llamamiento de la FAO, que reclamaba acciones en contra del hambre y del subdesarrollo, se comprometieron a luchar contra “el hambre de paz, de cultura y de Dios que padecía gran parte de la humanidad”. Realizaron su primera Campaña contra el Hambre en 1960. Desde entonces se fueron organizando ayunos voluntarios y colectas para denunciar y luchar contra el subdesarrollo. Año tras año la iniciativa fue creciendo. En 1970 estaba ya consolidada y la Conferencia Episcopal Española acordó que se hiciera una colecta extraordinaria contra el hambre en el mundo en todas las parroquias de España. La Organización dejó el nombre de “Campaña”, para llamarse “Manos Unidas”, como Asociación de la Iglesia al servicio de los pobres del tercer mundo.

Conocer este origen tiene una gran importancia. Porque nos hemos de situar en aquel tiempo, cuando las Mujeres de Acción Católica eran muy numerosas y compartían y vivían su fe con la voluntad de abrirse a la realidad y proyectar sobre ella su compromiso. Tenían como objetivo superar la vivencia de la fe, aislada en la intimidad o en los espacios exclusivos de la plegaria o la reflexión. Entonces, adheridas al Movimiento Internacional de Mujeres Católicas, asumieron el reto de asociarse para luchar contra el hambre.

Este era uno de tantos ejemplos de las muchas obras sociales que iniciaron hombres y mujeres de Acción Católica de entonces. Lo interesante era que la mirada con la que captaban la realidad humana no era otra sino la de la fe: obedecían entonces al humanismo cristiano, según el cual el hambre, la incultura, la marginación constituían una llamada a la acción y al compromiso.

“Las manos unidas” que muestran la Organización son un símbolo de la comunión que nace en el mundo a partir de Jesucristo, de su Espíritu de Amor. Cuando esa comunión se hace efectiva y concreta, produce entre otros efectos, una fuerza desencadenante de “solidaridad”. Si esta solidaridad encuentra la pobreza, el hambre, la marginación, entonces el mundo cambia. El pequeño o gran espacio de mundo recupera su rostro verdaderamente humano. Es decir, un rostro más semejante al proyecto de Dios.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.