Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: Jornada Mundial del Enfermo

El día 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, la Iglesia celebra la Jornada mundial del enfermo. Es un buen momento para recordar y orar por todas las personas enfermas y por aquellos que las cuidan y, de este modo, manifestarles nuestra cercanía y afecto. La enfermedad es el momento en el que el ser humano experimenta de un modo radical la propia fragilidad, y la ocasión para abrirse a Dios con la confianza de la fe. Para los familiares es también ocasión para crecer en la vivencia del amor al que sufre. Cuando la enfermedad es afrontada de este modo se puede llegar a crecer en la fe y en la caridad, que es lo que hace progresar a la Iglesia en santidad. Por ello es tan importante el acompañamiento pastoral a los enfermos y a sus familias. La enfermedad tiene rostros concretos. Esta jornada nos lleva a pensar en las personas que hemos acompañado o estamos acompañando en el sufrimiento, tanto en las propias familias como en las comunidades cristianas, y que han sido para nosotros un auténtico testimonio de fe. Deseo que esta celebración nos conciencie más en este aspecto tan importante en la vida de nuestras parroquias y comunidades.

Desde hace un año estamos viviendo una experiencia de fragilidad universal. Seguramente todos tenemos conocidos que han sufrido la enfermedad provocada por el COVID-19, e incluso que han fallecido. La incertidumbre, el temor y la consternación que sentimos cuando pasamos por la prueba del dolor lo estamos viviendo colectivamente: es una enfermedad desconocida, que tiene efectos distintos en cada afectado, difícil de controlar y de predecir. Todo esto está afectando a la vida social y económica y a las relaciones interpersonales y familiares. Que esta experiencia no nos lleve a actitudes egoístas, sino a crecer en la solidaridad mutua, a preocuparnos por cuidar de la salud de todos y evitar comportamientos insolidarios.

La jornada de este año nos hace pensar también en los enfermos que están en la fase terminal de la vida y necesitan, más que en ningún otro momento, sentir el afecto y la cercanía de los suyos y de la comunidad cristiana. Debemos evitar que lleguen a pensar que son una molestia o un estorbo, o que su vida ya no vale porque no es “útil” o no tiene “calidad”. La dignidad de la vida humana no depende ni de su utilidad ni de su calidad. La persona tiene un valor absoluto en sí misma y debe sentirse amada en todo momento. La medida de la autenticidad del amor cristiano es estar más cerca de quienes más lo necesitan.

Estos valores, que han configurado nuestra cultura desde hace siglos y han dado lugar a una gran cantidad de instituciones dedicadas al cuidado de los enfermos, y que ahora están en peligro por la extensión de una cultura caracterizada por un individualismo sin límite ético que transforma los deseos en derechos y en leyes, son los que han de alentar en todo momento nuestra acción pastoral. Pidamos al Señor que también la actuación de los legisladores, cuya primera obligación es defender la vida de los más frágiles, garantizar los cuidados necesarios y evitar todo aquello que la pueda poner en peligro, se guie por estos principios que son el fundamento de una civilización verdaderamente humana.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.