Carta pastoral de Mons. Amadeo Rodríguez: Manos Unidas 2021 «Contagia solidaridad para acabar con el hambre»

Hermanas y hermanos:

Invitar a contagiar en tiempo de pandemia resulta, a primera vista, un tanto inoportuno; sobre todo cuando la sociedad en general, con excepción de los negacionistas, no quieren ni oír hablar de contagio. Tampoco nosotros, en efecto, lo queremos; al contrario, empezaremos pidiendo solidaridad para que este mal universal se aleje porque lo hemos venido venciendo con todos los medios a nuestro alcance: espirituales, sanitarios, científicos, políticos y, sobre todo, con una conciencia social común.

No obstante, todos sabemos que si bien hay un contagio malo, el que enferma y mata; hay también en este excepcional tiempo de nuestra sociedad un contagio bueno, muy bueno, el de la solidaridad. Si algo hemos descubierto es que la COVID-19 o se le vence entre todos o no seremos capaces de vencerlo. Por muchos recursos sanitarios que tengamos está visto que no son suficientes. Se necesita la solidaridad del cuidado, de que todos nos convirtamos en cuidadores de todos.

Ha hecho muy bien Manos Unidas en promover este contagio positivo; sobre todo para que no nos olvidemos de esos otros males que la sociedad mundial tiene aún muy estancados en diversos lugares del mundo y que necesitan de un contagio moral positivo para que se vayan dando pequeños pasos en su solución.

Manos Unidas, como todos sabemos, está en la lucha contra todos esos males, manteniendo como prioritario el lucha contra el hambre, día a día, mes a mes y año a año. Con una constancia ejemplar siguen con planes y proyectos muy precisos, por su conocimiento de la realidad de la injusticia y la pobreza en este mundo. Este año el admirable equipo de nuestra Diócesis de Jaén nos anima a colaborar en tres proyectos, de distinto carácter, en el Salvador, Camboya y la India.

Contantemente llaman nuestra atención a que nos dejemos contagiar de la solidaridad con quienes, de un modo especialmente arraigado, viven en zonas en las que el hambre y el conjunto de muchos males es una realidad para muchos millones de seres humanos. Hay un mundo que nos debería de avergonzar en lo más íntimo de nuestra dignidad, en el que el descarte social se ha instalado como una forma habitual de vida. También, nos debería de avergonzar que, a pesar de sus muchas carencias, sean más felices que nosotros, que tenemos tanto a mano.

Justamente por eso, porque la injusticia es el peor de los contagios, ahora toca contagiar el único camino, el único sentimiento, la única forma efectiva de curar esa terrible enfermedad social. La solidaridad ha de ser contagiada entre todos para acabar con el hambre, con sus causas y consecuencias. Con ese lema nos convoca Manos Unidas este año para esta Campaña; nos dice que está en nuestras manos ir poco a poco, proyecto a proyecto, mejorando la situación de descarte que aún persisten en muchas partes del mundo. Con lo que hace este colectivo solidario, nacido en la Iglesia Católica hace, sumado a tantas otras iniciativas y modos de abordar la situación del tercer mundo, podemos ir invirtiendo lo que es injusticia patente en una siembra constante de solidaridad, que contagia y transforma la vida de los más pobres de la tierra.

Os invito, por tanto, queridos hermanos y hermanas a colaborar en esta campaña de 2021. Los católicos, guiados por el Evangelio y por la Doctrina Social de la Iglesia, no podemos permanecer impasibles. Al contrario, hemos de ser conscientes de que, si bien es verdad que no somos mejores que los que no comparte con nosotros la misma fe, nuestras convicciones religiosas inexorablemente nos llevan a ser profundamente solidarios. La solidaridad es para nosotros un impulso divino: nos ocupamos de los más débiles, vulnerables y descartados, porque esos son los predilectos del mismos Dios y a esos fue enviado especialmente Jesucristo, como el mismo recordó, al leer la Escritura, en la Sinagoga de Nazaret.

Seamos generosos con la generosidad que nace de ser amados y elegidos por el corazón amoroso de Dios.

Con mi afecto y bendición.

 

 + Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.