Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: La Vida Consagrada parábola de fraternidad en un mundo herido

Queridos hermanos y hermanas de la Vida Consagrada. Es la primera vez que me dirijo a toda la Vida Consagrada tan rica en nuestra Archidiócesis de Toledo. Quiero que os llegue a todos, mi cercanía, oración y bendición por ser “sal de la tierra y luz del mundo” en este tiempo de crisis generalizada que nos ha tocado vivir. Sabemos que todos queremos impregnar de esperanza nuestra tarea a través de los carismas que embellece la Iglesia y que vivís en vuestras comunidades fraternas al servicio de la evangelización.

El lema de la jornada de este año que hemos celebrado el pasado 2 de febrero, no puede ser más acertado y sugerente: “La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido”. ¿Cuáles serán las claves a vivir en este tiempo?

1.-La vida consagrada, pertenece al elemento esencial constitutivo de la Iglesia Santa. Sigue siendo, para todos, una llamada a seguir a Cristo con radicalidad evangélica. En todas mis visitas y presencia en la vida consagrada, tanto monástica, religiosos, institutos seculares, vírgenes consagradas, sociedades de vida apostólica, ermitañas, nuevas formas de vida consagrada, he comprobado que si es verdad que el tiempo no pasa en balde y es necesario a veces una renovación desde lo que tenemos y que no es fácil. Sin embargo, se palpa, aún en medio de la tragedia que vivimos del coronavirus y que ha afectado a tantas comunidades religiosas, muchas de ellas han conocido la muerte de personas consagradas (hemos rezado y seguimos haciéndolo por su eterno descanso), que es verdad que siguen adelante, sembrando esperanza y alentando a todos a poner los ojos en el Señor de la Vida y de la Historia.

2.-Es verdad que la vida consagrada es una parábola de fraternidad. Por parábola se entiende que se vive en el lenguaje comprensible a todo el mundo. Se trata de vivir desde lo profundo del evangelio, como una parábola de comunión y unidad. No nos podemos quedar en lamentaciones estériles, ni en seguir engrosando la lista de quemados intensivos y en peligro de muerte. Es necesario que esa parábola se viva uniendo inseparablemente fidelidad y felicidad. No soñar felicidades sin ser fieles. Y no soñar fidelidades sin ser felices, pues tenemos siempre la tentación de querer marcharnos de la casa del Padre, como hizo el hijo pródigo, por no ser felices en su amor. Hagamos como cuando se mezcla el café con la leche, que ya son inseparables y no se puede distinguir, como no se debe separar nuestra fidelidad y nuestra felicidad.

3.-En un mundo herido la vida consagrada, como la misma Iglesia, como toda la humanidad sin excepción debe apostar por la ruta de la esperanza.

Es verdad que algunos siguen dejando la vida consagrada, que se quedan en el camino. Que nos faltan vocaciones, que muchos son mayores ya y dependientes, que tenemos que cerrar casas y obras muy queridas para la vida del Instituto, pero hay que saber que después del duro invierno viene galopando la primavera.

Hay que permanecer en el Amor y saber que, con Él, la Iglesia y nuestros Institutos o Congregaciones saldremos adelante. Acabo de nombrar un vicario para la vida consagrada y estamos alentando a que esa vida tan rica en nuestra archidiócesis, siga adelante, para que todos podamos superar la crisis de dentro y de fuera.

Es necesario trabajar muy cerca de la vida monástica, alentando la gran labor de la CONFER y de CEDIS (para los Institutos Seculares) para en estos momentos, en nuestro mundo herido, ser sembradores, como nos recuerda el Papa Francisco, del gozo del Evangelio.

Es nuestro reto. Con María cantamos el Magníficat de nuestra vida consagrada, pues el Señor hace maravillas con los humildes y los pobres.

Os bendigo de corazón

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo, Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
Acerca de Mons. Francisco Cerro Chaves 191 Articles
Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.