Carta pastoral de Mons. Salvador Giménez: Gente mayor y Vida Creixent

Queridos diocesanos:

Los creyentes no tenemos un tope temporal para la formación y el crecimiento personal en nuestra vida cristiana. La fe en Jesucristo permanece siempre en nuestro interior y tratamos de hacerla visible con las buenas obras. Aprendemos los elementos básicos de la fe en los primeros años de nuestra existencia y nos acompaña siempre, con certezas y dudas, con alegrías y tristezas, con diálogos y con silencios… hasta la etapa final de nuestra vida. Necesitamos de manera cotidiana reflexión, revisión de vida y oración.

El objetivo del movimiento apostólico de Vida Creixent, tan extendido en nuestra diócesis, desea conseguir una atención especial a las personas mayores que son una fuente de sabiduría y un pozo de experiencia y afecto para toda la sociedad. Una atención a su vida cristiana que conservan con esmero y con ilusión; a veces no terminan de comprender la reducida aceptación de su herencia espiritual en los hijos y nietos pero ello no obsta para practicar con constancia los principios básicos de la fe y el intento tenaz de darlos a conocer.

Hemos hablado mucho durante los últimos meses de la gente mayor en general y de nuestros abuelos en particular. La pandemia que estamos sufriendo ha puesto delante de nuestros ojos la vulnerabilidad de los mayores. El porcentaje de fallecimientos ha sido elevadísimo, la preocupación en las residencias ha subido mucho, la soledad de los ancianos en sus
domicilios ha puesto en guardia a todos los familiares. El miedo y la incertidumbre han sido moneda corriente en la realidad y en los comentarios referidos
a los mayores.

Con este planteamiento no contaban los equipos de Vida Creixent. No han podido reunirse para conversar, para reflexionar y para rezar. Ha habido una parálisis en las actividades previstas y un teléfono cercano para interesarse por la salud y por su situación personal y ambiental. Es cierto que se ha producido el efecto positivo de alertar sobre sus condiciones de vida y sobre sus necesidades más inmediatas.

En el ámbito eclesial se ha respondido con escritos, programas y dedicación personal en las residencias para aliviar algunas penalidades. En concreto, el último lema de la Jornada de la Familia tenía como referencia a los ancianos, a quienes se les describía como tesoro de la Iglesia y de la sociedad. El afecto, la experiencia, la sabiduría y la espiritualidad que atesoraban eran motivo suficiente para una respuesta cálida y decidida por parte de toda la sociedad. Por supuesto por parte de la Iglesia y de todas las comunidades cristianas donde conviven y celebran su fe.

Aunque cada año tengo un recuerdo para este movimiento con motivo de su fiesta anual del día 2 de febrero, en esta ocasión lo hago con un cariño especial al que ruego que os suméis todos. Estamos obligados a una mayor atención a los ancianos en todas
las dimensiones, desde la física a la espiritual; estamos obligados a devolverles lo mucho que han hecho por nosotros; estamos obligados a agradecerles su enorme servicio a la familia y a la sociedad; estamos obligados a ayudarles a eliminar los miedos y las incertidumbres para que puedan volver a encontrarse en el templo con Dios y con la comunidad.

La fiesta de Vida Creixent gira en torno a dos figuras entrañables, los ancianos Simeón y Ana, que se encuentran con el Niño Jesús cuando lo llevan a presentar al templo. Ese mismo día celebran su fiesta anual los miembros de la Vida Consagrada. Una oración por ellos, sobre todo por los abundantes ancianos de las comunidades de nuestra diócesis.

Con mi bendición y afecto,

† Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.