Carta pastoral de Mons. José Leonardo Lemos: Testigos de la fraternidad cristiana

Desde hace veinticinco años, por expreso deseo del san Juan Pablo II, se institucionalizó la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, haciéndola coincidir con la fiesta de la Presentación del Señor, popularmente llamada de la Candelaria. En nuestra Diócesis, contando con la valiosa ayuda del Delegado para la Vida Consagrada, he procurado no sólo ayudar a preparar, sino participar en esta jornada, viviéndola lo mejor posible y dándole, también, un sentido de encuentro fraternal entre los consagrados/as, el obispo, los sacerdotes, los grupos, movimientos y asociaciones, así como los demás fieles laicos presentes en cada celebración.

Este año, las graves circunstancias de la pandemia, nos obligan a vivir esta fiesta de una manera más sobria y recogida, casi en lo más íntimo de vuestras comunidades y familias religiosas; a pesar de todo, quisiera haceros llegar mi deseo de que todos la vivamos más desde el  corazón, al estilo de Santa María, cuya figura nos la presenta la liturgia de la Iglesia como aquella que sale a nuestro encuentro con la Luz en su maternal regazo: Jesucristo, nuestro Dios y Señor. Sólo Ella puede ayudaros, especialmente a los consagrados – hermanas y hermanos -, a vivir en vuestra vida, personal y comunitariamente, como una “parábola de la fraternidad” en medio de nuestro mundo herido, como reza el lema de este año.

A pesar de  las dificultades que se ciernen sobre nosotros y sobre toda la sociedad, los consagrados, tanto los de aquí, como aquellos que se encuentran allende nuestras fronteras, sois el rostro vivo de la Iglesia que estáis llamados a construir una gran historia de fidelidad y de amor. Solo lanzando la mirada a nuestra historia reciente nos damos cuenta de lo mucho que os debe la Iglesia que camina por estas tierras. Todavía hoy, tanto la ciudad como las villas que forman parte de nuestra Diócesis guardan un testimonio, a veces silente, de la presencia de vuestros carismas y de cómo habéis sabido, a lo largo del tiempo, plasmarlos no solo en obras materiales, sino en esas construcciones hechas de carne viva que son tantos niños y ancianos, hombres y mujeres en los que habéis dejado una impronta de vuestro amor.

Os ruego – sean vuestros años los que sean -, que no os canséis de ser faro y luz para toda la familia eclesial, y para tantos hombres y mujeres de buena voluntad que buscan y no encuentran, para todos los que queremos luchar y “caminar unidos”, sinodalmente, bajo el impulso del Espíritu ¡Hay mucho que hacer! No podemos dejarnos “achatar” por los datos estadísticos negativos, que nos sirven de buena fe, pero pronostican un declive alarmante de la vivencia de la fe en nuestros contemporáneos; son datos que están cargados de una fría objetividad que parecen suscitar desilusión y, hasta cierto punto, desesperanza. Sin embargo, el Señor, por medio de su Palabra, nos está diciendo con insistencia: ¡No temáis! ¡Lanzad las redes! Seguid caminando “en” y “con” la Iglesia porque Jesús nos dice “sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Esta certeza es la que nos alienta a todos, cada día, para ponernos en pie y seguir construyendo caminos de fraternidad y de esperanza.

Mis queridos hermanos y hermanas: Sabed que, aunque este año no podemos hacer una convocatoria como lo habríamos hecho en situaciones normales, sin embargo, en la medida de nuestras posibilidades – cumpliendo la normativa de seguridad y aforo previstos – celebraremos la Eucaristía de la fiesta de la Presentación del Señor, con la mayor solemnidad que nos sea posible, y lo haremos en la Catedral del Señor San Martín, la Iglesia de vuestro Obispo y, por consiguiente, ¡vuestra Iglesia madre! En ella haremos un recuerdo especial por las consagradas que, durante estos últimos meses, han fallecido, bien por el covid-19 o por otra causa. Es mi deseo hacer este recuerdo porque en los últimos meses no he podido asistir a la misa exequial de algunas religiosas, tal como es mi costumbre. ¡Qué mejor ocasión que esta fiesta!

De manera especial las consagradas sois en medio de nuestra sociedad un reflejo de eternidad y, con vuestro testimonio de vida, sois el anuncio constante de ese cielo nuevo y de esa tierra nueva (cf. Ap 21,1), que el Buen Dios tiene preparado para los que lo aman (cf. 1 Cor 2,9).

En medio de este mundo tan herido a causa del dolor, enfermedad, muerte, hambre, falta de trabajo digno, abusos, violencias, etc. seguid luchando por ser testigos de esa hermosa utopía de la fraternidad, a la que nos invita Jesús – la Luz del mundo -, y así seguiréis siendo esas auroras luminosas y alegres que transfiguráis el rostro del Resucitado que hoy y siempre nos mira con ternura ¡Os necesitamos!

Con mi bendición y afecto. Os pido que recéis por mí y por las vocaciones.

En la ciudad de Ourense, 31 de enero de 2021. Fiesta de san Juan Bosco.

J. Leonardo Lemos Montanet

Bispo de Ourense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
Acerca de Mons. José Leonardo Lemos Montanet 58 Articles
Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.