Jaén celebra su Congreso diocesano de laicos 2021

La propuesta era arriesgada, reeditar en la diócesis de Jaén el Congreso de laicos, “Pueblo de Dios en salida”, que se celebró en febrero de 2020 en Madrid. Hacerlo el sábado 30 de enero de manera online, y crear distintos grupos con los diferentes itinerarios de trabajo para que, según las preferencias de los inscritos, pudieran formarse en los temas elegidos. El resultado ha sido fantástico, y a pesar de ser 100 por 100 online, se ha sentido la sinodalidad y la presencia del Espíritu que ha derramado sus dones entre los más de 200 jiennenses que a lo largo de la mañana se han ido sumando al Congreso diocesano.

El obispo de Jaén, miembros del Consejo de Gobierno, párrocos, miembros de la Curia diocesana, pero sobre todo laicos comprometidos con la Iglesia de Jaén, convencidos de su labor indispensable dentro de la Iglesia y como fermento en la sociedad.

Organizado por la Vicaría de Evangelización, a través de la plataforma digital Zoom, el Vicario, Juan Ignacio Damas, ha creado una serie de salas de trabajo común y particular, cuyo engranaje ha funcionado como un perfecto reloj.

Pasadas las 09:30 de la mañana comenzaba su ponencia el obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez Magro, quien ha manifestado su alegría por este encuentro virtual. El prelado del Santo Reino ha recordado a los participantes que tienen una misión fundamental en la Iglesia, que a pesar de sus limitaciones es “una Iglesia viva”. A la vez, dirigiéndose a los laicos les ha animado en su labor, “a vosotros, los laicos, os digo– ha expresado Don Amadeo- confiamos mucho en vosotros, en la acción del Espíritu en vuestras vidas, en la acción en una Iglesia sinodal, en la comunión del Señor, que quiere ser claramente misionera”.

Don Amadeo ha recordado que el “Pueblo santo que camina tiene su lugar de acción en la calle, donde tenemos que anunciar, con alegría, a Jesucristo”. Para concluir su intervención, el obispo ha pedido que “este Congreso apunte alto”, a la vez que ha añadido, “el Congreso tiene un toque divino, porque todo es de Dios, y todo tiene un líder, en nuestro caso, a Jesucristo que le da sentido a nuestras vidas”.

Una oración compartida ha creado un clima perfecto para dar comienzo al Congreso. Dos de los participantes en el Congreso de Madrid, Laura Pérez y Fernando Sanz han compartido la ponencia “en la línea del laicado español”. Los dos han compaginando su testimonio trasladando las conclusiones del Congreso de laicos, en las que se habló de sinodalidad y comunión como las claves de papel de los laicos en nuestro país. Después de un repaso histórico de la labor laical desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, se ha expresado la necesidad de espacios de participación en la Iglesia y en la sociedad para vivir “nuestra vocación laical siendo luz y sal del mundo”.

Esta ponencia ha dado paso a un primer grupo de puesta en común en el que se ha compartido lo que hasta el momento se había trabajando en el Congreso diocesano.

Después, se ha abierto el tiempo de trabajo por itinerarios: Primer Anuncio; Acompañamiento; Procesos formativos; Presencia pública. Se ha expuesto uno de los testimonios que de cada itinerario se compartió en el Congreso Pueblo de Dios en salida, para, de nuevo, dividir en grupos más pequeños y crear un diálogo a raíz de testimonios diocesanos de cada uno de los ámbitos. Gran participación y poco tiempo para compartir cómo cada laico desde su trabajo, su parroquia, su familia… llevan, con sus vidas, el mensaje de Cristo.

Antes de finalizar, un regalo: el concierto de los cantautores cristianos, Jose Ibáñez y Jesús Cabello, que además han interpretado canciones de compromiso con la Iglesia.

Para concluir, el Vicario de Evangelización ha dado las gracias a todos los participantes por su aportación en el Congreso. Los ha animado a que esta experiencia sea el inicio de un compromiso más fuerte con la Iglesia y a seguir siendo cristianos comprometidos que viven en sinodalidad. Ha recordado que el Congreso no es el final sino el inicio de una aventura, con mucha esperanza, de nuestra Iglesia jiennense que camina dentro de la sociedad siendo testigo de Cristo resucitado.

 

Intervención del obispo de Jaén en el Congreso diocesano de Laicos

Buenos días a todas y a todos, pueblo de Dios en camino, pueblo que tiene metida en sus entrañas el “Id” de Jesucristo a sus discípulos y el caminar del Espíritu entre ellos. Jesús Resucitado a los que llamó para estar con él y enviarlos a predicar los hizo discípulos misioneros, eso que hoy se ha convertido en el santo y seña de la identidad de los cristianos en este despertar pastoral y misionero de la Iglesia.

Este pueblo en camino (más que en salida) lo seremos hoy en nuestra Diócesis de Jaén, en este acontecimiento sinodal que está en línea con nuestro modo de ser y de hacer en nuestra Iglesia diocesana en los últimos años. Recordad que ese fue mi propósito el día en que se inauguró mi episcopado entre vosotros. Con más acierto o menos, así hemos querido hacer todo: caminando juntos y escuchando al Señor entre todo.

En esta ocasión, los convocados sois los laicos, hombres y mujeres, mayoría en la vida comunitaria de la Iglesia y Pueblo de Dios en la vida pública, como dice el Papa Francisco en Evangelii Gudium. Vosotros los laicos sois especialmente misión en medio del mundo, vuestro lugar habitual de ser Iglesia y de evangelizar en la Iglesia no tiene fronteras, no se encierra en templos o en lugares de cómoda y encerrada convivencia,  a los que estamos acostumbrados.

Sois un pueblo guiado y animado por vuestro obispo, enriquecidos por los carismas de la vida consagrada y acompañados por el servicio de vuestros pastores, que en todo lo que os sirven: para alimentaros en la vida sacramental, en la escucha de la Palabra, en la formación o en la reflexión compartida, os dicen: “Ite”. Entre todos formamos la vida de esta Iglesia diocesana a la que he tenido la gracia de haber sido enviado por el Señor.

Hacemos este camino unidos, alentados y santificados (nuestra vocación) por el Espíritu, para ser entre todos alma del mundo, como se consideraban los primeros cristianos (Carta a Diogneto).

Camináis en las calles y plazas de nuestras ciudades, en los caminos y veredas rurales, entre olivos; por toda nuestra geografía. Ese es nuestro lugar habitual y cotidiano de misión, en el que hemos de anunciar a Jesucristo con alegría y esperanza, misericordia y caridad.

Estamos hoy aquí en este número tan importante, que se acerca a los trescientos, porque queremos hacer de nuestra vida anuncio de Jesucristo y porque somos conscientes de que por nuestro Bautismo somos misión en el mundo. Estamos aquí para preguntarnos juntos cómo  ser presencia amable, acogedora, sencilla y penetrante del amor de Dios, ese que mueve por el Espíritu nuestra vida a la santidad, nuestra vocación,  y la hace contagiosa.

Nos hemos juntado porque queremos ofrecernos para acompañar a cuantos recorren el camino que nosotros estamos siempre haciendo: de búsqueda, encuentro, confesión de fe, seguimiento de Cristo y compromiso en medio de un mundo herido.

Pretendemos sumarnos a un compromiso eclesial que nos lleve a una sólida consolidación y profundización del conocimiento de Cristo, que  se ha convertir en vida nueva y en fuente de sentido para nosotros y para el mundo al que queremos evangelizar.

Buscamos el compromiso de ser presencia activa, individualmente y en un apostolado asociado, de la vida pública de los valores del Evangelio, para así cooperar en la construcción del Reino de Dios en el mundo: en la vida política, social, cultural, familiar, etc.

Es este, como he dicho un Congreso de carácter sinodal, en el vamos juntos queremos hacer un discernimiento con visión de fe de lo que el Señor nos pide en este momento. Por eso nos vamos dejar iluminar por el Espíritu, para encontrar respuestas a las preguntas responsables y decisivas, con las que buscamos una renovación pastoral de la vida de nuestra Diócesis y a nosotros nos enseñen a vivir la fe en coherencia con el Evangelio. Lo hacemos con tono sinodal y en comunión, que es la inspiración que siempre tienen nuestros encuentros.

Que la Santísima Virgen de la Cabeza, Madre de la Diócesis, nos acompañe en nuestro caminar.

(Diócesis de Jaén)

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