Religiosos: “Un año de aprendizajes”

Este próximo martes, 2 de febrero, fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, se celebra la Jornada Mundial por la Vida Consagrada, instituida por san Juan Pablo II en el año 1995, con el objetivo, tal y como él mismo había dicho, de “ayudar a toda la Iglesia a valorar cada vez más el testimonio de quienes hayan elegido seguir a Cristo de cerca, mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, quiere ser para las personas consagradas una ocasión propicia para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor”.

Este año la celebración será distinta a las anteriores, aunque el mensaje y la intención continúan siendo las mismas. Hablamos con la presidenta de CONFER en Asturias, la religiosa del Santo Ángel, hemana Begoña Morán.

¿Qué es exactamente CONFER?

Es una confederación de las congregaciones religiosas cuyo objetivo es aunar y aglutinar desde todos los ámbitos: espiritual, administrativo, jurídico etc. todos los campos que puede necesitar una congregación o comunidades religiosas.

Habitualmente con motivo de esta Jornada solía celebrarse una eucaristía en la Catedral, presidida por nuestro arzobispo Mons. Jesús Sanz, y al finalizar había un encuentro fraterno, este año será diferente.

Este año todo es diferente. Es un año de aprendizajes y de acomodarnos a nuevas situaciones para las que no estábamos preparados ni esperábamos. Se está alargando la situación. En CONFER tuvimos una junta el sábado pasado, y confirmamos que no veíamos  posible  realizar actividades,  pues además la situación va empeorando, no mejorando. Desde CONFER Asturias mandaremos una sencilla oración hecha desde la junta, para unirnos las comunidades de Asturias en ese encuentro de agradecimiento por el don de la vocación.

¿Cómo están viviendo los religiosos en Asturias esta pandemia?

La mayoría de los consagrados de Asturias, igual que en general a nivel nacional, tienen un promedio de edad alto. ¿Cómo lo estamos viviendo? Pues aquellos que tenemos una edad más activa, yendo a trabajar, con cuidado, y los que están jubilados con mucha precaución, con miedo, echando en falta ese trabajo pastoral que hacían, de llevar comuniones, visitar enfermos, colaborar en ONG, en albergues, en Cáritas, etc. Los religiosos no nos jubilamos, realizamos otras actividades. Y eso se está llevando con esperanza, con fe y a veces también con algún clamor de decir esto ¿cuándo cambiará?, al igual que tanta gente mayor. Se hace difícil.

¿Cuántos religiosos tenemos en la diócesis?

Ahora mismo con exactitud no lo sé, pero menos que el año pasado. Se han cerrado comunidades, han desaparecido presencias. CONFER nacional acaba de enviar a los superiores mayores un cuestionario para actualizar los datos. En Asturias una parte nos dedicamos a la educación, otros a la atención de enfermos, a lo sanitario, a la caridad, y sobre todo a la atención de unos a otros, porque cada vez hay más comunidades de hermanas enfermas y mayores, y nos dedicamos internamente también a cuidarnos, a atendernos, a vivir la fraternidad.

La educación suele ser la rama más numerosa

Es la rama más numerosa, porque la mayoría de las congregaciones se dedicaron a ese ámbito, pero la presencia real es escasa. En mi caso por ejemplo somos dos hermanas trabajando en activo, en el colegio del Santo Ángel de Gijón, aunque el resto de las cuatro hermanas prestan otros servicios voluntarios en el colegio, como una presencia. Pero esta es la realidad que tenemos y aún así seguimos adelante.

“La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido” es el lema de la Jornada de este año, que hace referencia a la presencia de los religiosos en tantas situaciones complejas que se viven en el mundo. ¿Qué le sugiere?

Estos días, pensando en esto y en el sentido de la vida consagrada, haciendo historia y memoria, veo que las congregaciones nacieron para responder a una situación determinada. En concreto la mía para atender a los niños del campo después de la Guerra, en Francia. Como otras muchas situaciones vulnerables de guerras, de enfermedades. Un mundo herido entonces, un mundo herido hoy. Y los religiosos bien desde las misiones, donde permanecen en precariedad a pesar de los conflictos, de las guerras, ahí estamos. Ahí estamos también en lugares de frontera, en otros países como Nicaragua, Méjico. Y aquí acompañando y siendo pequeñas semillas de presencia, de fraternidad, de misericordia, es una llamada a acercarnos y a curar como el buen samaritano, a la gente herida. A veces una palabra llega. Mucha de la gente necesita una palabra, un gesto. A pesar de los años y de la vulnerabilidad que experimenta la vida religiosa, yo creo que sigue teniendo mucho sentido, el mismo de siempre, pero en otras circunstancias.

Sí, los religiosos son mayores, pero están llenos de vida y experiencia. Hay mucho que hacer y mucha vida por delante.

(Archidiócesis de Oviedo)

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