Jornada Mundial de la Vida Consagrada: Mensaje de la presidencia de la CONFER

La presidencia de la CONFER ha hecho público su mensaje para la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que se celebra este próximo 2 de febrero.

El lema propuesto en España trenza tres aspectos inseparables de nuestra vida que cobran especial relevancia en este hoy que vive la humanidad y, al tiempo, nos trae resonancias de la última encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti.

En este hoy que vivimos, donde el sufrimiento de la pandemia ha hecho más evidentes, para todos, otras heridas fuertes que sufre nuestro mundo, la experiencia de fraternidad se hace, si cabe, más expansiva, nos habla de futuro y nos llena, en medio de tanto dolor, de esperanza.

Que el celebrar este año la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, suponga también para todos acoger y hacer vida, con todas nuestras fuerzas, las palabras del papa Francisco: Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos. Que vivir así, soñar con este sueño, haga cada vez más de nuestra vida una parábola transparente de la fraternidad que Dios quiere.

Mensaje de la presidencia de la CONFER

LA VIDA CONSAGRADA, PARÁBOLA DE FRATERNIDAD EN UN MUNDO HERIDO

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Dentro de unos días celebraremos los 25 años de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. El lema propuesto en España trenza tres aspectos inseparables de nuestra vida que cobran especial relevancia en este hoy que vive la humanidad y, al tiempo, nos trae resonancias de la última encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti.

Que la vida consagrada sea parábola, nos habla de que, a semejanzas de las parábolas de Jesús, nuestra vida está invitada a remitir a Dios, a hacerlo presente con sencillez en lo cotidiano; a evocar a través de nuestra existencia la acogida de un Dios que es Padre, que por pura gratuidad nos hace hijos y nos quiere hermanos.

Nuestras comunidades están formadas por personas de distintas procedencias, edades, culturas. Son, en sí mismas, una apuesta por la fraternidad que se vive y se construye, a veces trabajosamente, en el cada día a través de todo lo que implica la existencia: las relaciones, el trabajo, la comunicación, la fe…; pero son también parábola sencilla de que la fraternidad es posible y se expresa de mil modos: en el cuidado entrañable de enfermos y ancianos, en la puesta en común de los bienes, en la atención, acogida y valoración de cada hermano y hermana en lo que es, en su diversidad y originalidad, en el aprecio y cuidado mutuo más allá de las diferencias de pensamiento o modos de hacer.

Pero esta experiencia de fraternidad que vivimos no es para quedarse en nosotros mismos, sino que es por y para el Reino, para este mundo, y por eso orienta nuestra existencia hacia esa fraternidad abierta de la que habla el Papa Francisco y que nos lleva a mirar a cada ser humano como hijo suyo: a los hombres y mujeres con los que nos encontramos cada día, a los que piensan o sienten la vida de un modo distinto, a los excluidos de mil formas, a los sufrientes de nuestro mundo… Sin esta fraternidad, la primera no sería verdadera; no sería la que Jesús proclama.

Porque la fraternidad está en la entraña de lo que somos como creyentes y consagrados, porque buscamos y soñamos con un mundo fraterno, también toma carne en todo lo que hacemos: en la mirada a la realidad, en las distintas relaciones, en el servicio apostólico, en la misión compartida, en los proyectos intercongregacionales o en los llevados adelante con grupos diversos que trabajan por un mundo humano y porque esta Tierra sea, de verdad, casa común.

En este hoy que vivimos, donde el sufrimiento de la pandemia ha hecho más evidentes, para todos, otras heridas fuertes que sufre nuestro mundo, la experiencia de fraternidad se hace, si cabe, más expansiva, nos habla de futuro y nos llena, en medio de tanto dolor, de esperanza.

Que el celebrar este año la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, suponga también para todos acoger y hacer vida, con todas nuestras fuerzas, las palabras del Papa Francisco: Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos 1 . Que vivir así, soñar con este sueño, haga cada vez más de nuestra vida una parábola transparente de la fraternidad que Dios quiere.

Mª Rosario Ríos Alvarez, ODN, Presidenta

Jesús Antonio Díaz Sariego, OP, Vicepresidente

1 FRANCISCO, carta encíclica Fratelli tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, nº 8

(Edición original en el siguiente enlace)

(CONFER)

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