Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo: La vida consagrada: ¡una necesidad para la Iglesia y la sociedad!

Este martes, 2 de febrero, fiesta de la Candelaria, celebramos el día de la vida consagrada. En esta jornada recordamos, valoramos y damos gracias a las personas que han consagrado toda su vida a Dios y a los hermanos, y nos unimos a su plegaria.

Y precisamente conviene ahora reflexionar sobre la vida consagrada en un momento en que muchas familias religiosas viven una crisis de vocaciones.

Constatamos que muchas congregaciones han dejado de dirigir escuelas, a pesar de que  conserven la titularidad de éstas. Algo parecido sucede con las residencias de ancianos, clínicas y hospitales. Algunos pueblos y villas se han quedado sin ninguna comunidad religiosa. En la Diócesis de Girona, cuatro monasterios de monjas contemplativas han sido clausurados. A la vez, hay que reconocer que la media de edad de las comunidades es elevada, y que en nuestro entorno no se da un aumento de las vocaciones.

Pero precisamente en estos momentos es más necesario que nunca valorar y agradecer lo que significa la vida consagrada para nuestra Iglesia y nuestra sociedad.

¿Para qué sirven los frailes y monjas? En mis visitas a escuelas cristianas, en las clases de ESO, esta es una de las preguntas que a menudo me han hecho, sobre todo las chicas. Pero también la he escuchado muchas otras veces, sobre todo hablando de las comunidades contemplativas. En referencia a las monjas y frailes de “vida activa”, que gestionan escuelas, residencias, hospitales, servicios sociales y otras instituciones de servicios, se entiende su vida y el servicio que realizan. Pero a menudo no se acaba de entender que algunos y algunas se dediquen a rezar, y se olvida que estas personas también trabajan.

Yo, intentando responder a todas las cuestiones, respondí que esta pregunta no me parecía acertada, porque estaba formulada a partir de un criterio únicamente productivo. Para mí la pregunta no es para qué sirven, sino qué testimonio dan y qué servicio hacen a la Iglesia y al mundo, personalmente y comunitariamente.

El primer servicio que ofrecen no es el que hacen, sino lo que son. Su vida es un testimonio del Evangelio vivido radicalmente desde la pobreza, la castidad y la obediencia. Son iconos de una vida diferente, de amor a Dios y a las personas, consagrando su existencia sin esperar gratificaciones, según el “carisma o las finalidades” de los fundadores, que han querido dar respuesta a los retos de cada momento de la historia. También son icono de las comunidades cristianas por su convivencia fraternal. A la vez, nos muestran la necesidad de Dios, de la plegaria, de la disponibilidad, de la pulcritud de vida, de la austeridad, de la comunidad, del servicio.

Ciertamente, hay que valorar también todas sus obras del pasado y las de hoy. Hay que reconocer que su aportación a la sociedad es muy importante y necesaria. En un tiempo de olvido de Dios y de individualismo nos recuerdan el primer y segundo mandamiento, amar a Dios y los demás con todo nuestro corazón, con todo el pensamiento y con todas nuestras fuerzas. Nos recuerdan la necesidad de la fraternidad y de saber compartir incluso los bienes. También nos presentan la necesidad de la austeridad, de la fidelidad a unos compromisos. Son sal y luz, según las imágenes evangélicas, que dan sabor a la vida y la iluminan.

El papa Francisco, dirigiéndose a los consagrados y consagradas, les dijo: “Quería deciros una palabra, y la palabra era ‘alegría’. Siempre, allí donde están los consagrados, siempre hay alegría: esta es la belleza de la consagración”.

Os damos gracias a todos vosotros, los consagrados, religiosos y religiosas, monjes y monjas, contemplativos, laicos consagrados, miembros de institutos seculares, ermitaños y ermitañas y vírgenes consagradas.

¡Gracias, y coraje!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 454 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.