Carta pastoral de Mons. Celso Morga: Mirar a san José en medio de la pandemia

Desde el día 8 de diciembre de 2020 estamos viviendo, en la Iglesia, el Año de san José. Ha sido querido por el Papa Francisco para celebrar el 150 aniversario de la proclamación de san José como patrón de la Iglesia universal. Efectivamente, fue el beato Pío IX quien mediante el Decreto Quemadmodum Deus proclamó a san José, el día 8 de diciembre de 1870, patrono de la Iglesia Católica, ante las graves y luctuosas circunstancias en las que se encontraba la misma por aquellos años.

El papa Francisco ha escrito una bellísima Carta Apostólica titulada, en latín, Patris Corde (“Con corazón de Padre”) que os invito de corazón a leer y meditar durante este año. El pueblo cristiano -también los fieles de nuestra Archidiócesis de Mérida-Badajoz- han amado siempre y venerado de modo muy especial a san José. ¡Cuántas imágenes en nuestras parroquias y en nuestras casas así lo atestiguan! La Carta Apostólica que el Papa nos dirige a todos está compuesta de reflexiones personales que salen de su corazón: “quisiera -dice el Papa- que, como dice Jesús, ‘la boca hable de aquello de lo que está lleno el corazón’ (cf. Mt 12, 34) para compartir con vosotros algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria”. Es sobradamente conocida la devoción que el papa Francisco tiene por san José. Todos conocemos cómo, en su habitación, tiene una preciosa imagen de san José durmiendo -o “que parece que duerme”, como suele comentar el Papa- al cual encomienda tantas peticiones personales o de otras personas que le piden oraciones. “Parece que duerme”, comenta el Papa, pero en realidad vela siempre por la Iglesia, por cada una y cada uno.

La Carta Apostólica comienza haciendo un repaso por los textos evangélicos que nos hablan de san José: “Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fue y la misión que la Providencia le confió” y en el Magisterio pontificio “después de María, ningún santo ocupa tanto espacio como san José”. El Santo Padre va desgranando diversos aspectos de su paternidad: “Padre amado”; “Padre de la ternura”; “Padre en la obediencia”; “Padre en la acogida”; “Padre de la valentía creativa”; “Padre trabajador”; “Padre en la sombra”.

En este último apartado – “Padre en la sombra” -el Papa cita la obra del escritor polaco Jan Dobraczynski La sombra del Padre. “Este autor -comenta el Papa- con la imagen evocadora de la sombra define la figura de san José, que, para Jesús, es la sombra del Padre celestial en la tierra”. Aquí el Santo Padre Francisco tiene unas reflexiones muy luminosas de la misión de los padres en la educación de los hijos: “Ser padre -escribe- significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir adelante. Quizás, por esta razón, la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino, la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida…”. En fin, me parecen unas reflexiones espléndidas sobre aspectos nucleares de la vida personal, familiar y social. Desde el Arzobispado programaremos algunas iniciativas para vivir, como Archidiócesis, este Año de san José, pero ya cada uno, cada una puede vivir este Año con la mirada puesta en san José en medio de una pandemia, donde resaltan los hombre y mujeres “de segunda línea” a los cuáles todos debemos unos servicios esenciales para nuestra existencia diaria. “Todos pueden encontrar en san José -el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad”.

San José, a quien Dios confió a su Hijo y en quien María depositó su confianza, ruega por nosotros, ruega por nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz.

+ Celso Morga Iruzubieta

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 80 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.