Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Jesús habla con autoridad porque vive con coherencia

En todo tiempo y lugar ha habido palabreros, perso­nas que hablan y hablan, pero su vida luego no se corresponde con lo que dicen ni predican.

Hoy, esto lo entendemos a la per­fección. Solo tenemos que mirar ac­tuar a tantas personas en nuestra so­ciedad a los que los oímos hablar, a tantos grandes de nuestra sociedad: políticos que predican unas cosas y viven otras, que no cumplen lo que prometen y que siguen hablando de valores que, ni los tienen ni les importan; que buscan tener buena imagen, aunque su vida no se corres­ponda en absoluto con lo que dicen y hacen, quedando continuamente como mentirosos, que nos son dig­nos de confiar en ellos.

En tiempos de Jesús tampoco faltaban este tipo de personas. Los escribas y fariseos, cuya vida no se corresponde con lo que dicen. Por eso, de ellos dirá Jesús a sus discí­pulos: «Haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen» (Mt 23, 3), solo son facha­da, sepulcros blanqueados, que por dentro no tienen nada más que po­dredumbre, pero por fuera aparecen blancos, acicalados y hermosos (Cfr. Mt 23, 27-32). Ellos cargan fardos pe­sados sobre los demás, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo.

Porque este estilo de situarse y de actuar, ha abundado y sigue abun­dando en todas las sociedades. Es por lo que, ante la presencia de Jesús, que hace lo que dice, que su vida se co­rresponde con sus palabras y las con­firma, es por lo que los que le oyen se quedan sorprendidos y sobrecogidos porque Él sí que habla con autoridad.

Precisamente, la autoridad de sus palabras es que son la verdad, por­que Él es la verdad misma y pide que todos seamos testigos de la verdad. Cuando Juan el Bautista, que está en la cárcel, envía a sus emisarios a pre­guntar a Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? (Mt 11, 3), Jesús les va a contestar acudiendo a su vida, a lo que hace: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo» (Mt 11, 4). No sólo oyendo, sino sobre todo «viendo» lo que él hace porque sus obras son tes­tigos de lo que Él es y predica.

También nosotros somos envia­dos como sus seguidores a ser testi­gos de la verdad con mayúsculas que es Él y por eso tenemos que actuar como Él.

Jesús es el Señor, el Hijo de Dios, y cuando comienza la predicación del reino muestra su poder, con sus milagros que corroboran lo que dice de si mismo: «Yo soy la resurrección» (Jn 11, 25), y aparece resucitando m u e r t o s . Cuando se proclama «Luz del mundo y quien me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» aparece dando la vista a los ciegos etc.

En este texto de san Marcos, en este cuarto domingo del tiempo or­dinario, Jesús aparece mostrando su poder incluso sobre los espíritus inmundos. Cuando entra en la sina­goga y proclama la lectura, allí hay un hombre que tiene un espíritu in­mundo y lo libra de él. Todos quedan admirados y se preguntan: «Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen» (Mc 1, 27).

A los oyentes les sorprende, cómo no, que expulse los espíritus inmun­dos y le obedezcan, pero, sobre todo, les sorprende la autoridad con la que enseña y actúa.

Jesús así manifiesta a todos su iden­tidad: es el Hijo de Dios y todos perci­ben la autoridad con la que actúa.

Si miramos nuestra vida y nues­tro mundo, podríamos decir que nos sobran autoridades y falta autori­dad, porque para que alguien actúe con convencimiento para los demás, con una autoridad que los demás ad­miren, es necesario que su vida sea consecuente y coherente, que sus pa­labras se correspondan con su vida y viceversa.

Nosotros, como bautizados, tenemos como una mi­sión doble: por una parte, hemos vivir el estilo de vida de Jesús y, por otra, hemos de ser testigos de ese estilo de vivir ante los demás.

Para que tengamos autoridad y podamos convencer de lo que transmitimos, necesariamente nuestra vida debe tener coherencia entre lo que decimos y los que ha­cemos, que nuestras palabras expliquen nuestro testimo­nio y que nuestro testimonio avale las palabras, lo que decimos que somos.

Por este camino es por el que el Señor nos pide a todos sus seguidores que orientemos nuestro seguimiento, de tal manera que no tengamos que dar muchas explicacio­nes de nuestra identidad, que la estemos constantemente demostrando a través de nuestra vida.

Que el Señor nos ayude a vivir en coherencia con nues­tra identidad cristiana para que nuestra vida convenza a los demás de que somos realmente lo que decimos que somos: cristianos, seguidores de Jesús.

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.