Carta pastoral de Mons. Joan Planellas: «Espíritu, ¿hacia dónde guías nuestras Iglesias?» (1)

Estimados y estimadas,

En Sant Julià del Llor, una pequeña parroquia de la Comarca de La Selva, hay un puente muy peculiar. Un puente largo de cuatro arcadas. Es románico. Restaurado no hace muchos años, da gusto verlo. Pero, un día ya lejano de 1777, el río Ter le hizo una mala jugada: al desbordarse se desvió del puente y decidió pasar quinientos metros más abajo. El Ter y el puente riñeron. A partir de ese día, el Ter sigue río abajo por las arboledas y el puente permanece solitario, en medio de un campo soleado.

Siempre que he ido a verlo me ha causado admiración y, al mismo tiempo, mucha pena. Admiración por su antigüedad y admirable belleza, por la resistencia de sus sillares y la solemnidad de sus arcadas. Y pena de verlo tan aislado, ignorado y completamente inútil. Algunos árboles, solidarios de su orfandad, acarician sus piedras. Oyendo el rumor de las aguas lejanas, sin embargo, éstas ya no besan sus contrafuertes. Añora el pisoteo suave del viajante y el trote acompasado de la cabalgadura. El puente de Sant Julià del Llor hace cerca de doscientos cincuenta años que no hace de puente.

El puente de Sant Julià me sirve de comparación con la Iglesia de hoy y la de siempre. La Iglesia debe ser un puente viviente, movedizo, animado por la fuerza del Espíritu, atento a las riadas del mundo y puesto al servicio de las personas. La Iglesia no es arqueología, si bien mira con afecto y veneración los monumentos de antaño. La Iglesia constantemente debe estar construyendo puentes nuevos. Si la riada del mundo hace regueros nuevos, la Iglesia debe estar atenta y dar la respuesta adecuada. Su trabajo es lanzar lazos de comunicación y de solidaridad entre los hombres y mujeres, para que ellos y ellas encuentren en Dios el motivo de su existencia.

El pasado 21 de enero, solemnidad de San Fructuoso, con motivo del vigésimo quinto aniversario del Concilio Provincial Tarraconense, los obispos de Cataluña hicimos público un documento en el que calificábamos dicho Concilio como un don de Dios y un tiempo de gracia para nuestras Iglesias. Del mismo modo como lo fue en su momento el Concilio Tarraconense, es la hora de que la Iglesia procure y establezca puentes nuevos al servicio de las personas. Esta es la intención del documento publicado hace diez días, que lleva por título Espíritu, ¿hacia dónde guías nuestras Iglesias? A los veinticinco años del Concilio Provincial Tarraconense de 1995. Los retos que presenta el contexto en que nos encontramos son enormes, dados los cambios sociales y culturales de estos últimos años. Pero, también, decimos los obispos, «tenemos que reconocer nuestra falta de vigor a la hora de comunicar y de vivir el Evangelio de Jesús». A nivel intraeclesial, hemos podido crear «una resignación ambiental que subraya todo lo que no va bien y no sabe reconocer los frutos de bondad y de santidad que se recogen en el día a día del Pueblo de Dios que peregrina en nuestra tierra». Por el contrario, la Iglesia «no debe estar recluida en sus estructuras y organismos, sino que se ha de encarnar y hacerse solidaria de los gozos y las tristezas, los sufrimientos y las esperanzas de la humanidad». Un pueblo que «escucha los latidos de la historia y no se aparta del dolor del mundo, sino que lo recoge con la misericordia y la solidaridad». Como afirmaba el Papa Francisco en el mensaje de la pasada Pascua, «que el Señor haga de nosotros constructores de puentes y no de muros» (21 de abril 2019).

Si la Iglesia no quiere quedarse arrinconada y sola como el puente de Sant Julià, se debe mojar los pies y debe continuar haciendo puentes nuevos. Con el subtítulo de fondo, Espíritu ¿hacia dónde guías nuestras Iglesias?, rememorando el Concilio Tarraconense y, al mismo tiempo, glosando el documento recién publicado, dedicaremos el contenido de las próximas Cartas Dominicales.

Vuestro,

† Joan Planellas i Barnosell

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Acerca de Mons. Joan Planellas i Barnosell 66 Articles
Nació en Gerona el 7 de noviembre de 1955. En 1975 ingresó en el Seminario Mayor de Gerona, donde realizó los estudios filosófico teológicos. Realizó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español de Roma. Fue ordenado diácono en Verges (Gerona), el 26 de abril de 1981, y sacerdote en Bañolas (Gerona), el 28 de marzo de 1982. Fue coadjutor en la parroquia de Santa María dels Turers de Bañolass y más tarde de la parroquia de San Martín en Palafrugell, en la diócesis de Girona. Entre 1985 y 1988, fue profesor de Teología en el Seminario de Gerona y de 1988 a 1998 director de Instituto de Teología de Gerona que, en 1996, se convierte en Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Desde 1988 hasta la actualidad imparte las asignaturas de Sacramento del Orden, Eclesiología y Teología Fundamental. Entre 2002 y 2004 realizó la tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, comenzando ese año su actividad docente en la Facultad de Teología de Cataluña. Desde 2012 es profesor ordinario de esta Facultad. Entre 2010 y 2015 fue vicedecano de la Facultad, pasando a ser decano en septiembre de 2015, ya integrada en el Ateneo Universitario Sant Paciá. En su actividad pastoral, ha sido coadjutor de la parroquia de San Narco de Gerona (1988-1991), administrador parroquial de Grions, Gaserans y Massanes (1990-1991), párroco de Navata, Lladó, Cabanellas, Espinavesssa, Taravaus, Vilademires, San Martín Sesserres (1991-1996), rector del Seminario Conciliar de Gerona (1996-2002) y párroco de San Miguel de Fluviá, San Mori y Vilamacolum (1997-2019). Desde 2008 es canónigo de la catedral de Gerona, y en la actualidad es también párroco del santuario de la Font Santa, Jafre, Garrigoles, Colomés, Foixá, Rupiá, La Sala, La Tallada y Maranyá. Es miembro del Consejo Presbiteral de la diócesis de Girona y con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre lo nombró misionero de la Misericordia. OTROS DATOS DE INTERÉS El 4 de mayo de 2019 se hace público su nombramiento como arzobispo de Tarragona. Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2019.