Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: «La unidad de todos los cristianos es el gran deseo de Jesús»

Queridos diocesanos:

La Constitución dogmática sobre la divina revelación del Concilio Vaticano II inicia con unas solemnes palabras que revelan con claridad la actitud de la Iglesia en relación con la Palabra de Dios: “El Santo Concilio, dice, escucha con devoción la Palabra de Dios y la proclama con valentía, obedeciendo a aquellas palabras de San Juan: ˂Os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Lo que hemos viste y oído os lo anunciamos˃” (n. 1).

Para nadie es un secreto el gran impulso que la citada Constitución del Concilio ha supuesto para que la Palabra de Dios ocupe el puesto que le corresponde en la vida de la Iglesia y en la reflexión teológica. En los últimos 50 años ha crecido en los cristianos la conciencia de la importancia de la Palabra de Dios para la vida del entero Pueblo cristiano, de cada una de las Iglesia particulares, de las comunidades cristianas y de los fieles singulares. La difusión de la Lectio divina es buena prueba de lo que decimos. Y es que, sobre la Palabra de Dios, en expresión de Benedicto XVI, “se funda, nace y vive” la Iglesia (Exhort. Apost. Verbum Domini, n. 3). En el mismo documento se nos dice también que, “el fundamento de toda espiritualidad cristiana auténtica y viva es la Palabra de Dios anunciada, acogidacelebrada y meditada” (n. 121). Por otra parte, la Iglesia está al servicio de la evangelización, que no es otra cosa sino el anuncio y la proclamación a todas las gentes de la Palabra hecha carne, Jesucristo Señor nuestro.

A pesar de los avances registrados en la consideración de la centralidad de la Palabra de Dios en la vida y en la actividad de la Iglesia, se hace necesario insistir en su conocimiento para poder aprender la sublime ciencia de Jesucristo, que se va adquiriendo gracias a la lectura frecuente de la Palabra de Dios. Como afirmaba San Jerónimo y ha recordado repetidamente el Santo Padre, “la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo”.

Por eso, sería sumamente conveniente que en las familias cristianas los padres fueran capaces de da a conocer a sus hijos la riqueza, la fuerza espiritual y la riqueza de la Palabra de Dios (cfr. Francisco, Carta Apost. Scriturae sacrae affectus).

Para estimular a todos los fieles a un mayor conocimiento de las Escrituras, el 30 de septiembre de 2019 el Papa instituyó el Domingo de la Palabra de Dios, haciéndolo coincidir con el III Domingo el Tiempo Ordinario que este año celebraremos el próximo domingo. Es un día llamado a despertar en los fieles el amor y la veneración por la Palabra de Dios, invitándolos a leerla con frecuencia, a meditarla y a difundirla.

El próximo lunes, 25 de enero, conmemoraremos la Conversión de San Pablo, Apóstol de las gentes, fiesta con la que culmina la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, comenzada el pasado día 18 de enero. La unidad de todos los cristianos es el gran deseo de Jesús manifestado en el sermón o discurso de la Última Cena, cuando pidió intensamente al Padre que guardara a los suyos, a sus discípulos “para que sean uno como nosotros” (Jn 17, 11).

Estamos plenamente convencidos de que ha de ser el Espíritu Santo quien mueva los corazones de cuantos creemos en Cristo para que se realice la unidad perfecta en la única Iglesia. Esa fue la intención por la que Jesús oró al Padre en la Última Cena y la oración debe ser el primer medio y el principal camino para alcanzar la deseada unidad.

La conciencia clara de que es mucho más lo que une a los cristianos que lo que los separa ha de llevarnos a pedir la alegría de sentirnos hermanos, de tener un solo Señor, de haber recibido un solo Bautismo y de tener el mismo Dios y Padre. El afecto sincero, fraterno, ha de conducirnos a un mayor trato y a un mejor conocimiento mutuo, a desear la unidad como un bien para todos, pues sabemos que servirá para que el mundo crea en aquel que ha sido enviado por el Padre para nuestra salvación (cfr. Jn 17, 21).

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).