Día 6 de oración por la unidad de los cristianos: acoger a los demás

Del 18 al 25 de enero la Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Se trata de un octavario compuesto de ocho meditaciones diarias, que en este año 2021 se anuncia con las palabras de Jesús: “Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia” (cf. Jn 15, 5-9).

Oración por la unidad de los cristianos: acoger a los demás

Día 6

Acoger a los demás

“Poneos en camino y dad fruto abundante y duradero”

(cf. Juan 15, 16b)

Génesis 18, 1-5   Abraham recibe a los ángeles en el Roble de Mamre

Apretaba el calor y estaba Abrahán sentado a la entrada de su tienda, cuando se le apareció el Señor en el encinar de Mambré. Al alzar la vista vio a tres hombres de pie frente a él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la tienda y, postrándose en tierra, dijo: “Señor mío, será para mí un honor que aceptes la hospitalidad que este siervo tuyo te ofrece. Que os traigan un poco de agua para lavar vuestros pies, y luego podréis descansar bajo el árbol. Ya que me habéis honrado con vuestra visita, permitidme que vaya a buscar algo de comer para que repongáis fuerzas antes de seguir vuestro camino”. Ellos respondieron: “Bien, haz lo que dices”.

Marcos 6, 30-44 La compasión de Jesús por las multitudes

Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le comunicaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo: “Venid aparte conmigo. Vamos a descansar un poco en algún lugar solitario”. Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba ni tiempo para comer. Así que subieron a una barca y se dirigieron, ellos solos, a un lugar apartado. Muchos vieron alejarse a Jesús y a los apóstoles y, al advertirlo, vinieron corriendo a pie por la orilla, procedentes de todos aquellos pueblos, y se les adelantaron. Al desembarcar Jesús y ver a toda aquella gente, se compadeció de ellos porque parecían ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Como se iba haciendo tarde, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: “Se está haciendo tarde y este es un lugar despoblado. Despídelos para que vayan a los caseríos y aldeas de alrededor a comprarse algo para comer”. Jesús les contestó: “Dadles de comer vosotros mismos”. Ellos replicaron: “¿Cómo vamos a comprar nosotros la cantidad de pan que se necesita para darles de comer?” Jesús les dijo: “Mirad a ver cuántos panes tenéis”. Después de comprobarlo, le dijeron: “Cinco panes y dos peces”. Jesús mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde. Y formaron grupos de cien y de cincuenta. Luego él tomó los cinco panes y los dos peces y, mirando al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los fue dando a sus discípulos para que ellos los distribuyeran entre la gente. Lo mismo hizo con los peces. Todos comieron hasta quedar satisfechos; aun así se recogieron doce cestos llenos de trozos sobrantes de pan y de pescado. Los que comieron de aquellos panes fueron cinco mil hombres.

 

Meditación

Cuando nos dejamos transformar por Cristo, su amor crece y da fruto en nosotros. Acoger al otro es una forma concreta de compartir el amor que está dentro de nosotros.

A lo largo de su vida, Jesús acogió a todos los que encontró. Los escuchó y se dejó tocar por ellos sin tener miedo de su sufrimiento.

En el relato de la multiplicación de los panes, Jesús se conmueve y siente compasión después de ver a la multitud hambrienta. Él sabe que toda la humanidad necesita ser alimentada, y que solo él puede satisfacer realmente el hambre de pan y la sed de vida. Pero no desea hacer esto sin sus discípulos, sin contar con ese poco que ellos podían ofrecer: cinco panes y dos peces.

Incluso hoy nos llama a ser colaboradores suyos en su incondicional preocupación por los demás. A veces, algo tan pequeño como una mirada amable, un oído atento o nuestra presencia es suficiente para que una persona se sienta acogida. Cuando le ofrecemos nuestras pobres habilidades a Jesús, él las usa de una manera sorprendente.

Entonces experimentamos lo que hizo Abraham, porque es dando que recibimos, y cuando acogemos a los demás, somos bendecidos en abundancia.

                        Es Cristo mismo a quien recibimos como invitado.

La regla de Taizé en francés e inglés (2012) p.103

¿Encontrarán en nosotros las personas que acogemos día tras hombres
y mujeres radiantes con Cristo, nuestra paz?

Las fuentes de Taizé (2000) p. 60

 

Oración

Jesucristo,

deseamos acoger a los hermanos y hermanas

que están con nosotros.

Sabes que frecuentemente nos sentimos

impotentes ante su sufrimiento,

sin embargo, tú siempre te adelantas

y los acoges con compasión.

Háblales a través de nuestras palabras,

apóyalos a través de nuestros actos,

y deja que tu bendición descanse sobre todos nosotros.


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