Carta pastoral de Mons. Mons. Francesc Pardo i Artigas: La Palabra de Dios, proclamada y escuchada

Por voluntad del papa Francisco, el tercer domingo de durante el año litúrgico ha quedado instituido como domingo de la Palabra de Dios.

Este domingo, pues, está dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios.

La resolución n.º 48 del Concilio Tarraconense pide que cada fiel cristiano escuche, lea, medite, celebre y rece con la palabra de Dios para vivir su fuerza transformadora en plena obediencia de fe al Señor, bajo la guía del Espíritu Santo, dentro de la gran Tradición de la Iglesia y de la interpretación auténtica del magisterio (Resolución n.º 48).

Es importante prestar atención y concretar estos verbos: escuchar, leer, meditar, celebrar y rezar.

Escuchar

Ciertamente hay que escuchar muy atentamente la Palabra de Dios cuando se proclama en las celebraciones de la Eucaristía, de los sacramentos, en las celebraciones de la Palabra, en la celebración de las exequias, en rezos comunitarios. Para facilitar la escucha, hace falta en primer lugar una proclamación clara y entendedora, y, también, la atención por parte de los oyentes.

Hay que hacer un llamamiento a los responsables de las celebraciones y a los lectores para que previamente hayan leído y entendido lo que proclamarán. De otro modo, no les resultará fácil hacerse comprender. Conviene también que la Palabra sea proclamada pausadamente, como si fuera la primera vez que los fieles la escuchan. Además, hay que ajustar bien el sonido de la megafonía. A menudo, desgraciadamente, se oye a la persona que habla pero no se entiende muy bien lo que dice.

Es muy importante la participación de los fieles en los diversos ministerios, pero no todo el mundo tiene suficientes cualidades para conseguir una lectura entendedora. Escoger y preparar a los lectores es una condición esencial para poder escuchar la Palabra de Dios.

Leer

No basta con escuchar la Palabra una vez a la semana. Hay que leerla, si es posible cada día.

En muchas casas existe un ejemplar de la Biblia o del Nuevo Testamento, pero no son libros decorativos, sino para ser leídos: quizás cada día un fragmento, un pasaje, porque necesitamos el alimento de la Palabra, y no basta con escucharla el domingo.

Meditar

Para que la Palabra resulte asimilada, comprensible y para que hable a nuestra vida concreta hace falta tiempo para meditarla, para saborearla. Dejemos que ilumine las situaciones que vivimos, que nos aliente, que nos guíe, que nos exija. Pero para esto hay que dejarle tiempo para que penetre en nuestro corazón.

Celebrar

En las celebraciones de los sacramentos siempre se proclama la Palabra de Dios y después se realizan los signos sacramentales. La proclamación no es una introducción o saludo sino que forma parte constitutiva de la liturgia sacramental. Hay que entender que es fundamental para vivir y entender el sacramento. Se equivoca quien cree que se puede llegar a Misa durante o después del sermón.

Desde el inicio de cualquier celebración hay que estar muy atentos y participativos escuchando las lecturas de la Palabra.

Rezar

La Palabra de Dios es el mejor libro de plegaria que podemos usar. Pensemos en los salmos, que constituyen las plegarias de laudes y vísperas, pero que también son rezos para muchas situaciones de nuestra vida personal y comunitaria. Pensamos en el Padrenuestro, en el canto del Magnificat y tantas otras plegarias que encontramos en la Escritura.

Y siempre dejándonos guiar por el magisterio de la Iglesia, que, bajo el auspicio del Espíritu Santo y de muchos santos y especialistas, ha interpretado la Palabra de Dios.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.