Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Domingo de la Palabra de Dios

Cada año, en este tercer domingo del tiempo ordinario, el papa Fran­cisco nos recuerda la im­portancia y el valor de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios en la vida de los creyentes, y la relación que hay entre la Palabra de Dios y la liturgia, y nos llama a todos a tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el resuci­tado, que no cesa de partir su pan y su palabra en la comunidad de los creyentes.

La nota que la Sagrada Congrega­ción para el Culto Divino y la Disci­plina de los Sacramentos nos ofrece este año nos invita a tener en cuenta en la proclamación y escucha de la Palabra de Dios en la eucaristía algu­nos aspectos que son particularmen­te importantes, entre ellos destaca los siguientes:

Por medio de las lecturas bíbli­cas, proclamadas en la liturgia, Dios habla a su pueblo y Cristo mismo anuncia su Evangelio. La escucha del Evangelio en la liturgia es el punto culminante de la Liturgia de la Pa­labra, por eso se debe hacer con una especial veneración expresada en los gestos y en las aclamaciones, y tam­bién en el mismo libro de los Evan­gelios, el Evangeliario. Por eso, una de las posibilidades rituales para este domingo puede ser la procesión de entrada con el Evangeliario y, si no se hace esta procesión, se debe colocar sobre el altar.

Otro aspecto que se ha de cuidar en la liturgia es el respeto a la orde­nación de las lecturas según el lec­cionario, como medio de obtener un conocimiento de toda la Palabra de Dios. Por eso, se deben respetar las lecturas indicadas, sin sustituirlas o suprimirlas. La proclamación de los textos del Leccionario establece un vínculo de unidad entre todos los fie­les que los escuchan.

Momento igualmente importante es el de la homilía, porque en ella se exponen los misterios de la fe çy las normas de la vida cristiana. Los pas­tores, por ello, tienen el deber de pre­pararla, y de ayudar a los fieles a que entiendan la Sagrada Escritura. Los ministros de la Palabra deben ayudar a hacerla accesible a su comunidad.

Otro aspecto importante que a ve­ces no aprovechamos, o no dejamos que lo haya, es el silencio para la me­ditación de la palabra proclamada y escuchada. El silencio después de la escucha de la Palabra de Dios es muy importante para permitir que la Pala­bra de Dios sea acogida interiormen­te por quien la escucha.

Otro elemento a cuidar es el cui­dado del ambón desde el que la Pa­labra de Dios es proclamada, como lugar apropiado a la dignidad de la Palabra de Dios.

El ambón está reservado para las lecturas, el canto del salmo responso­rial y el Pregón Pascual. Igualmente, desde él se puede pro­nunciar la homilía y las inten­ciones de la oración universal, pero no se debe utilizar para dar avisos, comentarios o dirección del canto.

Importantes son los libros que contienen los textos de la Sagrada Es­critura, porque deben considerarse como los libros que contienen la Pa­labra de Dios que habla a su pueblo y éste debe escuchar su lectura con veneración. Por eso, se debe cuidar el aspecto material y su buen uso y no sustituirlos por fotocopias u otros subsidios.

En los días previos a la celebra­ción de este domingo de la Palabra de Dios, sería muy importante pro­mover encuentros formativos para poner de manifiesto el valor de la Sagrada Escritura, así como la oca­sión para conocer cómo la Iglesia en la liturgia lee la Sagrada Escritura con lectura continua, subcontinua y tipológica, cuáles son los criterios de distribución litúrgica de los diversos libros bíblicos a través del año litúr­gico, las estructura de los ciclos do­minicales y feriales de las lecturas de la eucaristía.

Por último, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, recalca que este do­mingo de la Palabra de Dios es una ocasión propicia para promover la celebración comunitaria de laudes y

vísperas, para profundizar en el vínculo existente entre la Sagrada Escritura, la liturgia de las horas, la oración de los salmos y cánticos del oficio, las lecturas bíblicas.

Termina la nota de la Congregación del Culto Divi­no y la Disciplina de los Sacramentos, diciendo que esta nota, a la luz de la celebración del domingo de la Palabra de Dios, quiere reavivar la conciencia de la importancia de la Sagrada Escritura en nuestra vida de creyentes a partir de su resonancia en la liturgia, que nos pone en diálogo permanente y vivo con Dios. El papa Francisco, en la exhortación Evangelii Gaudium, pone de manifiesto cómo «la Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la eucaristía, alimenta y refuerza a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana» (EG 174).

Vivamos con verdadero entusiasmo y reverencia este domingo de la Palabra de Dios como un medio que nos ayuda a valorar la riqueza de la Palabra de Dios, como Palabra de Dios dirigida a todos y cada uno de nosotros.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.