Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: Crisis educativa, crisis antropológica (y II)

El Concilio Vaticano II recordó que “Cristo, nuevo Adán, manifiesta plenamente al hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación “(Gs 22) y, este mismo concilio llamó a “mostrar la excelencia de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de producir frutos en la caridad para la vida del mundo” (OT,16). San Juan Pablo II afirma: “Quien quiera comprenderse a fondo tiene que acercarse a Cristo” (RH 10) y “quien quiera encontrar la respuesta sobre lo que es bueno o malo es necesario que se dirija a Él” (VS, 8). Todas estas afirmaciones (muchísimas otras se podrían citar) muestran no sólo el sentido más genuino de la ética cristiana, sino el fin más noble de la educación.

La Iglesia Católica, desde sus orígenes, anuncia, enviada por el Señor Jesús, el mensaje del evangelio en cuya entraña se encuentra esa antropología que hemos esbozado con las ideas del Concilio Vaticano II, del Papa Benedicto XVI y del Papa Francisco. Presentamos a Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre. Él es el modelo de ser humano. Nuestro origen está en Dios, y encaminamos nuestros pasos hacia el encuentro definitivo con Él. Mientras peregrinamos por este mundo nos comprometemos por construir una sociedad mejor (siendo buenos ciudadanos que respetan las leyes justas), fundamentada en el amor a Dios y al prójimo (“amad a vuestros enemigos”), sabiendo que la verdad nos hará libres, ejercitándonos en la virtud y pidiendo, puesto que nos sabemos y reconocemos pecadores, la gracia de Dios. Buscamos la unidad, la verdad, la bondad y la belleza, es decir, buscamos a Dios con nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestra sensibilidad, cultivando y educando así todas las dimensiones del ser humano. Sin lugar a dudas, la propuesta educativa católica ha sido y es constructora de la civilización y, por ende, de las realidades más bellas, buenas y verdaderas que forman parte de nuestra cultura, aun cuando nuestra historia esté marcada por el pecado.

Contando con toda la enorme aportación que la antropología católica ha hecho a la civilización occidental, nos preguntamos: ¿La educación católica que piden los padres para sus hijos, exigiendo se garantice el derecho fundamental que les asiste (artículo 27, 3 de la Constitución y artículo 26 de los derechos humanos) es un problema? ¿Exigir que se respete el derecho de los padres a que sus hijos sean educados según sus propias convicciones religiosas (artículo 27,3 de la Constitución y 26,3 de los Derechos Humanos) cumpliendo así el objeto de la educación, el pleno desarrollo de la personalidad (artículo 27,2 de la Constitución y 26, 2 de los Derechos Humanos) es un problema? ¿Erigir colegios con ideario católico financiados por el erario público tal como garantiza el artículo 27,6 y 9 de la constitución en el que se reconoce la existencia de un sistema educativo complementario público de iniciativa estatal y público de iniciativa social, es un problema?

¿No será, más bien, que hay un proyecto ideológico que quiere imponer, de forma totalitaria, una nueva antropología y modelo de sociedad contrario a la antropología que ha levantado la civilización occidental?

El Papa Francisco nos repite una y otra vez que otro mundo, otra sociedad es posible y no se llevará a cabo, sin una apuesta por la enseñanza educativa, con una antropología que devuelva a la persona humana toda su dignidad.

 

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.