Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: Humanismo cristiano activo II

Nuestro interés en reflexionar sobre “el humanismo cristiano activo” radica en el hecho de que una gran parte de nuestra acción en el mundo se basa en esta idea o corriente de pensamiento. Hay incluso personas no creyentes que dicen inspirarse en él. Un cristiano no puede dejar de ser humanista y actuar como tal. Como hemos dicho, Jesucristo, plenamente hombre, inspira todo lo que es o ha de ser el ser humano. De acuerdo con esto, “humanista”, para nosotros significa estar a favor de la persona humana, afirmar su valor (trascendente), respetar sus derechos, construir la ciudad, la cultura, toda la sociedad, buscando siempre el favor del ser humano, de todo ser humano…

El humanismo cristiano tiene una dimensión profética. Es su dimensión más comprometida. Consiste en impulsar, con medios moralmente aceptables, una especie de lucha contra ideas, pensamientos o acciones, que son contrarias al ser humano y su dignidad.

Hemos aludido al testimonio de Sophi Scholl. Por una casualidad hemos recibido más información sobre ella y los hechos que ocurrieron en torno a su compromiso como cristiana. Me refiero al encarcelamiento y la ejecución de los hermanos Sophi y Hans Scholl, junto a otros represaliados, líderes del movimiento “La Rosa Blanca”, en 1943, en Munich. Eran tiempos de la más cruda represión del régimen nazi. “La Rosa Blanca” era un movimiento, formado en su mayoría por intelectuales, profesores y jóvenes universitarios, que se enfrentaba al régimen establecido mediante la resistencia y la acción no violenta.

Como se sabe, no era el único foco de resistencia anti nazi dentro de la Iglesia Católica y Protestante. Subrayamos aquí la existencia, las características y el destino de este movimiento, por su vinculación explícita a la fe cristiana, asumida como punto firme de su acción comprometida.

Los líderes del movimiento, además de los dos hermanos mencionados, eran tres estudiantes y un profesor, Kurt Huber, filósofo y psicólogo. Éstos, y otros muchos compañeros y colaboradores, habían formado parte de Movimiento Juvenil Alemán y, posteriormente de las Juventudes Hitlerianas. En principio porque eran obligados. Pero también porque muchos no podían dejar de sentir un irresistible atractivo hacia los cambios y utopías, que les llegaban propuestos por todos los medios de una manera verdaderamente impactante. Un creyente cristiano en especial, ya que podía ver en ello una realización del deseo de un mundo que parecía acercarse al Reino de Dios.

Este atractivo siempre se dio en la Iglesia. Además no nos resulta extraño. Se experimentó intensamente en la generación que vivió nuestro cambio hacia la democracia en España; y hoy se sigue experimentando.

La sucesión de los acontecimientos y la búsqueda honrada de la verdad, personal y en grupo, les abrieron los ojos. Vieron que no solo debían apartarse del nazismo, sino que debían combatirlo, en nombre del humanismo cristiano, es decir, en nombre de la fe en el hombre nuevo que vino a instaurar Jesucristo. Es curioso que cada acción “transgresora contra el régimen” estuviera impregnada por este anhelo, que hemos citado: “‘Señor, necesito rezar, rogar. ¡Sí! Tendríamos que tener siempre presente, cuando nos interrelacionamos, que Dios se hizo Hombre por nosotros”.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.