Carta pastoral del Cardenal Juan José Omella: «Domingo de la Palabra»

Hoy celebramos el Domingo de la Palabra de Dios, instituido hace poco más de un año por el papa Francisco (Motu Proprio “Aperuit IIlis” AI–, de 30 de septiembre de 2019). El Papa invita a la Iglesia universal a dedicar un domingo completo a la Palabra de Dios, con el deseo de que todos nosotros podamos hacer la experiencia de los discípulos de Emaús.

En este episodio del Evangelio, el Resucitado se hace compañero de camino de los dos discípulos que se van de Jerusalén, abatidos porque sus esperanzas se han desvanecido al saber que Jesús ha muerto en la cruz. Jesús se interesa por todo aquello que les produce tristeza y desconsuelo, y los ilumina con la luz de la Palabra; juntos repasan los pasajes de la Escritura que hablan de Él, les anima y les enseña a leerla desde la fe. Al llegar al pueblo los discípulos, le invitan a quedarse a cenar con ellos. El caminante parte el pan y ellos reconocen que es Jesús, pero ya no le ven más. Es en este instante que se dan cuenta que el mismo Jesús ha resucitado. Vuelven a Jerusalén para anunciar a los otros discípulos que Jesús se les ha hecho presente y que les ha dado a entender el sentido de las Escrituras. Esta debería ser también nuestra experiencia cuando leemos y meditamos la Palabra de Dios acompañados de Jesucristo e iluminados por su Espíritu.

Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo, escribió san Jerónimo siglos atrás (cf. DV 25). La Iglesia no puede dejar de leerlas, para encontrar en ellas a Jesucristo y seguir sus huellas, ya que como dice el papa Francisco: «es bueno que nunca falte en la vida de nuestro pueblo esta relación decisiva con la Palabra viva que el Señor nunca se cansa de dirigir a su Esposa, para que pueda crecer en el amor y en el testimonio de fe.» (AI 2)

Los cristianos leemos el Antiguo Testamento a la luz del Misterio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, y descubrimos el anuncio de lo que Jesús dirá con sus palabras y llevará a cabo con sus gestos de salvación.

En el Nuevo Testamento leemos los evangelios como Buena Nueva de la salvación y de la misericordia de Dios manifestada en la persona de Jesucristo. Los otros libros del Nuevo Testamento complementan la revelación cristiana.

El Papa ha querido que el Domingo de la Palabra tenga lugar dentro del octavario de oración por la unidad de los cristianos. Así pues, quiere significar el valor ecuménico de la Sagrada Escritura que «indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad.» (AI 3).

Queridos hermanos y hermanas, la importancia de la Palabra de Dios no puede quedar reducida a un solo domingo del año. Os animo en esta jornada, y como mínimo cada domingo, a reservar un rato para escuchar atentamente la Sagrada Escritura dejando que el Resucitado se haga, también hoy, compañero de camino de todos nosotros; dejémosle que ilumine nuestras inquietudes y desencantos con la luz de la Palabra de consuelo y de esperanza que Dios dirige a la humanidad entera.

† Card. Juan José Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.