Carta pastoral de Mons. Celso Morga: Cristianos unidos

Queridos fieles:

Un año más llega nuestro octavario de oración por la unidad de los cristianos. El momento que vivimos todos nos une en el dolor y la incertidumbre, pero también en la esperanza y en la fe. La pandemia la sentimos y la entendemos como una llamada a la unidad, todos nos ponemos humildemente ante el Padre en Cristo con el mismo deseo de salvación. Somos conscientes de la necesidad de fraternidad y de la generosidad de nuestro Señor Jesucristo para enfrentarnos a este mal que nos afecta a todos.

Este año nos presiden las palabras de Jesús a sus discípulos como lema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos: “Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia”. Palabras del discurso del Señor en la despedida en la última cena. Después de haberles dicho que conocerle a él es conocer al Padre (cf.Jn14,7), Jesús les anuncia que nunca los dejará solos y si permanecen unidos a él como el sarmiento a la vid, su unidad producirá un fruto abundante (cf. Jn15, 5-9), porque en esa unidad de los discípulos es la unidad de la Trinidad la que está presente y operativa sosteniendo la unión que los convierte en el mundo en reflejo de su inserción en la unidad divina, en la comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

La unidad visible de la Iglesia que buscamos no es fruto de nuestros consensos, de los acuerdos que podamos lograr entre confesiones cristianas, aunque esta búsqueda de acuerdo sea asimismo necesaria para acercarnos a la unidad que Cristo quiere para su Iglesia. Para que estos acuerdos sean eficaces y produzcan fruto es necesario que sean vividos y logrados por sus protagonistas como lo que de verdad son, obra del Espíritu Santo. De ahí que el ecumenismo espiritual tenga tanta importancia y deba ser valorado como verdadera intendencia de cuanto hacemos los cristianos de unas y otras confesiones por lograr la unidad visible de la Iglesia.

Así lo hacen ejemplarmente desde la comunidad ecuménica de las hermanas del monasterio suizo de Grandchamp, que este año han preparado los materiales. Oramos unidos, conscientes de los pasos que hemos dado aproximándonos en temas fundamentales de la fe y la teología.

El papa Francisco invitó en el año 2019 a celebrar con gozo diversos actos con ocasión de la conmemoración de los veinte años transcurridos desde el gran acuerdo de Augsburgo en 1999, un hito en la historia del ecumenismo. Este acuerdo fue logrado por católicos y luteranos sobre la doctrina de la Justificación y se han sumado a él progresivamente en estas dos décadas otras Iglesias y Comuniones cristianas.

Pero también somos conscientes de las dificultades y los obstáculos que persisten entre unas y otras Iglesias y Comunidades eclesiales. Para el ecumenismo no hay atajos, porque el ecumenismo verdadero transita por el camino de la verdad creída y practicada. Persisten dificultades, porque son obvias y no sirve no querer verlas. Por eso nos urge orar con intensidad y suplicar al Padre unidos, a la poderosa intercesión de Cristo, que antes de padecer oró por la unidad de sus discípulos, y proféticamente había anunciado a Pedro y los Apóstoles que el poder del abismo no podrá vencer a su Iglesia (cf. Mt 16, 18).
Con el ánimo de mantenernos unidos a Cristo y confiados en Él nos adentramos en este ejercicio visible de unidad en este octavario, orando juntos con la palabra de Dios como centro de nuestras vidas y nuestras celebraciones. Nos uniremos a todos nuestros hermanos de las distintas confesiones cristianas como en otros años, cuidando las normas sanitarias que nos vienen dadas.

Que nuestra oración sea intensa en estos días y que Dios la haga fecunda para que caminemos con verdad hacia la unidad. Tengamos presentes en nuestras celebraciones eucarísticas diarias esta intención y pongamos delante del Padre el deseo de cumplir su voluntad, la que Cristo proclamó y pidió ante Él: “que todos sean uno”.

+ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 86 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.