El obispo de Albacete pide la celebración de Misas por la desaparición de la pandemia

En la el día en el que se celebra la Memoria litúrgica de San Sebastián, mártir, este miércoles 20 de enero, el obispo de Albacete, Mons. Ángel Fernández, se ha dirigido a los sacerdotes para sugerirles la celebración de la Misa en tiempo de pandemia, en los horarios habituales de sus parroquias, para pedir por la desaparición de la enfermedad producida por la Covid-19.

Ante la desgraciada situación que se vive con el recrudecimiento del número de enfermos por la pandemia, el obispo diocesano pide que en la celebración eucarística se suplique por el cese y la virulencia de «un virus que mata y rompe vidas y familias». En la carta que ha dirigido a los sacerdotes, Mons. Ángel Fernández, señala como «la caridad hacía los que peor lo están pasando no es simplemente una consecuencia de nuestra fe, sino una dimensión esencial de nuestra propia fe».

La Misa en tiempo de pandemia enmarca esta nueva “propuesta” dentro del Plan de Acción Pastoral 2020-2021 en la diócesis de Albacete.

Carta del obispo de Albacete a los sacerdotes

Queridos sacerdotes:

«No temerás la peste que se desliza en las tinieblas» (cf. Sal 90, 5-6). Estas palabras del salmista invitan a tener una gran confianza en el amor fiel de Dios, que no abandona jamás a su pueblo en el momento de la prueba.

En estos días, en los que volvemos a estar gravemente afectados por el virus Covid-19, como cristianos, personas de fe y esperanza, pienso que también ahora al igual que hicimos al comienzo de la pandemia, podemos y debemos seguir ayudando en esta lucha contra la Covid-19, con amor caritativo y con una herramienta tan natural y sustancial entre nosotros como es la oración.

Es preciso rezar a Dios, nuestro Padre, para que cese y desaparezca esta pandemia que tanto mal y tantas muertes está produciendo. Es la herramienta más segura y eficaz que Dios ha puesto en nuestras manos, además de todo lo que, hasta ahora, hemos hecho bien y seguiremos haciendo como Iglesia de Jesucristo hasta que todo esto acabe.

La oración, bien lo sabemos, debe ser humilde y confiada, como quien pide ayuda a su padre sabiendo que ya conoce nuestras necesidades y que está deseando que recurramos a Él para volcarse totalmente, lleno de amor, en nuestro auxilio y remediando nuestras necesidades. Su palabra, la Palabra de Dios, en numerosísimos pasajes, nos asegura su escucha, acogida y respuesta paternal y eficaz.

Por eso, pensando en cómo plasmar esta nueva “Propuesta” en el Plan de Acción Pastoral 2020-2021 en nuestra diócesis, sugiero celebrar la Misa en tiempo de pandemia, en los horarios habituales de la parroquia, dando a conocer a los fieles el día concreto, exceptuando las Solemnidades y los Domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, los días de la octava de Pascua, la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, el Miércoles de Ceniza y las ferias de Semana Santa (Ordenación general del Misal Romano, n. 374), durante el tiempo que dure la pandemia.

Suplicamos el cese y la virulencia de este virus que mata y rompe vidas y familias. Hay que superar esta triste y desgraciada situación en que nos encontramos, además de con otras medidas adecuadas que nos van exigiendo, también, por nuestra parte, con la ayuda eficaz y poderosa de la fe en Dios y la oración.

Es cuestión de fe por nuestra parte, y de intervención divina por la suya. Si confiamos y rezamos, el Señor nos escuchará, no lo dudéis. Es cuestión de fe y perseverancia en la oración de petición. Pidámoslo también por intercesión de la Santísima Virgen María en sus diversas advocaciones, en la más cercana a los fieles de las distintas parroquias.

La vivencia comunitaria de oración confiada acrecentará en nosotros el convencimiento de que la caridad hacía los que peor lo están pasando no es simplemente una consecuencia de nuestra fe, sino una dimensión esencial de nuestra propia fe que nos lleva a esperarlo todo de Dios, al tiempo que a poner todo lo que esté en nuestras manos para el servicio de los hermanos.
Rezar por el fin de la pandemia nos abre a escuchar las sugerencias del Espíritu Santo para saber cómo ayudar mejor a los sufren sus consecuencias.

(Diócesis de Albacete)