Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: La salud integral de cuerpo, alma y espíritu

Todos buscamos estar sanos y esto significa tener salud. Ahora bien, en muchos momentos, creemos que la salud corporal es lo más saludable e importante. Lo es pero no sólo. Muchas veces me pregunto sobre las motivaciones que nos mueven para estar sanos y siempre me suena que es la salud corporal a la que más cuidamos. Pero en la experiencia humana confluyen tres factores importantes: “El cuerpo, el alma y el espíritu”. El mismo San Pablo así lo expresa: “Que el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que vuestro ser entero –espíritu, alma y cuerpo- se mantenga sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1Ts 5,23).

Sabemos por la misma filosofía que el hombre está compuesto de alma y cuerpo. Ante tal exposición nos puede venir la pregunta: ¿Por qué entonces San Pablo habla de cuerpo, alma y espíritu? El P. Paulo Ricardo expone que la Iglesia enseña con toda claridad que no son dos almas, sino cuerpo y alma. Existe, sin embargo, en esta única alma, es el lugar donde habita Dios. Se trata del ‘espíritu’, es decir, una realidad sobrenatural que existe en el ser humano y que “significa que el ser humano está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural, y que su alma es capaz de ser sobreelevada gratuitamente a la comunión con Dios” (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nº 367). El lugar donde Dios habita en cuanto Espíritu Santo es lo que se llama “espíritu”.

El alma contiene sus potencias de memoria, inteligencia y voluntad pero al mismo tiempo tiene un lugar más profundo donde se hace más presente Dios. Como decía San Agustín: “En lo más íntimo de mi mismo tú estás”. Y en este sentido será San Pablo quien afirme: “¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habita en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?” (1Co 6,19). Por lo tanto lo que dignifica al cuerpo y al alma es la presencia amorosa de Dios que nos ha creado por amor y al amor suyo nos convoca hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El ser humano no fue abandonado a sí mismo, naturaleza pura, puesto que dentro de su naturaleza existe la sobrenatural, la naturaleza agraciada por Dios.

Esto nos lleva a pensar que ha de haber médicos de cuerpos (traumatólogos, cardiólogos…), médicos del alma sicológica (sicólogos y siquiatras) y médicos del alma espiritual (apóstoles, sacerdotes…). En esta conjunción se lleva a cabo la auténtica salud del ser humano. Tal vez influenciados, a veces, por el materialismo exacerbado parece que todo está supeditado y nada más que por la salud corporal y es un craso error. Pero, por otra parte, se piensa que con la sicología y la siquiatría se solucionan los problemas anímicos y todo lo demás sobra. También se puede caer, en ciertos momentos, en la ingenua afirmación aquella del que llega a pensar que todo se soluciona desde un manipulable espiritualismo exclusivo.

La salud corporal, sicológica y espiritual conjuntadas ayudan a la madurez de la persona y al equilibrio que le lleva al ser humano a una armonía existencial. Las tres configuran a la persona que contiene cuerpo, alma y espíritu, según la expresión de San Pablo. Por eso unos dirán que existe la salud corporal, otros que se fomente la salud mental y otros que se cuide la salud espiritual. Si vamos al médico del cuerpo nos aconsejará hacer deporte y comida sana; si oímos a los sicólogos o siquiatras nos invitan a tener relaciones sanas y elevar la vida cotidiana desde el optimismo y desplazando el pesimismo; y si nos acercamos a los maestros del espíritu nos animarán a una mayor plegaria para, en amistad, vivir unidos al Amor de los amores que nos calmará el espíritu en paz, gozo y esperanza. Al cabo de todo este desarrollo existe la persona humana que conjuga y debe cuidar de la salud integral: de las tres. Al final de todo este transcurso vital lo único que permanecerá será lo sobrenatural que está garantizado por la Resurrección de Cristo.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 387 Articles
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).