Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: La unidad de los cristianos: don del espíritu y fidelidad a Cristo y al Evangelio

El lunes 18 empezarán los ocho días de plegaria por la unidad de los cristianos. La división de los cristianos es una de las heridas más importantes que desfiguran el único cuerpo de Cristo que debería ser la única Iglesia.

Hay que distinguir entre ecumenismo y diálogo interreligioso. Es decir, entre la relación y vínculo entre quienes profesamos la misma fe en Cristo en varias iglesias, y el diálogo entre miembros de religiones distintas. Esta semana tenemos presentes a todos quienes creemos en Cristo.

En la historia, a causa de incomprensiones, falta de diálogo, influencias políticas, egoísmos y protagonismos personales, se han producido las heridas de la división.

Esta división es un obstáculo para el testimonio de credibilidad de todas las iglesias en nuestra sociedad. Hoy hay muchas comunidades cristianas divididas, enfrentadas entre sí. Esta división es claramente: 1) contraria a la voluntad del Señor, 2) es un escándalo para el mundo, y 3) dificulta enormemente la causa de la evangelización en nuestro tiempo (Vaticano II: Decreto sobre el Ecumenismo).

Hay que rezar, pero hace falta también reflexionar sobre lo que ha significado la división de los cristianos, para el momento actual del movimiento ecuménico hacia la unidad y para evitar, al mismo tiempo, divisiones en nuestra propia Iglesia y en nuestras comunidades, valorando el don de la unidad.

Durante estos días debemos hacer muy nuestra la plegaria de Jesucristo que encontramos en el evangelio de San Juan: “Padre Santo, guarda con tu poder a los que me has dado para que sean uno como lo somos nosotros… Ruego por quienes creerán en mí… que todos sean uno. Que estén en nosotros, Padre, como tú estás en mí y yo en ti. Así el mundo creerá que tú me has enviado”. (Jn 17, 20.21).

Este año las plegarias para cada día del octavario han sido preparadas por las monjas de Grandchamp (Suiza), un monasterio ecuménico en que la oración –especialmente para la unidad de los cristianos– la vida comunitaria y la hospitalidad son los pilares fundamentales.

El lema de este año recoge las palabras de Jesús: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Quien está en mí y yo en él da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5).

¿Qué nos hace falta en estos momentos? Más fidelidad a Jesucristo. Sin estar unidos a Él no avanzaremos en la unidad. Todos debemos insistir en esta adhesión a Cristo. Nos hace falta también convertir nuestros corazones para vivir más fielmente según el Evangelio, y la plegaria en común, porque la unidad supera las fuerzas de nuestra capacidad humana. Necesitamos el diálogo permanente entre teólogos, y también los encuentros entre los cristianos de diferentes iglesias y comunidades en una acción común para ofrecer el Evangelio a las personas, por la paz, la no violencia, la justicia y la fraternidad entre los pueblos y en los servicios que hay que ofrecer a los más frágiles y necesitados.

También hay que reconocer que ya es más lo que nos une que los que nos separa: la fe en Cristo, la esperanza en la salvación y el compromiso de amar y servir.

Todos tenemos que poner nuestra esperanza en la plegaria de Cristo, en el amor del Padre y en el poder del Espíritu Santo.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.