Carta pastoral del Cardenal Juan José Omella: «Agradecimiento, compromiso y esperanza»

Esta próxima semana clausuramos los actos de conmemoración del vigésimo quinto aniversario del Concilio Provincial Tarraconense. Lo hacemos con la voluntad de insistir en la aplicación de sus principios e intuiciones, y retomar la tradición sinodal tarraconense.

Fue una asamblea conciliar formada por los obispos de las ocho diócesis que integraban entonces la Conferencia Episcopal Tarraconense, y en la cual participaron un gran número de sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos de estas diócesis. El Concilio se inauguró en la catedral de Tarragona, el 21 de enero de 1995, contó con treinta y tres sesiones conciliares ordinarias, y el 4 de junio del mismo año se clausuró en la sede tarraconense.

La celebración de este aniversario ha coincidido con unos momentos de gran dificultad, por los embates de una crisis económica y social provocada por la pandemia de la Covid-19. Sin embargo, ha sido una oportunidad para seguir consolidando, sin miedo, los objetivos de nuestro Concilio Provincial Tarraconense y para avanzar decididamente en la implantación de las mediaciones necesarias para pasar de los deseos a la realidad.

El primer objetivo es la renovación de nuestro lenguaje teológico, espiritual y pastoral, para que sea entendido por la cultura de nuestro tiempo. Es necesario que lo hagamos con una actitud dialogante y cordial para entrar en un debate sincero y humilde cuando el espíritu del evangelio nos lo exija. En esta renovación del lenguaje tiene una gran responsabilidad el Ateneu Universitari Sant Pacià y también los seis Institutos Superiores de Ciencias Religiosas, tal como les encomendó la resolución número 47 en la que se pedía un Plan Conciliar de Formación.

Un segundo objetivo que sigue vigente es la necesidad de crecer en una corresponsabilidad eclesial auténtica, haciendo que participen todos los miembros del Pueblo de Dios. El Concilio fue una expresión de sinodalidad, en la que el papa Francisco sigue hoy perseverando. Esta sinodalidad pasa por promover el protagonismo de los laicos, lo que no cuestiona la responsabilidad del ministerio pastoral de los ministros ordenados. Todo lo contrario, el protagonismo del laicado refuerza y complementa el trabajo del clero.

La participación del laicado es básica para escrutar los signos de los tiempos. Nos puede ayudar a dar aire fresco en la pastoral familiar, en la pastoral juvenil, en la pastoral social, en la pastoral de la cultura, en el diálogo interreligioso, en la concienciación sobre la importancia de la ecología o en la implantación de las nuevas tecnologías. En definitiva, el papel del laicado es útil para la inmersión real de los cristianos en los grandes debates éticos de nuestro mundo secular.

Queridos hermanos y hermanas, el agradecimiento al pasado y el compromiso humilde con el presente nos invitan a seguir caminando abiertos a la esperanza gozosa en el futuro de la Iglesia, para convertirse en «levadura en la masa» en la sociedad de nuestro tiempo. En este sentido, aprovecho para recordaros que mañana comienza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que celebraremos hasta el 25 de enero con todas las confesiones que integran el movimiento ecuménico en nuestra archidiócesis. Os animo a orar por esta intención.

† Card. Juan José Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.