Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés Soriano: Humanismo cristiano activo I

Por muy diversas razones consideramos oportuno invitar a una reflexión sobre lo que podemos llamar “el humanismo cristiano activo”. Puede parecer un asunto lejano y complejo, reservado a “pensadores y especialistas”. Pero es un tema que resulta de extraordinaria importancia para nuestra vida cotidiana. Si además lo tratamos con claridad y sencillez, sin duda hallaremos luz.

Es hoy oportuno abordar el humanismo cristiano activo por diversos motivos.

– Iniciamos el Tiempo Ordinario del Año Litúrgico. La visión de Jesús en su Bautismo nos ha hecho contemplar al que consideramos “el ideal de persona humana”, el ser humano perfecto. Esta misma era la intención de Dios Padre cuando nos lo mostraba y nos anunciaba su complacencia en Él. La escena del Bautismo de Jesús es como un prólogo en el que se anuncian los elementos esenciales que hallarán su desarrollo a lo largo de la gran obra. En este caso, la vida de Jesús.

– Cada día, como personas humanas y cristianos de a pie, nos enfrentamos a decisiones, que solo se pueden sostener en la idea de mundo, de vida humana, de sociedad, que se desprende de nuestro referente fundamental, es decir, de Jesucristo: educación, compromiso con algún grupo o institución, decisiones en el terreno profesional, vida de amistad, tiempo libre, etc.

– Esto pertenece a la normalidad de la vida, pero se hace más acuciante cuando hemos de optar ante alternativas importantes: aceptación o no de profesión, cambio de destino, vínculos personales permanentes, como matrimonio o pareja, cuestiones de salud, elecciones políticas, compromisos económicos o culturales, etc.

Actualmente nuestra vida social, junto al gran desafío de la pandemia, está marcada por grandes problemáticas: la migración, la enseñanza, nuevas leyes sobre la vida, economía en crisis, y la configuración de Cataluña en el futuro, vida política marcada por inmediatas elecciones al Parlament. ¿Dónde acogernos, en qué basarnos, para acertar siendo fieles en conciencia? Tomaremos decisiones “en conciencia”, pero la conciencia pide ser iluminada mediante un ejercicio constante de discernimiento.

Nuestro punto de partida podría ser el testimonio de muchos, que se dejaron iluminar por su fe en el terreno de “lo humano”, es decir, todos aquellos que descubrieron la luz y la fuerza del “humanismo cristiano”. Pero elegimos una mujer, que, junto a su hermano y otros compañeros, hicieron de esta visión cristiana de lo humano algo absolutamente decisivo, tanto para su acción comprometida, como para afrontar su propia muerte. Nos referimos a Sophi Scholl, que, con su hermano, fue sentenciada a muerte por la Gestapo en 1943, como castigo por sus acciones de resistencia y oposición al régimen nazi.

Traemos aquí un fragmento de su diario, escrito 12 de febrero de 1942:

“Cuando miro a los hombres a mi alrededor, y también a mí misma, siento un enorme respeto ante las personas, pues a causa de ellas Dios ha descendido. Por otra parte, es lo que menos entiendo. Sí, lo que menos entiendo de Dios es su amor. ‘Señor, necesito rezar, rogar. ¡Sí! Tendríamos que tener siempre presente cuando nos interrelacionamos que Dios se hizo Hombre por nosotros”.

Estas palabras, escritas por ella, son muy iluminadoras para entender lo que queremos decir con la expresión “humanismo cristiano activo”. Hemos de descubrir su significado, atendiendo al contexto de la vida personal y social de su autora. Veremos el punto decisivo de contacto entre la fe en la Encarnación y la vida humana de cada día.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.