Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro: Cuatro miradas para permanecer humanos

Creo que os habréis dado cuenta en muchas ocasiones, pero, por si os ha pasado desapercibido, quiero recordaros que el ser humano solamente se realiza si ejercita cuatro miradas: hacia fuera, es decir, hacia el mundo; hacia arriba, es decir, la trascendente; hacia dentro, es decir, hacia su interioridad, y hacia delante, es decir, si mira el fututo. Son cuatro movimientos esenciales que implican abrirnos al mundo (la naturaleza, los hombres), al misterio de Dios, a la íntima realidad humana y al sentido de la historia total. Cuando no se dan estos movimientos al mismo tiempo, se pierde la esperanza. ¿Qué está pasando en nuestra cultura en estos momentos? ¿Por qué hay desesperanza? Como no se dan estos movimientos a la vez y además se da una marginación u olvido de alguno de ellos, se produce una profunda soledad, que genera pesimismo y desesperanza.

La presencia de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo en la vida personal y en la historia de los hombres, tiene una importancia capital para el presente y el futuro de la existencia humana. El tema de Dios no es secundario en la construcción de un mundo con esperanza. Con la marginación de Dios de la conciencia del hombre y del horizonte de la sociedad, se pone en cuestión el significado mismo de la vida humana. Poner en cuestión a quien se nos ha revelado diciéndonos que es «el Camino, la Verdad y la Vida» es de tal trascendencia que nos podemos imaginar las consecuencias que trae. Suprimidos los criterios objetivos de verdad y moralidad, ¿qué importancia tiene la vida humana? La importancia que le quieran dar quienes tengan el poder y la fuerza. La importancia de Dios en la existencia del hombre para crear futuro, para ser creativos, para tener esperanza, es definitiva. Baste el ejemplo de todos los artistas que trabajaron delante de Dios, bajo su mirada. ¿Qué habría sido de la historia del arte sin ellos? Trabajaban para la eternidad. Y la contemplación de sus obras nos traslada a la eternidad. Cuando los artistas retiran a Dios de su horizonte, ¿es posible hacer un arte semejante en grandeza al que hemos conocido?

En esta línea, sin la presencia de Dios, ¿qué es del prójimo? En la parábola del buen samaritano vemos que, sin la presencia de Dios en el camino, peligra de una manera singular el prójimo. Peligró con el marxismo en Europa, que fue el último proyecto ético con pretensión de ultimidad y de universalidad. Pero hoy peligra por la absolutización del individualismo. Es más, hoy se quita de en medio al prójimo y se pone en el centro al individuo. El individuo se convierte en el centro del universo, no está dispuesto a ordenarse a ninguna meta comunitaria, ni a relativizarse a ningún valor absoluto, ni a elevarse a nada que le trascienda. Eso se está dando hoy en nuestra cultura. ¿Cómo no va a existir desesperanza? El ser humano se sitúa al margen de la esperanza porque no tiene a nadie a su lado que le entregue el presente y el futuro manifestados en Jesucristo.

Os invito a tener la misma actitud de san Agustín para volver a la esperanza. Más que una actitud, fue la decisión de dejarse convertir por Dios, contemplando la condición humilde y encarnada del Dios cristiano. Qué fuerza tiene siempre reconocer que es precisamente la humildad de Dios la que revela su gloria. Qué expresión de tanta belleza la de san Agustín: «Yo no era humilde para reconocer por mi Dios al humilde Jesús, ni sabía de qué cosa pudiera ser muestra su flaqueza» (Confesiones, 7, 18, 24). Quien deja que se acerque a su vida Jesús y le sigue, sabe quién es Dios y quién es su prójimo, sabe que tiene que ser hombre para Dios y hombre para los demás, con los mismos gestos y actitudes que Jesús. Y sabe que la esperanza le acompaña siempre. Contemplar a Jesucristo es contemplar cómo se solidariza Dios con el hombre: hay un abajamiento de Dios a las criaturas con la consiguiente elevación de la criatura a la dignidad de Dios. Donde Dios se hace debilidad y donde Dios se hace servicio, allí la igualdad tiene su cátedra, la bondad su norma, la compasión su medida.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.