Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: La vida humana es imagen del amor de Dios

Ante el nuevo año que nos espera y que estamos con la esperanza que todo acabe, en relación al Covid19 que ha trastocado nuestra existencia, bien podemos afirmar que la vida humana es lo más preciado y apreciado por todos sin excepción. Hemos visto la labor incansable de los sanitarios a la hora de salvar las vidas más vulnerables. Muchas veces se han sentido frustrados puesto que no han logrado lo que pretendían. No obstante, pese a esta situación de desesperación, han seguido adelante defendiendo lo más sagrado que el ser humano posee: la vida. La vida es el designio de amor que Dios ha creado puesto que somos imagen suya.

Nos narra la Escritura que en el último día de la creación, Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gn 1, 26). Y esto no es un espejismo ilusorio provocado solamente por las condiciones físicas y sociales exteriores. El Concilio Vaticano II acertó al expresar que no se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material, y al considerarse no ya como una partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de la ciudad humana. Por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero: a estas profundidades retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda… y donde él personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino (Cfr. Gaudium et Spes, n.14). El ser humano ha sido lo más logrado y amado que Dios, en su designio, ha decidido.

Tal es así que ciertas formas de pensar actualmente se apropian de la vida como si fuera un objeto sobre el que jugar a expensas de los propios deseos e incluso creyendo que el recorrido de la vida humana depende de los criterios ideológicos bajo capa de libertad. Todo lo contrario puesto que se olvidan de lo más racional y razonable y es que la vida humana tiene un valor absoluto y con perspectiva de eternidad. No se puede relativizar la vida humana. Se caería en la depreciación del sentido esencial de la misma. Pero lo que ocurre es que se relativiza lo más humano porque el baremo que se usa es y está basado en lo meramente material. La imagen de Dios se refiere a la parte inmaterial del ser humano puesto que le capacita para tener comunión con el mismo Dios.

Cuando se vislumbra que se quiere legalizar lo que inmoralmente se ha venido en llamar la “muerte digna” o la “eutanasia”, nos preguntamos con mucho dolor: ¿Cuál es la finalidad de tal despropósito? Y la respuesta es muy sencilla porque afecta a lo más íntimo del ser humano: No somos objetos de usar y tirar. La gente sencilla que posee mucha sabiduría y que no está infectada por las corrientes de ideologías disparatadas, se pone las manos a la cabeza, y no comprende tales actuaciones. Saben que al auténtico humanismo no se le toca, se le defiende. Saben que la vida se sostiene por su sacralidad y no por intereses egoístas o económicos. Saben que la vida humana es lo más apreciado porque no tiene ningún sentido la manipulación de la misma. Saben que hay un fin que es la vida que transciende hasta la eternidad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece, como primer derecho que los seres humanos tenemos derecho a la vida. Este derecho se encuentra amparado en la dignidad misma del ser humano. Es decir, los seres humanos tenemos derecho a la vida porque somos humanos. Lo que no tiene sentido y se muestra muy a menudo en nuestra época es la falta de sensibilidad objetiva de quiénes somos y hacia dónde vamos. Ante tal situación se han de aplicar respuestas claras y contundentes: “Nadie tiene derecho a recortar la vida y menos a manipularla”. Lo que Dios ha creado se respeta y quien pretenda ponerse contra Dios se atenga a las consecuencias que serán terribles. A Dios se le ama y obedece, no se le discute. El Autor de la vida humana es Él y el ser humano es administrador responsable de la misma.

+ Mons. Francisco Pérez

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 379 Articles
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).