Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo: ¿Para qué bautizar a los hijos?

La pregunta es procedente, porque este domingo celebramos la fiesta del Bautismo de Jesús al inicio de su actividad pública, como culminación de las fiestas de Navidad y Reyes.

Los evangelistas, al explicar este hecho, lo presentan como un momento intenso de “revelación”, de manifestación de quién es aquel hombre de Nazaret que se acerca a Juan, junto al río Jordán, para que lo bautice con aquel bautismo, que no es el que nosotros recibimos. El bautismo de Juan significaba una actitud de conversión, y era un rito de purificación para acoger al Mesías.

Jesús recibió el bautismo de Juan. Nosotros hemos recibido o podemos recibir el bautismo de Jesús, el bautismo cristiano.

Expongo aquí algunos hechos.

-Hay padres que ni se plantean bautizar sus hijos, a pesar de la insistencia de los abuelos, porque viven muy alejados de la experiencia cristiana. Quizás ellos han sido bautizados, pero hace más o menos tiempo que esta condición de bautizados ha dejado de tener importancia en su vida.

-Otros padres, incluso entre los creyentes, dudan si hay que hacerlo o no. Piensan quizás que un día su hijo o hija ya decidirá, o que ellos ya le enseñarán a ser buena persona, y por eso piensan que no hace falta el bautismo.

– También encontramos padres que, ciertamente, piden el bautismo y bautizan a sus hijos, y hacen muy bien, pero después, cuando toca educarlos, no tienen en cuenta este hecho y olvidan el compromiso que hicieron “de educar su hijo o hija en la fe, para que cumpla el mandamiento de amar a Dios y al prójimo como Cristo nos enseñó”. No se sienten responsables de su bautismo porque no les enseñan a rezar, no los apuntan a catequesis, no les explican el sentido de las fiestas religiosas.

-Hay que destacar que muchos padres que han bautizado sus hijos los han educado como cristianos, y han procurado ofrecerles todas las ayudas para crecer en la fe, sobre todo con su testimonio. Algunos recogen el fruto de este testimonio, mientras que otros padecen al ver que sus hijos, jóvenes o ya adultos, han “aparcado” la fe.

-Recordamos que cada año, después del tiempo de preparación llamado catecumenado –normalmente, durante la Pascua–, celebramos solemnemente el bautismo de jóvenes y de adultos, que han descubierto a Jesucristo y piden el Bautismo, ayudados por los sacerdotes y por otros cristianos.

Por eso y por otras experiencias hay que preguntarse: ¿para qué bautizar?

Recuerdo que cuando era monaguillo –entonces, igual que la misa y otros ritos, el sacramento del Bautismo se celebraba en latín–, el padre preguntaba a los padres qué pedían para su hijo o hija. La respuesta del monaguillo era: “vitam æternam” (la vida eterna). Hoy todavía se hace la pregunta, y las respuestas pueden ser: la fe, la gracia de Cristo, que sea miembro de la Iglesia, la vida eterna… A mí, desde que era monaguillo hasta hoy, me impresiona pedir “la vida eterna”, porque todos deseamos la vida, y la vida para siempre.

Todas estas expresiones breves son respuesta a la pregunta de por qué hay que bautizar:

-Para recibir la gracia, es decir, el don o regalo que significa ser hijo o hija de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la dignidad más importante de la persona.

-Para vivir unido a Cristo, como cristiano, con fe, esperanza y amor.

-Para convertirse en miembro de la gran familia de Jesús.

-Y para tener vida para siempre y con plenitud.

La responsabilidad hacia los niños es fundamental en la decisión de sus padres.

Pero, para todos, es necesario vivir gozosamente nuestro Bautismo.

+  Francesc Pardo

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 454 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.