Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: «He aquí el hombre»

Fue en otro momento, bien distinto al que contemplamos hoy, cuando se oyeron estas palabras: “Aquí tenéis el hombre” (Jn 19,5). Esta expresión tenía un significado profundo cuando Pilato mostró a Jesús, solo y lleno de heridas, a la multitud que reclamaba su crucifixión. Hoy, sin embargo, vemos a Jesús en todo su esplendor. Le vemos representando la humanidad resultante del Dios con nosotros, el Verbo hecho carne, el hombre en su plenitud. Hoy no se escuchan literalmente aquellas palabras “aquí tenéis al hombre”, pero sí otras, que las suponen, y les conceden su riqueza y profundidad. Escuchamos de la boca de Dios Padre: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17)

Necesitamos urgentemente escuchar estas palabras y hacerles caso. Porque sin darnos cuenta determinamos qué es humano y qué no, defendemos una causa o criticamos una conducta, sin reflexionar antes los motivos por los que lo hacemos. ¿Es humano lo que hacemos con los migrantes? ¿Es humana la eutanasia? ¿Es humano todo trabajo, aunque sea rentable económicamente? ¿Es humana cualquier forma de entender y vivir la sexualidad, siempre que “sea libre”?… En general pensamos y tomamos decisiones en este sentido llevados solo por lo que se dice o suena en el ambiente. Repetimos palabras ya dichas, escuchadas en el ambiente, pero no pensadas en profundidad.

Por eso, necesitamos preguntarnos ¿qué es para nosotros ser persona humana?; ¿qué es verdaderamente humano y qué no?; ¿qué es digno del ser humano y qué no?; ¿dónde está nuestro ideal de persona humana?

A partir de estas preguntas entendemos la importancia que tiene mirar hoy a Jesús, al tiempo que escuchamos las palabras del Padre: “Aquí tenéis a mi hijo amado, en quien me complazco”. Hemos celebrado la Navidad, Dios hecho niño entre nosotros. Ese niño, ya adulto es la respuesta a todas las preguntas. Él es nuestro ideal, el ser humano completo, la persona humana que reúne en sí todo lo que podemos y debemos soñar, exigir, anhelar, del ser humano.

En Él ha volcado el Padre “todo su ser”. La expresión que refiere el texto evangélico es muy significativa. Es como un padre que mira a su hijo y no se cansa de contemplarlo con amor: en Él se complace.

Y en eso consiste el secreto más profundo y verdadero del ser humano, la fuente de su valor infinito y su dignidad, por encima de toda otra criatura: es el amado, es la complacencia de Dios. De forma que podemos responder: ser persona humana consiste en ser amado absolutamente por Dios; como dirá el concilio Vaticano II, es vivir como “el único·ser que es amado por sí mismo por Dios” (GSp 24)

Entonces, será humano todo aquello que merecerá la complacencia de Dios en nuestra persona. La escena del Bautismo de Jesús según la narración de San Marcos es extraordinariamente sobria: Jesús no dice nada, solo se presenta para ser bautizado, baja al agua y sube, mientras desde el cielo abierto desciende el Espíritu y se escucha la comunicación de amor paterno. En este descenso humilde y en la subida posterior está toda la vida de Jesús. Aquí radica la complacencia del Padre y aquí descubrimos el secreto de toda dignidad humana.

La vida posterior de Jesús demostrará que esta es su forma propia de amar, la forma que corresponde a la más perfecta dignidad humana.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.