Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: El bautismo de Jesús

Celebra­mos la fiesta del Bautis­mo de Jesús. Una fiesta entrañable que nos re­cuerda nuestro propio bautismo y nos lleva a revisar nuestros compromisos bautisma­les, que un día adquirieron nues­tros padres en nuestro nombre y que hemos de hacer propios a me­dida que somos más conscientes y tratar de ser consecuentes con ellos, como signo de que realmente ellos han sido fieles de educarnos en la fe y nosotros hemos ido ma­durando como seguidores y discí­pulos de Cristo.

Con el bautismo los cristianos comenzamos una nueva andadura en nuestra vida como hijos de Dios y miembros vivos y comprometi­dos de la Iglesia.

El bautismo en Jesús significó el comienzo de su vida pública y del cumplimiento de la misión que el Padre le había encomendado. Has­ta entonces, Jesús había vivido su vida oculta en Nazaret con su fami­lia, donde se había preparado para todo lo que le esperaba en su vida pública.

Es a partir del momento del bautismo cuando Jesús comienza la predicación del Reino. Por eso, en el mismo momento del bautis­mo aparece el Espíritu Santo que desciende sobre Él y lo va a acom­pañar siempre a lo largo de todo el cumplimiento para hacer realidad la misión que el Padre le ha en­comendado. Y aparece también la voz del Padre que le confirma en su identidad filial y su misión con aquellas palabras: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3, 17).

Nosotros, en el bautismo, co­menzamos una nueva vida, en la que Dios nos regala su paternidad, haciéndonos sus hijos, y nosotros adquirimos el compromiso de vi­vir como verdaderos y auténticos hijos suyos. Una vida en la que contamos con la presencia y la ins­piración del Espíritu para que lo­gremos vivir desde la fe y ser ver­daderos testigos de la misma en medio de nuestro mundo. Una vida en la que vamos a tener siempre la Palabra del Hijo de Dios que nos va a guiar por el camino de un nuevo estilo de vivir que Él nos ofrece a los que somos sus seguidores, des­de nuestra fe, y con ella haciendo realidad en nosotros las actitudes que Cristo nos pida en cada momento de nuestra vida.

Cristo comienza su vida pública manifestando su auténtica identi­dad de mesías e Hijo de Dios a tra­vés de las obras que realiza: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos an­dan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resuci­tan, los pobres son evangelizados. Y ¡bienaventurado el que no se es­candalice de mí!» (Lc 7, 22; Mt 11, 5).

Jesús, desde su ejemplo, nos en­seña cómo debemos vivir para ser verdaderos hijos de Dios, imitando su testimonio, que fue siempre fiel a la misión que el Padre le había en­comendado.

Nosotros, en el bautismo, reci­bimos una misión de encarnar en nosotros, con la gracia del espíri­tu, el estilo de vida de Jesús para ser sus testigos donde quiera que estemos.

Al celebrar hoy el bautismo de Jesús, el mismo Señor nos da la oportunidad de revisar nuestra fe y el cumplimiento de nuestra misión y nuestros compromisos, porque a veces, en nuestra vida cristiana, nos relajamos y olvidamos la misión que tenemos y los compromisos que ad­quirimos al recibir el bautismo.

Por eso, cada año litúrgico, cuando celebramos la fiesta del Bautismo de Jesús, estamos celebrando la propia fiesta de nuestro propio bautismo y el Señor nos llama a cada uno de nosotros a que revisemos nuestra fe y los compromisos adquiridos en el bautismo, para que seamos capaces de no desanimarnos, sino de renovar en nosotros todo aquello que veamos que no vivimos, que demos fuerza a lo que hemos empezado a vivir pero no lo vivimos del todo y que reforcemos y cimentemos aquellas actitudes cristianas que nos identifiquen como tales.

Hoy es un día de gratitud al Señor por su bautismo y el nuestro. Siendo hijo de Dios se hizo hombre para que los hijos de los hombres llegáramos a ser hijos de Dios.

Gratitud por nuestra fe, que tantas veces la vivimos a medias, para que, contemplando su entrega, nos animemos a exigirnos más personalmente, a olvidarnos de nuestro ego para vivir lo que Él nos pide como sus segui­dores.

Por todo lo que vivimos de nuestros compromisos bautismales que dan sentido a nuestra vida, porque es fruto del amor y de la gracia de Dios.

Que el bautismo de Jesús nos impulse a cumplir plenamente con nues­tros compromisos bautismales, haciendo realidad el verdadero estilo del discípulo que sigue al maestro.

+ Gerardo Melgar

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.