Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez. La Navidad no se confina

Si tuviéramos que definir actualmente y socialmente el sentido de la Navidad bien podríamos aplicar el adagio: “Por Navidad cada oveja a su corral”. Todo viene medido según los consejos y hasta las obligaciones que marca la autoridad en salud pública. Los transeúntes por las calles dejan de pasar puesto que el horario de confinación es a tal hora de la noche. Y así cada día va marcando un modo de vida que puede causar desazón y hasta malestar anímico. Tal vez no nos hemos dado cuenta del todo hasta dónde puede llevar un simple virus para pasar de la normalidad a la anormalidad. Muchas costumbres han cambiado y ciertas formas de relación personal se han perdido por respeto al virus que puede llegar a pasar mala factura. Y así podríamos seguir dando formas y estilos de vida que antes desconocíamos. Por ahora sin duda que estamos sorprendidos de muchos hábitos que antes eran impensables. Marca tanto esta pandemia y de estas características que nos preguntamos: “¿Pasará pronto esta fuerte pesadilla?”. Las respuestas son tantas como personas puedan responder.

A pesar de tal situación podríamos afirmar que la Navidad no tiene nada que ver con la confinación. Es libre por si misma porque no se somete a los cálculos ni sociales, ni personales. La Navidad está en lo más íntimo del ser humano y todo porque el Hijo de Dios ha nacido en un pobre y humilde pesebre. Este es el lugar elegido por Dios. No hay fronteras ni confinaciones perimetrales. Se sustenta, a través de los siglos, por lo que es y no por lo que promueve la sociedad apoyada, muchas veces, por el materialismo consumista y narcotizada, en otras, por sus propios modos de ver superficiales y hedonistas. Cada ser humano es un signo vivo y palpable de la Navidad porque ha sido representado por un Niño que siendo Dios ha roto todos los esquemas de la fragilidad y de la limitación humana, superando sus obstáculos y dificultades e incluso, lo más importante, sus pecados. Ni el mismo Herodes logró apresar al Niño-Dios por mucho que se lo propuso.

Todos nos preguntamos: “¿Cómo voy a celebrar esta Navidad?” Y hay una razón fundamental que nos lleva a ser realistas y coherentes ante tal interrogante puesto que la Navidad va por dentro. No es el frenesí de los colores que iluminan las calles y las plazas, ni son los cantos que evocan un momento de fiesta, ni los regalos que adornan los árboles, ni las comidas que con tanto esmero han cocinado, ni los aplausos de paz y felicidad. Es la presencia, casi imperceptible, de un Niño que duerme en lo más profundo de nuestro ser. Es una presencia que no se siente por los resortes exteriores sino por un corazón dispuesto a acurrucar, como lo hizo en el pesebre de Belén, al Amor más grande que vino en la historia de la humanidad y que sigue presente porque así nos lo ha prometido: “No os dejaré huérfanos…Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 18-23). Dios mora en los corazones sencillos y humildes. Los pastores que fueron a Belén quedaron extasiados ante la Luz que brillaba en el Niño Dios y nadie les pudo robar esta experiencia de Amor y de Paz.

Pasa la historia, pasan las personas, pasan los acontecimientos gozosos o dolorosos, pasan los horrores de un desastre natural, pasan los avatares de las guerras o epidemias en algunas circunstancias y pasa todo lo temporal pero la Navidad siempre será Navidad porque Dios ni pasa ni se transforma, es siempre el mismo y la razón es que es eterno y su Amor nunca muere. La Navidad de este año es la misma que los años anteriores y seguirá siendo la misma en el tiempo futuro: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). A nosotros solo nos queda corresponder a este amor. “Por eso, si juzgas rectamente, comprenderás que has sido creado para la gloria de Dios y para su eterna salvación, comprenderás que éste es tu fin, que éste es el objetivo de tu alma, el tesoro de tu corazón. Si llegas a este fin, serás dichoso; si no lo alcanzas, serás un desdichado” (San Roberto Belarmino, De ascensione mentis in Deum 1). ¡¡¡Feliz Navidad, Gloria a Dios en las alturas y Paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace!!!

+ Mons. Francisco Pérez

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).