Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo: Año nuevo, vida…

Con los puntos suspensivos del título quero indicar que cada uno de nosotros los completará con adjetivos como nueva, vieja, inútil, vacía, llena, desgraciada, alegre…

La cuestión es si depende únicamente de nosotros poner la calificación a la palabra “vida”, y si todo lo referente a esta lo podemos dilucidar nosotros mismos porque somos capaces de ello.

¿Cómo conseguir que los deseos manifestados –este año, con discreción– durante la noche del día 31 de diciembre se cumplan?

Los deseos son de felicidad, de vida nueva, de un año mejor…

No lo conseguiremos por el simple hecho de formularlos con una copa de champán en las manos, acompañados por la música y entre besos y abrazos, si es que el COVID lo permite.

No lo conseguiremos fiándonos de la suerte.

No lo conseguiremos si solo pensamos en nosotros y prescindimos de los demás.

No lo conseguiremos si no aceptamos nuestra condición humana de debilidad y limitación, sometidos al fracaso, al dolor, al mal.

Hay que remarcar la importancia que tiene nuestra libertad, nuestra voluntad, nuestras actitudes, pero también nuestra condición de creyentes, de confianza en Dios, de dejar que el evangelio oriente nuestra vida.

¿Podemos prescindir de Dios para afrontar los retos del año que hemos empezado? ¿Podemos prescindir de los demás para conseguir un año nuevo lleno de vida y de sentido?

Recordemos el salmo 126:

Si el Señor no construye la casa, es inútil el afán de los constructores. / Si el Señor no guarda la ciudad, es inútil que vigilen los guardas. / Es inútil que os levantéis tan temprano por la mañana y os retiréis tan tarde a descansar, / para comer un pan que os ganáis a duras penas: / ¡hasta cuando duermen, él lo da a sus amigos!

Encaja aquí la bendición que los sacerdotes ofrecían al pueblo de Israel en el inicio de un nuevo año: “Que el Señor te bendiga y te guarde; que el Señor te haga ver la claridad de tu mirada y se apiade de ti; que el Señor gire hacia ti la mirada y te dé la paz”.

Solo contando con Dios, con su bendición, con su amor que perdona y nos fortalece para amar siempre, con su luz y su paz, podemos afrontar un nuevo año, una nueva oportunidad, haciendo experiencia de los deseos de estos días: ser más feliz y dar más felicidad.

Así, nuestro afán para conseguirlo no será inútil, ni se desvanecerá por culpa de los contratiempos que seguro que habrá que afrontar.

Tengamos presente, sin embargo, que no podemos prescindir de los demás, y muy especialmente de los más próximos: familiares, amigos, compañeros de trabajo y de aficiones, vecinos…

No somos individuos aislados, autosuficientes. Somos personas siempre relacionadas con los demás, y estas relaciones pueden favorecer o ser obstáculo para nuestra vida en el nuevo año. Es responsabilidad de todos y cada uno esforzarse para construir relaciones positivas de verdadera estimación con los familiares, de amistad, de buena vecindad, de ciudadanos conscientes… para que el año sea bueno. Hay que reconocer que quizás deberemos afrontar algunas actitudes negativas por parte de los demás, y que no podemos prever, pero sí podemos proponernos reaccionar ante ello con serenidad.

Queridos, os deseo de todo corazón un feliz año 2021, un año en que dobleguemos la pandemia, ¡un año colmado con los dones de Dios!

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 460 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.