Carta pastoral de Mons. Joan Planellas: Dichosos los que trabajan por la paz

Estimados y estimadas,

Desde el año 1968, por voluntad del papa san Pablo VI, estamosconvocados al inicio del nuevo año a orar por la paz. El año desconcertante y convulso que ha acabado debería remover nuestras conciencias para implorar con más firmeza el don de la paz. Y esta paz debe comenzar en nuestros propios corazones, a fin de poderla comunicar a los que nos rodean. «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí», nos dice Jesús (Juan 14,1). Para nosotros, los cristianos, el afán de la paz no se encuentra ligado a objetivos políticos ni a decisiones que emanen de asambleas, sino que se inscribe en el corazón mismo de nuestra fe, en esta afirmación que Dios, en Cristo, ha destruido los muros que nos separan, ha reconciliado al ser humano con su Creador, y ha puesto así los fundamentos de toda reconciliación entre los pueblos.

Las celebraciones de la Navidad de estos días, a través del canto de los ángeles, nos han invitado a celebrar la gloria de Dios en el cielo y a proclamar con pasión y esperanza su «paz a los hombres que él ama». Jesús ha designado el ministerio de la paz como una de las grandes bendiciones de Dios: «… los que trabajan por la paz, … serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5,9). En nuestras relaciones familiares y sociales, estemos este año más atentos particularmentea este mensaje de paz, a la promesa de su realidad y en la obra a la que el Señor nos llama en medio de los momentos que estamos viviendo.

«Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles» (Salmo 127,1). La paz auténtica sólo puede ser obra del Señor. ¡Seamos más dóciles al Espíritu Santo! Seamos más esperanzados y confiemos más en la gracia de Dios y en la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Es él quien obra en la Iglesia y en nosotros mismos. Si la paz no nos viene de la presencia del Espíritu Santo que ilumina la inteligencia y endulza los corazones, será muy difícil de atravesar las barreras ideológicas que encierran hoy cada uno en sus posiciones y excluyen toda posibilidad de entendimiento. La paz auténtica es siempre obra del Señor. Entonces, como fruto de nuestra oración sincera, podremos decir: la paz es posible. Porque Dios en Cristo ya ha atravesado las barreras más impenetrables.

Afirmar la paz es contribuir ya a su realidad histórica. Pero podemos todavía hacer más: podemos mantener los contactos con los que nos rodean y limar nuestras propias diferencias, podemos evitar la demonización del otro y hacer que las convicciones personales no sirvan para atizar el odio. En la contemplación de la cruz de Jesucristo debemos encontrar la fuerza para renunciar a nuestras pretensiones de superioridad y de aceptarnos unos a otros como pecadores en busca del perdón, como unos hermanos y hermanas en busca de la reconciliación. Ante la locura de un mundo capaz de destruirse a sí mismo, afirmemos la locura de la cruz, de la no violencia, del gesto de aquel que presenta la otra mejilla, de la mano extendida, de la certeza de que el Señor aún reina. Pero, por supuesto, ¡debemos recordar que reina desde la cruz!

¡Dichosos los que trabajan por la paz! Que tengáis en el corazón la paz que nos trae el Señor para poder comunicarla a los demás. Con este deseo, que tengáis un muy buen año; al menos mejor que el que acabamos de pasar.

Vuestro,

† Joan Planellas i Barnosell

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Acerca de Mons. Joan Planellas i Barnosell 66 Articles
Nació en Gerona el 7 de noviembre de 1955. En 1975 ingresó en el Seminario Mayor de Gerona, donde realizó los estudios filosófico teológicos. Realizó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español de Roma. Fue ordenado diácono en Verges (Gerona), el 26 de abril de 1981, y sacerdote en Bañolas (Gerona), el 28 de marzo de 1982. Fue coadjutor en la parroquia de Santa María dels Turers de Bañolass y más tarde de la parroquia de San Martín en Palafrugell, en la diócesis de Girona. Entre 1985 y 1988, fue profesor de Teología en el Seminario de Gerona y de 1988 a 1998 director de Instituto de Teología de Gerona que, en 1996, se convierte en Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Desde 1988 hasta la actualidad imparte las asignaturas de Sacramento del Orden, Eclesiología y Teología Fundamental. Entre 2002 y 2004 realizó la tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, comenzando ese año su actividad docente en la Facultad de Teología de Cataluña. Desde 2012 es profesor ordinario de esta Facultad. Entre 2010 y 2015 fue vicedecano de la Facultad, pasando a ser decano en septiembre de 2015, ya integrada en el Ateneo Universitario Sant Paciá. En su actividad pastoral, ha sido coadjutor de la parroquia de San Narco de Gerona (1988-1991), administrador parroquial de Grions, Gaserans y Massanes (1990-1991), párroco de Navata, Lladó, Cabanellas, Espinavesssa, Taravaus, Vilademires, San Martín Sesserres (1991-1996), rector del Seminario Conciliar de Gerona (1996-2002) y párroco de San Miguel de Fluviá, San Mori y Vilamacolum (1997-2019). Desde 2008 es canónigo de la catedral de Gerona, y en la actualidad es también párroco del santuario de la Font Santa, Jafre, Garrigoles, Colomés, Foixá, Rupiá, La Sala, La Tallada y Maranyá. Es miembro del Consejo Presbiteral de la diócesis de Girona y con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre lo nombró misionero de la Misericordia. OTROS DATOS DE INTERÉS El 4 de mayo de 2019 se hace público su nombramiento como arzobispo de Tarragona. Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2019.